Dream Extreme

Novela de Joe McGinniss Jr

Nick y Phoebe Maguire son un matrimonio que, buscando rehacer su vida tras una serie de calamidades ocurridas durante sus primeros años de casados en Boston, que incluyen un accidente automovilístico, cambia de aires a la soleada California. Concretamente en un poblado llamado Serenos, que está a 40 millas de Los Ángeles, en una privada llamada Carousel Court y cuyo letrero de bienvenida grita dream extreme.

Pronto, la pareja descubrirá que sus problemas nada tenían que ver con alguna cuestión geográfica. Vayan a donde vayan, aquello que parecen querer sepultar en el pasado seguirá manifestándose en su presente y, claro, dejando claro que sus desastres particulares no obedecen a u destino ominoso, sino que son meras consecuencias de sus actos.

Esa es, en resumen, la trama de la insidiosa novela Carousel Court (2016, Simon & Shuster), de Joe McGinniss Jr. Una historia que tiene como telón de fondo los ecos de la recesión económica ocurrida hace algunos años en Estados Unidos, producto de los préstamos engañosos que causaron la crisis inmobiliaria a principios del nuevo siglo, mismos que emplearon los Maguire para obtener una lujosa residencia. McGinniss toma dichos ecos y los convierte en una alegoría sobre cómo en una vida conyugal de oropel, mocha latte, nanas de veinticuatro horas, tarjetas de crédito adicionales, todo a meses sin intereses y recetas médicas obtenidas tras mostrar u ofrecer un poco de piel y carne; el rencor siempre pesa más que cualquier puta crisis económica nacional, o que la mismísima dependencia a un medicamento controlado, o que la posibilidad de quedarse sin trabajo, o que la seguridad de tener que abandonar planes futuros, o que la certidumbre de quedarse en la calle pues esa casa que tanto ha drenado cuentas, ánimos y sueños ahora se hunde mansamente en agua fétida, lodo e intereses atrasados.

Conocemos a los Maguire cuando ya todo se ha perdido. Sin intimidad desde hace años, sin ganas de estar en el mismo cuarto pues saben que cualquiera se prenderían del cuello del otro hasta que mane la sangre, fingiendo a todos los demás que siguen siendo una pareja modelo, lo que les resta ya no es pelearse, sino destruirse y vivir no para contarlo solamente sino para orinarle la tumba al otro.

Pasivamente quizá, pero de forma constante, ambos van avanzando esa encarnizada guerra entre cuatro paredes, con sus votos mutuos convertidos en cenizas hace años y toallas de él y ella pudriéndose en el fondo de una alberca llena de lama y con charcos de orín.

Por eso y más, Carousel Court puede leerse fácilmente como un thriller en el que la única pregunta que tiene sentido es en cuál de sus 97 capítulos de corto aliento y filosa prosa nos tocará atestiguar un asesinato.

Por sus páginas hay muchos cuchillos, herramientas punzantes, productos flamables, bufandas, tijeras, cadenas, medicamentos controlados y hasta agua anegada. Chéjov tendría que revalorar su tesis narrativa si leyera esta novela.

Y, obvio, también impone el saber quién será la víctima y quién el victimario. Porque con los Maguire cualquier cosa puede pasar. Desde la venganza de ese amante celoso por los mensajes nocturnos que envía Nick a una jovencita que comenzó a cortejarlo, hasta una sobredosis de Phoebe en una de sus esperas por ese sugar daddy que no ceja de malograrla verbalmente.

O, bueno, mejor dicho: cualquier cosa va a pasar.

Por ello Carousel Court puede compararse con visionar un accidente. Nos detenemos y nos quedamos viendo pues lo grotesco atrapa nuestros sentidos. El olor de la sangre nos marea. La posible narración sobre una caída mortal nos perturba. El ver la fragilidad de nuestra existencia nos agobia.

La posibilidad de que ese que yace ahí pudiera ser alguien conocido, o incluso uno mismo, da tanto para quitarnos el sueño como para contar una historia alterna.

Una historia que quizá iniciará así:

Dream Extreme. Those words welcomed them to Serenos months ago, in June, before the heat.

Atentamente, el Duende Callejero


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