“Death is much on people’s mind.” 

Cada tanto me da por regresar al abrazo de London Fields de Martin Amis.

Y han sido tantos los regresos, que me resulta curioso que mi copia siga tan conservada a pesar del manoseo que supone la inclemente manía de la relectura.

Porque releer es diferente a leer. Y quién diga lo contrario es un farsante.

Cuando leemos algo por vez primera, vaya que somos cuidadosos. Tanto con el objeto-libro que tenemos en nuestras manos, como con las líneas que vamos pasando con la vista. Queremos obtenerlo todo, todo; y obramos en consecuencia. Nos convertimos en hormiguitas exploradoras deseosas de conseguir el alimento para la colonia. Un alimento proveniente de las mismísimas entrañas de ese libro. Pero a la vez sabemos que más nos vale que esa fuente de alimento se conserve. Que esas entrañas no sean horadadas más de la cuenta pues siempre contaremos con la amenaza de un invierno en nuestro norte.

Pero, ay, el proceso de relectura.

Como ya sabemos de qué va todo, como también sabemos que imposible es un término que sólo vale para referirnos a la tonta idea de intentar revivir una experiencia; a aquello más le vale alcanzar la categoría de orgía.

Y al objeto-libro más le vale resentir la experiencia.

Personalmente he destruido libros en las relecturas. Las hago sin mediar en el lugar, y opero en ellos presiones y omisiones que no creía ni posibles ni probables (y que para nada son encomiables).

Sí, pareciera que una lerda furia se apodera de mis manos. Y entre más disfrute esa relectura, el castigo es mayor: subrayados, notas, caídas, pruebas de hasta dónde puedo extender sus páginas antes de que las costuras comiencen a crujir…

Ay…

Por eso me extraña, y mucho, lo bien conservada que está mi copia de London Fields. Ni una arruga en su lomo, ni una hoja desprendida. Apenas unas huellas de polvo o descuido aquí, allá. Apenas una obvia decoloración.

Debo querer mucho a ese libro. Mucho, mucho. Y, sí, hasta hoy me doy cuenta.

Atentamente, @duendecallejero

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