El verdadero enemigo

Amanda Seyfried en un fotograma de Anon de Andrew Niccol
Amanda Seyfried en un fotograma de Anon de Andrew Niccol

Tal parece que al director, productor y guionista neozelandés Andrew Niccol (1964, Paraparaumu) lo seguiremos recordando por su primera cinta, Gattaca (1997, Estados Unidos).

Han pasado ya veintiún años desde su estreno, y cada que Niccol presenta una película, sin que importe si fue el productor, el director o escribió el guion; el lugar común al que siempre se regresa es que estamos ante el realizador de Gattaca.

Lo curioso es que esa cinta no fue un éxito en taquilla.

Su fama creció con los años, gracias en parte por esa realidad en la que vivimos que cada tanto parece demandarnos una reflexión sobre el uso y/o abuso que le estamos dado a la tecnología en nuestra vida diaria, además de nuestra al parecer eterna inconformidad por quiénes y cómo somos.

Eso vaya que ha alentado historias e histerias por igual.

Quizá por ello, Niccol parece decidido a mejor dejarse llevar por la trama y el género, y no por la propuesta distópica ahora que presenta con su nueva película, Anon (2018, Alemania), cuyos derechos de distribución fueron comprados por Netflix.

En un futuro philip dickiano, o sea: un futuro bastante posible, más no deseable, que quizá ocurra dentro de unos diez años o menos; en una ciudad que se parece mucho Nueva York, un ajado policía llamado Sal (Clive Owen) tendrá que resolver una serie de asesinatos que aún no han sido esclarecidos en una sociedad en la que los crímenes casi se han erradicado por completo ¿La razón por la que ha pasado esa maravilla? Todas las personas portan unos dispositivos que dan cuenta de las acciones que hacen en cada momento. Así que si cometen un crimen mayor o alguna mera falta administrativa, al ser cuestionados por las autoridades les resultará imposible mentir: el dispositivo presentará qué fue lo que pasó realmente. Pero tanta “perfección” se va al trasto cuando una joven (Amanda Seyfried) aparece.

Ella no porta uno de esos dispositivos y tampoco está en el sistema, por lo que no se sabe cuál es su identidad. Lo único que queda claro es qué hay algo en esos asesinatos que investiga Sal que le interesa a la joven. Pero ¿qué se esconde tras ese interés: la intención de resolver los asesinatos o que no se sepa qué papel jugó en ellos?

Estamos ante un cumplidor sci-fi noir que capotea sus problemas técnicos (se nota su apretado presupuesto), tanto con el destacable trabajo actoral por parte la fría hacker interpretada por Seyfried, como con su correcto diseño de producción a cargo de Philip Ivey.

Sí, Niccol cuestiona con Anon si el derecho individual a la intimidad acabará sometido por ese bien mayor que representa una sociedad libre de violencia y crimen.

Hasta uno de los personajes lo dice: El ser anónimo es el enemigo.

Y aunque ya vimos algo similar con Minority Report (2002) de Steven Spielberg, basada por cierto en un relato de Philip K Dick; lo cierto es que Anon resulta una micro-gran cinta cuya principal valía consiste en dejar claro que Niccol sigue siendo ese aguerrido cineasta que no se cansa en decir que aunque el futuro parezca un lugar vedado para la esperanza, mantenerse firme a los principios y no ceder a las presiones es lo único que siempre nos quedará. Es cuestión de cada uno de nosotros el enterarnos de eso y actuar en consecuencia.

Atentamente, el Duende Callejero

¿Más Odio que Corazón?

Tim Blake Nelson como Buster Scruggs en The Ballad of Buster Scruggs de Joel y Ethan Cohen
Tim Blake Nelson como Buster Scruggs en The Ballad of Buster Scruggs de Joel y Ethan Cohen

Resulta interesante sumergirse en la primer película de Joel y Ethan Coen que se estrena para una plataforma digital: The Ballad of Buster Scruggs (2018, Estados Unidos). Principalmente por la forma en la que se nos presenta. Verán, son seis episodios de duración y registro variado. Inevitablemente nos hacen recordar, tanto por su estética como por sus historias/temas/personajes, a las revistas pulp de principios del siglo XX. Esas que, precisamente, ayudaron a que el oeste norteamericano se volviera legendario.

Lo que comunica, digamos, a esas seis historias es la misantropía que destilan la mayoría de los personajes. Y, claro, su escenario: el oeste norteamericano. Tan amplio, hermoso y peligroso.

Cierto, los hermanos Coen ya han visitado esa región anteriormente. Y lo han hecho tanto revisitando su periodo clásico mediante el remake de True Grit que se estrenó el 2010, como actualizando sus temas y discursos a tiempos presentes: No Country for Old Men del 2007 y su debut Blood Simple de 1984.

La novedad con … Buster Scruggs es que estamos ante su primera obra antológica, por lo que el experimentar resulta casi una obligación.

Así es que nos enfrentamos ante una revisión de temas clásicos del oeste, como el hombre contra la naturaleza o la civilización contra la barbarie. Pero vistos desde un prisma diferente. Uno claramente iconoclasta.

He aquí, pues, una película que nos muestra, como ya dijo David Edelstein en su texto para Vulture, que con … Buster Scruggs los Coen son artistas que han llegado a su madurez. Así que, experimentar con temas, géneros y con lo que se pueda será la norma ahora.

¿Y de qué va The Ballad of Buster Scruggs? La película abre con la historia que da título a la antología. En ella conocemos a Buster Scruggs (Tim Blake Nelson), un vaquero diestro para la pistola, la guitarra, las canciones y con un arsenal de historias y experiencias que con gusto nos compartirá (el personaje rompe la cuarta pared cuando quiere). Incluyendo ese gran enigma que lo corroe ¿Y qué viene después de que uno muere? ¿Qué pasa con lo que uno hizo en vida después de eso?

De ahí pasamos al episodio más corto de la antología, protagonizado por James Franco que da vida a un anónimo y malogrado asaltante de bancos que vive en carne vida qué significa tener mala suerte.

Y así podemos seguir resumiendo la temática de cada capítulo restante, pero creo que lo mejor es que se exploren teniendo en cuenta que la base sobre la que se erigen estos relatos es sobre la que han tenido todas las cintas (y guiones) realizados por los Coen: el mundo, ese lugar tan lleno de posibilidades, es un lugar duro.

Uno que nos destruirá si nos descuidamos.

Uno que igual nos mostrará un bello atardecer o amanecer, que la más dañina y mortal tormenta.

Y por más que queramos racionalizarlo, o de perdida comprenderlo, la verdad es que nada importa.

Porque, como dice uno de los personajes de los capítulos que compone esta balada: Sabes la historia, pero las personas no se conforman con escucharla una vez. Son como niños. Y lo hacen porque siempre hacen que esas historias tenga algo que ver con sus propias historias, su vida. Supongo que porque a todos nos gusta escuchar historias que tengan que ver con nuestra vida, aunque sepamos bien que nada de eso lo hemos vivido. Eso último, que no lo hemos vivido; eso lo que importa.

Atentamente, el Duende Callejero

Lo que está hecho, hecho está

Kathryn Hunter como Hécate en The Tragedy of Macbeth de Joel Coen

En su segundo largometraje que tiene su estreno mundial en una plataforma digital luego de The Ballad of Buster Scruggs del 2018, estrenada en Netflix, y primero que realiza sin su hermano Ethan, Joel Coen decide sumarse a la lista de cineastas que producen una adaptación de la obra escocesa de William Shakespeare. Así que, desde hace unos días en Apple TV podemos ver The Tragedy of Macbeth (2021, Estados Unidos), una abreviada y pesadillesca versión en la que Coen nos ofrece una de las adaptaciones más cinematográficas de la obra.

La trama, que va sobre la ambición desmedida y sus fatídicas consecuencias, se mantiene intacta. Cierto, algunos diálogos han cambiado, escenas o han sido omitidas o han sido reinterpretadas. Incluso algunos personajes han ganado peso mientras que otros han sido disminuídos. Pero, a pesar de esos detalles que para nada son menores, me atrevería a decir que estamos ante una de las versiones más fieles de la obra.

Una versión que incluso aprovecha su artificiosa puesta en escena para sumergirnos justo en el dilema moral en el que viven sus personajes: el reino de Irlanda es una ruina ¿Y por ella vale la pena matar o morir? Dilema que, como bien se señala en un momento clave de la obra: Las cosas que comienzan con el mal, solo se afianzan con el mal.

Macbeth, que en esta ocasión no es un ambicioso hombre de mediana edad, sino un cáustico noble ya entrado en años que ha dado su vida para preservar la paz, y que es interpretado por Denzel Washington, regresa a su castillo luego de lograr otra victoria para el Rey Duncan (Brendan Gleeson). Va acompañado del fiel Banquo (Bertie Carvel) cuando se encuentra a una o mejor dicho unas mujeres. Ella o ellas son Hécate, aquí interpretada soberbiamente por Kathryn Hunter. Ella o ellas le comunican a los viajeros algunas profecías. La primera es que se refieren a Macbeth con un título que aún no posee y luego le vaticinan que será rey. Mientras que a Baquo lo llaman el padre de un rey.

Basta ese encuentro y esas palabras para plantar en la cabeza de Macbeth la ambición.

Tantas batallas ganadas, tantas cicatrices en su cuerpo y tantos años dedicados a la causa deberían ser compensados, piensa él. Y qué mejor forma de hacerlo que con la corona del reino de Irlanda. Y cuando ese primer título augurado por Hécate le llega a causa de que el que lo portaba es acusado de traición, Macbeth se toma en serio la profecía de que él será el futuro rey.

Solo que cuando Duncan hace público que el heredero al trono será su blando hijo Malcolm (Harry Melling) y no él, entiende que para lograrlo deberá actuar así sea acabe derrumbando todos esos valores y códigos que tanto ha defendido todos estos años.

Y quién lo apoya, aconseja e incluso lo alienta para lograr tal causa es su esposa, interpretada por Frances McDormand.

Así, mientras las traiciones, las escenas clave y los conocidos diálogos van haciendo su acto de presencia, poco a poco esas oníricas y pastosas imágenes capturadas por la cámara de Bruno Delbonnel nos van recordando que cuando nos dejamos llevar por la ambición del poder, solo estamos ante: … un cuento contado por un idiota… Lleno de ruido y de furia, que no significa nada.

Denzel Washington como Macbeth en The Tragedy of Macbeth de Joel Coen

Atentamente, el Duende Callejero

De castillos, horrores y bendiciones papales

Fotograma de Castle Freak, de Stuart Gordon

Recordemos…

En 1994, Stuart Gordon (1947-2020) es seducido por Charles Band y su productora Full Moon. Le propone regresar a terrenos conocidos con una tercera adaptación de un texto de Lovecraft. Su título, Castle Freak.

Sí, recordemos…

Diez años antes, Gordon, entonces un actor y director teatral, decide incursionar en el cine con una adaptación, en tono paródico, de uno de los pocos textos del serio HP Lovecraft que pueden considerarse una novela (corta).

El resultado fue la celebrada Re-Animator.

Un año después, Gordon vuelve a adaptar a Lovecraft. Pero ahora se pone serio. El resultado es la maravillosa From Beyond. Diré que de sus adaptaciones lovecraftianas, esa es mi favorita. Pero para su carrera, ese fue el primer y quizá más grave traspié.

¿Por qué digo eso? Bueno, porque partir de esa película se dedicó a perpetrar títulos con corridas comerciales ridículas, o direct-to-video-movies.

Así pasaron años. Gordon regresó al teatro y solo volvió a ponerse detrás de las cámaras cuando algún productor lo llamaba con un proyecto ya armado. Él cumplía sacando adelante la película, recibía su paga y a lo que sigue.

Sí, caray, recordemos…

Su mayor éxito durante esa etapa fue un vehículo de lucimiento de Christopher Lambert, Fortress, de 1992. Película que inició siendo un proyecto para Arnold Schwarzenegger.

Me gustaría decir que el éxito Fortress sirvió para levantar la carrera de Gordon. Pero solo ayudó a que Lambert obtuviera mejores papeles y a que se le diera luz verde a un puñado de películas con temáticas similares. Entre ellas, No Escape de 1994.

Fue en ese momento que Charles Band le ofrece esa suerte de come-back gracias a Castle Freak. Y lo hizo con un cheque en blanco.

El guion, firmado por Dennis Paoli y revisado por Gordon, estaba inspirado en un relato de Lovecraft llamado The Outsider.

Versión de The Outsider de HP Lovecraf, leída por Victor Rodriguez para el podcast Wrong Reel

Lo que Paoli y Gordon hicieron fue transformar ese relato en primera persona que narra las consecuencias de un abuso extendido por años, en una más que notable película de horror gótico que, además, le rinde un sincero homenaje a varias películas de horror italianas de finales de los sesenta y principios de los setenta. Me refiero a títulos como Castle of Blood de 1963, Terror Creatures from the Grave de 1972, The Terror of Dr. Hitchcock de 1962, Nightmare Castle de 1963, The Bloody Pit of Horror de 1969 y hasta House at the Cemetary de 1981.

Recordemos…

Castle Freak inicia con un cliché.

Una viejita tiene un hijo deforme. Lo mantiene recluido en una de las mazmorras del castillo en el que viven.

El castillo es enorme, viejo, oscuro y está en Italia.

La viejita lo alimenta con carne cruda. Lo insulta, le teme pero a la vez lo veja lo suficiente como para que ese ente acabe teniéndole miedo a ella.

Así han pasado 40 años.

La viejita muere, dejando al ente a su suerte.

Bueno, no tanto. La viejita tenía muchos gatos y, lo sabemos, esos animales son muy curiosos.

El caso es que, para seguir con el cliché, resulta que la viejita le hereda el castillo a un pariente lejano, John Reilly, interpretado, but of course, por Jeffrey Combs.

Él es un norteamericano clasemediero que acaba de pasar por una crisis familiar y que, al enterarse de la herencia, se obsesiona con llevarse a su ya descarrilada familia a Italia en un desesperado intento por salvar su matrimonio.

El problema de John, una fuerte adicción al alcohol que derivó en violencia domestica, adicción al sexo y en un accidente automovilístico con consecuencias mortales.

Su esposa Susan, interpretada, en efecto, por Barbara Crampton, no está convencida con la mudanza. Aunque John ya se rehabilitó y ella siente que debe darle una segunda oportunidad, le está resultando muy difícil perdonarle su responsabilidad en el accidente automovilístico que dejó ciega a su hija Rebecca (Jessica Dollarhide) y en el que murió el menor de los Reilly.

La idea de John es llegar, ver la propiedad, firmar los papeles que se necesiten firmar, ponerla en venta, contratar a alguien para que se encargue de los asuntos legales, pagarle su comisión, y pasar unos días en algún lugar turístico de Italia como familia.

El problema es que las cosas no le salen de acuerdo al plan.

Todo porque los Reilly acabarán teniendo que quedarse en el castillo. John lo explora, descubre la cripta familiar y ahí encuentra unas fotos que lo aterran. Uno de esos parientes lejanos guarda un enorme parecido con su hijo muerto. Por eso, al caer la noche, John y Susan discuten acaloradamente sobre su situación. Dicha discusión despierta en John su gusto por la violencia, así que intenta golpear a Susan pero logra controlarse y mejor huye al pueblo. Se mete en un pub y rompe su veda personal de alcohol.

Mientras, en otro lado del castillo, Rebecca comienza a explorar inexplicablemente por los lugubres pasillos. Pronto sentirá que hay alguien más cerca. Bueno, no solo lo siente, también lo escucha.

En las mazmorras, histérico, el ente… Bueno, para entonces sabemos que su nombre es Giorgio (Jonathan Fuller), comprende que hay extraños en su castillo, así que se escapa para descubrir quiénes son.

Y John regresa al castillo, ebrio y con una prostituta. Intenta tener sexo con ella. Pero fracasa. Así que, destruido, la deja y es Giorgio el que la encuentra y, en una escena escabrosa, da cuenta de ella.

Entonces, comienzan a aparecer cuerpos.

Cuerpos mutilados.

Todo aquel no-familiar que visite el castillo acabará mordisqueado o desmembrado.

Pronto, la policía llamará a la puerta del castillo y acusarán a John no de los cadáveres, sí de las desapariciones. Mientras, Giorgio seguirá su asedio. Poco a poco va comprendiendo qué es lo que está pasando. Y se obsesiona con su prima, Rebecca.

Al entender que si hace que la policía se lleve a John, las dos mujeres quedarán a su disposición, Giorgio sigue con su masacre hasta que el mismo John, ahora sí fugitivo de la justicia, decide confrontarlo con tal de salvar a su familia.

Y por supuesto, para lograrlo deberá sacrificar lo único de valor que le queda. Su precaria vida.

El final de Castle Freak, fuera del acartonado escenario y del desparpajo de Combs, adquiere tonos trágicos inesperados. El duelo final es el de dos monstruos en lo alto de un decadente castillo que tantos horrores ha resguardado. Cada uno tomando un extremo de una cadena.

Gracias a la eficiencia de un Gordon en plena forma, aunque no con los mejores recursos técnicos, comprenderemos que todo este cuento giró en torno a una pregunta ¿A fin de cuentas, qué es un monstruo?

Y aunque cualquiera pueda adivinar el final o responder la pregunta que se formula, no importa. El chiste es verlo, verlo de nueva cuenta y sin que medie nada. En Castle Freak, las consecuencias del abuso dentro del entorno familiar son el mayor horror al que puede enfrentarse cualquiera. Eso es lo que hace al monstruo. Y salir indemne de ese abuso demandará su consabida libra de carne.

Gordon vaya que sabe cómo contarnos una historia ya conocida cientos de veces, logrando, sin empantanarse mucho con las truculencias o con los tiempos muertos quesque reglamentarios en pro-de-conocer-a-un-personaje, un producto que sale de la medianía que tanto huele y sabe a mediocridad.

Por cierto, a la mitad del rodaje, Charles Band le informó a Gordon que por asuntos financieros (Full Moon se fue a pique a la mitad de los noventa), Castle Freak acababa de quedarse sin la mitad de su presupuesto. Así que le cheque en blanco que le han ofrecido acababa de botar.

Esa es la razón por la que Castle Freak no se vio en salas de cine.

A Gordon no le importó. Él trabajó con el mismo empeño, sorteando cualquier problema técnico que le fuera apareciendo, como esas locaciones mal iluminadas, esa carencia de escenarios y de utilería, esa única cámara que, se nota, lo complicó todo a la hora de hacer varias tomas a la vez.

Gracias, digamos, a esa serie de infortunios que alargaron el proceso de edición por un año, Gordon tuvo que quedar fuera de esa otra adaptación a Lovecraft de Full Moon. Adaptación que, por cierto, apareció primero que su Castle Freak. The Lurking Fear, dirigida por C Courtney Joyner.

Luego de entregar Castle Freak, el buenazo de Gordon se nos vuelve a perder. O, bueno, regresa a dirigir varias películas tristemente célebres. Hasta que de señales de seguir vivo diez años después con Edmond, pero esa es otra historia.

Para finalizar, una anécdota. Y a ver si ustedes la creen.

Resulta que en uno de sus días de producción (parece que fue en el siguiente tras revelarse la noticia del corte del presupuesto), el equipo de Castle Freak se encontró con una extraña comitiva a las puertas del castillo en el que filmaban. Un castillo que era propiedad de Charles Band, por cierto. Y como buenas personas, salieron a ver qué querían.

Resultó que el Papa Juan Pablo II andaba en los alrededores, en peregrinación, y estaba pasando a bendecir a las casas y a las personas del lugar.

La comitiva venía solo a avisar.

Inmediatamente todos los de la producción fueron a contárselo a Gordon, a los actores y al resto del crew. Y para cuando pasó el Papa, todos estaban en fila esperando su bendición, incluyendo Fuller completamente caracterizado como Giorgio.

Según eso nadie de la comitiva, ni el mismísimo Papa, reparó en ello.

Supuestamente eso los alentó a librarse del bache y ponerse a trabajar. A fin de cuentas, esa era la primera (y seguramente única) película de horror que puede presumir una bendición papal

La gente tenía que verla.

Atentamente, el Duende Callejero

En el castillo de la impureza

Fragmento de la portada de la edición en español de My Absolute Darling de Gabriel Tallent

En el verano del 2017 se publicó la primera y hasta hoy única novela de Gabriel Tallent, My Absolute Darling .

Fue un éxito de ventas. La crítica norteamericana y europea la llenó de elogios. Obtuvo un par de premios literarios y se vendieron los derechos para traducirla en varios idiomas, incluyendo el español.

Acá su título solo es Darling.

Sin embargo, un sector nada marginal de la crítica y del público la nombró la novela más sexista de los últimos años. Y entre sus detractores está la influyente escritora Roxane Gay, que escribió que nunca le vió lo grandioso al texto, que no la atrapó, aunque reconoció que lo leyó de cabo a rabo casi en una sentada.

La novela tiene como protagonista a una adolescente llamada Turtle Alveston. De catorce años, vive con su padre, Martin, en una decrépita cabaña en los márgenes de Mendocino, California.

Martin es un experto en supervivencia que está seguro que la humanidad va directo a una catástrofe, por lo que decidió preparar a su única hija para vivir en ese mundo post-apocalíptico que cree que se avecina.

Turtle sabe cazar, pescar, encender un fuego en medio del bosque, defensa personal, disparar y limpiar armas de fuego y hasta primeros auxilios. Lo que no sabe es leer de corrido, hacer ecuaciones matemáticas, confiar en otras personas que no sean su padre o su abuelo, y entablar amistad con otros jóvenes.

En la escuela a la que asiste y en donde tiene problemas debido a sus bajas calificaciones, casi todos piensan que Martin abusa de ella. Así que en varias ocasiones algunos maestros han intentado sacarle una confesión a Turtle.

Pero ella siempre ha negado esos dichos. No porque sean falsos, sino porque sabe que si alguien más lo supiera, la policía iría por Martin y él resistiría el arresto ¿Y qué sería de ella, que perdió a su madre cuando era niña, si ahora se queda sin su padre?

Ese es el punto en el que detractores y entusiastas de la novela coinciden. My Absolute Darling es una obra cuyo interés reside en desengranar las consecuencias que tiene el abuso físico y mental en una joven. Turtle vive en un mundo basado en cumplir los deseos y caprichos de ese hombre violento y carismático que es su padre. No sabe qué está bien o qué está mal, porque su contacto con otras personas es casi nulo.

Martin entra en ese selecto grupo de sociópatas carismáticos que deambulan en algunas películas y novelas de los últimos años.

Los detractores de la novela tienen razón, Tallent se muestra más preocupado por dotar a su monstruo de un magnetismo casi místico que en darle profundidad o incluso humanidad a Turtle.

Ella, en los primeros capítulos, es casi un autómata que va realizando pequeñas obras solo porque alguien se lo pide o porque forman parte de la rutina. Así que la consabida toma de conciencia de la joven, propia de este tipo de historias que llaman de iniciación, y que llega por culpa de un crimen que comete su padre y que sirve para derrumbar ese castillo de la impureza en el que ambos viven, más que catártico se siente artificial.

Y eso, en una novela que fue descrita como realista contemporánea, acaba resultando algo contradictorio.

Aunque Gay tiene razón, con todo y sus tropiezos y sus abigarradas descripciones de abuso, tortura e incesto, My Absolute Darling es una obra que te obliga a leerla casi en una sentada.

Atentamente, el Duende Callejero

Dream Extreme

Novela de Joe McGinniss Jr

Nick y Phoebe Maguire son un matrimonio que, buscando rehacer su vida tras una serie de calamidades ocurridas durante sus primeros años de casados en Boston, que incluyen un accidente automovilístico, cambia de aires a la soleada California. Concretamente en un poblado llamado Serenos, que está a 40 millas de Los Ángeles, en una privada llamada Carousel Court y cuyo letrero de bienvenida grita dream extreme.

Pronto, la pareja descubrirá que sus problemas nada tenían que ver con alguna cuestión geográfica. Vayan a donde vayan, aquello que parecen querer sepultar en el pasado seguirá manifestándose en su presente y, claro, dejando claro que sus desastres particulares no obedecen a u destino ominoso, sino que son meras consecuencias de sus actos.

Esa es, en resumen, la trama de la insidiosa novela Carousel Court (2016, Simon & Shuster), de Joe McGinniss Jr. Una historia que tiene como telón de fondo los ecos de la recesión económica ocurrida hace algunos años en Estados Unidos, producto de los préstamos engañosos que causaron la crisis inmobiliaria a principios del nuevo siglo, mismos que emplearon los Maguire para obtener una lujosa residencia. McGinniss toma dichos ecos y los convierte en una alegoría sobre cómo en una vida conyugal de oropel, mocha latte, nanas de veinticuatro horas, tarjetas de crédito adicionales, todo a meses sin intereses y recetas médicas obtenidas tras mostrar u ofrecer un poco de piel y carne; el rencor siempre pesa más que cualquier puta crisis económica nacional, o que la mismísima dependencia a un medicamento controlado, o que la posibilidad de quedarse sin trabajo, o que la seguridad de tener que abandonar planes futuros, o que la certidumbre de quedarse en la calle pues esa casa que tanto ha drenado cuentas, ánimos y sueños ahora se hunde mansamente en agua fétida, lodo e intereses atrasados.

Conocemos a los Maguire cuando ya todo se ha perdido. Sin intimidad desde hace años, sin ganas de estar en el mismo cuarto pues saben que cualquiera se prenderían del cuello del otro hasta que mane la sangre, fingiendo a todos los demás que siguen siendo una pareja modelo, lo que les resta ya no es pelearse, sino destruirse y vivir no para contarlo solamente sino para orinarle la tumba al otro.

Pasivamente quizá, pero de forma constante, ambos van avanzando esa encarnizada guerra entre cuatro paredes, con sus votos mutuos convertidos en cenizas hace años y toallas de él y ella pudriéndose en el fondo de una alberca llena de lama y con charcos de orín.

Por eso y más, Carousel Court puede leerse fácilmente como un thriller en el que la única pregunta que tiene sentido es en cuál de sus 97 capítulos de corto aliento y filosa prosa nos tocará atestiguar un asesinato.

Por sus páginas hay muchos cuchillos, herramientas punzantes, productos flamables, bufandas, tijeras, cadenas, medicamentos controlados y hasta agua anegada. Chéjov tendría que revalorar su tesis narrativa si leyera esta novela.

Y, obvio, también impone el saber quién será la víctima y quién el victimario. Porque con los Maguire cualquier cosa puede pasar. Desde la venganza de ese amante celoso por los mensajes nocturnos que envía Nick a una jovencita que comenzó a cortejarlo, hasta una sobredosis de Phoebe en una de sus esperas por ese sugar daddy que no ceja de malograrla verbalmente.

O, bueno, mejor dicho: cualquier cosa va a pasar.

Por ello Carousel Court puede compararse con visionar un accidente. Nos detenemos y nos quedamos viendo pues lo grotesco atrapa nuestros sentidos. El olor de la sangre nos marea. La posible narración sobre una caída mortal nos perturba. El ver la fragilidad de nuestra existencia nos agobia.

La posibilidad de que ese que yace ahí pudiera ser alguien conocido, o incluso uno mismo, da tanto para quitarnos el sueño como para contar una historia alterna.

Una historia que quizá iniciará así:

Dream Extreme. Those words welcomed them to Serenos months ago, in June, before the heat.

Atentamente, el Duende Callejero