Nuevas alegorías para miedos viejos

Resulta que, en varias de las entrevistas de promoción por el estreno comercial de la película Alpha (2025, Francia y Bélgica), que, por cierto, pasó sin pena ni gloria en el festival de Cannes el año pasado, su directora y guionista Julia Ducournau (1983, París) ha dicho que lo que la motivó para producir esta cinta era mostrar parte del miedo que rodeó al SIDA en la década de los ochentas y los noventas.

Y como su especialidad es eso que llamamos: Body Horror, pues qué mejor forma de hacerlo que mediante una nueva alegoría para un viejo miedo: los infectados por la epidemia de Alpha no se van disminuyendo, como sucede con los de SIDA, sino que se van transformando en piedra. Todos inician con una fuerte tos que los hace expulsar polvo de sus entrañas. Luego, van quedándose sin poder mover sus cuerpos, hasta que su piel parecerá hecha de mármol.

Ducournau también ha dicho que con Alpha buscaba confrontar sus traumas. Pues, como nació en 1983 le tocó vivir y sufrir de niña y adolescente el terror a tan temible enfermedad. Y bueno, es cierto que por momentos Alpha se siente más interesada en aleccionar que en narrar una historia. Y no solo eso, también parece que parte de su discurso se centra en querer mostrar parte de los errores cometidos con los infectados, y sin que importe que la mayoría de esos estigmas ya se han dejado atrás.

Alpha (Mélissa Boros) es una niña de trece años que regresa de una fiesta con el tatuaje de una A en uno de sus brazos. La pregunta que lanza su madre (Golshifteh Farahani) es: con qué aguja se hizo ese tatuaje? ¿Una limpia o una sucia?

Su preocupación no es gratuita: ella es una doctora cuyo hospital está lleno de personas que padecen esta nueva enfermedad que convierte a los infectados en estatuas de mármol. Y como la única información confirmada es que aquello se transmite mediante el intercambio de fluidos como el semen o la sangre, su preocupación, que luego será también la de sus compañeros de clase, sus maestros y los que se sumen, es si la aguja con la que se hizo el tatuaje (que, por cierto, no ha sanado bien) la ha contagiado de tan temible enfermedad ¿Eso quiere decir que Alpha los contagiará también a ellos?

Esa es toda la premisa.

Luego, Ducournau se dedica a mostrarnos escenas relacionadas con las respuestas agresivas contra todos aquellos que sean sospechosos de portar la enfermedad. Respuestas que van desde comentarios misóginos y homofóbicos de manual hasta reacciones violentas que dejan claro que los que agreden no entendieron que la sangre es el principal transmisor de la enfermedad.

Así, la alegoría es clara: peor que una enfermedad es la intolerancia de las personas. Poco importa que esa enfermedad sea el SIDA, el COVID o la que ha creado Ducournau en Alpha. Pero ¿es necesario que se nos repita una y otra vez todo ese asunto? ¿Que tengamos una escena en la que se nos muestra una acción infame seguida de otra y luego de otra? Ducournau vaya que logra que se experimente el sufrimiento de alguien que se presume enfermo mientras el mundo se cae en pedazos y por su propia mano, pero eso no significa que como un todo Alpha resulte satisfactorio.

En mi caso me hizo recordar un dicho que sé que citaré mal, pero igual ahí va: si quieres dar un mensaje, usa un post-it. No una película. Es más barato y directo.

Atentamente, el Duende Callejero

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Agustín Galván

Estás en el blog: filias y fobias de @duendecallejero. Inicié escribiendo sobre mis gustos y disgustos en materia de cine y literatura en algún momento del 2003. Solo que entonces fue en otro lugar, en otro espacio (ahora fallecido). La versión que ahora vistas es nueva (aunque ya tiene sus años). Gracias por la visita y si te apetece, deja tu comentario.