¡Tengan para que aprendan!

Daniel Giménez Cacho en una escena de Bardo, Falsa Crónica de unas Cuantas Verdades de Alejandro González Iñárritu
Daniel Giménez Cacho en una escena de Bardo, Falsa Crónica de unas Cuantas Verdades de Alejandro González Iñárritu

El periodista y documentalista mexicano Silverio Gama, interpretado por Daniel Giménez Cacho, lleva años viviendo en Estados Unidos. En concreto, vive en Los Ángeles con su familia. Y allá ha forjado una sólida carrera plagada de, ay, reconocimientos por parte de la crítica internacional.

Sin embargo, nuestro hombre, Silverio, está seguro que a pesar de todos esos reconocimientos y premios y demás cosas, no ha producido algo que realmente valga la pena. Cierto, cada cosa que ha hecho ha servido para algo en específico. Y también cierto, cada una de esas cosas lo ha llenado de gozo aunque también lo ha lastrado emocionalmente. Pero él sabe que seguirá haciendo arte, porque ¿qué otra cosa podría hacer con su vida?

Y hablando de cosas, aquí la cosa se complica.

Verán, en el México ni tan lindo ni tan querido que existe en ese universo en el que también existe Silverio, un México similar al de aquellas monografías que se utilizaban para hacer tareas en las primarias, planean hacerle un homenaje a nuestro hombre. Y el asistir a dicho homenaje significa que tendrá que abandonar ese lugar que ha llamado hogar pero que sabe bien que no es ni será su hogar jamás. Y que por motivo de dicho homenaje deberá pisar esa tierra que lo vio nacer pero que hace años abandonó debido a que sintió que era incomprendido y envidiado y sobajado, pero que, de nuevo: ay, tanto extraña.

Será ese viaje el que lo hará recapacitar sobre su vida y sobre su lugar en la historia de ese México que, insisto, solo existe en ese universo en el que también existe Silverio; y también sobre lo que significa hacer arte en este momento histórico (e histérico) en el que incluso esta obra tan personal y tan hermética y algo onírica que en estos momentos podemos encontrar como parte de la siempre ecléctica cartelera de finales de año, dentro de unas cuantas semanas solo será contenido que alimentará a la oferta de esa plataforma que acabó cambiando a la industria del entretenimiento, nos guste o no: Netflix.

Eso y poco más es Bardo, Falsa Crónica de unas Cuantas Verdades (2022, México y Estados Unidos), la nueva película co-escrita (junto a Nicolás Giacobone), co-musicalizada (junto a Bryce Dessner), y editada y dirigida y producida por Alejandro González Iñárritu (1963, Ciudad de México). Y, debo decirlo: lo que acaban de leer solo es una interpretación de mi parte de su primera hora de metraje.

Y si todo eso que leyeron les pareció conocido, es porque ya lo hemos visto antes: la premisa es la misma que utilizaron tanto Ingmar Bergman con Smultronstället (1957, Suecia) como Woody Allen con Deconstructing Harry (1997, Estados Unidos). Porque, como sucede en esas dos películas, estamos ante un relato en la que un realizador decide deconstruirse ante su público.

Solo que, a diferencia de Bergman, que hizo su película como una forma de aceptar que todo eso que vive en sus recuerdos se ha ido y que resulta imposible volver el tiempo atrás, así qué hay que pasar página; o que Allen, que con su cinta intentó dejar sin argumentos a sus críticos al criticarse él mismo de forma tan ácida; González decidió cobijarse con una visualmente asombrosa obra que, cierto, por momentos deslumbra pero que también abruma con querer tatuarnos eso de que el peor fracaso es el éxito.

Digo, eso se entendió aún antes de que lo dijera Silverio ¿Por qué siente la necesidad de repetirlo por más de dos horas y veinte?

¿Será porque es su versión del magnánimo: tengan para que aprendan, o simplemente, parafraseando a Christian Cueva, el asunto es que ese personaje, Silverio, no es interesante?

Atentamente, el Duende Callejero

Una versión de este texto se publicó el sábado 05 de noviembre en la columna Pista de Despegue de El Debate

De Melancolía y Horror

Mike Flanagan y Kyliegh Curran, durante la producción de Doctor Sleep
Mike Flanagan y Kyliegh Curran, durante la producción de Doctor Sleep

Hace años me tocó asistir a un festival especializado en cine de horror, terror y fantasía, y una de las funciones de medianoche estuvo dedicada a una película independiente, realizada mediante crowdfunding, informó el presentador de la misma, que trataba sobre una mujer que había perdido a su esposo de forma inexplicable: un día salió de casa y jamás regresó.

Cuando comienza la película, han pasado siete años desde la desaparición, tiempo suficiente para que la mujer pueda solicitar un certificado de muerte por ausencia: como el hombre no ha aparecido en ningún otro lugar con otro nombre, pero tampoco han encontrado su cuerpo, el familiar más cercano (en este caso la esposa) tiene el derecho de acudir ante las autoridades y demandar que se declare muerto al desaparecido.

Por tal razón, familiares y amigos, además de autoridades, incluyendo el detective a cargo del caso que acabó enamorándose de la mujer, la apremian para que solicite dicho certificado y, además, que pase página.

Pero, como dicen por ahí: pretextos busca el diablo, es la llegada de la hermana de la mujer, una adicta que busca redención, la que la motiva a querer resolver de una vez por todas qué sucedió con su esposo. Y esa investigación detonan una serie de eventos sobrenaturales que giran en torno a un túnel peatonal cercano a su casa.

Uno que el esposo desaparecido solía cruzar.

El título de la película es Absentia (2011, Estados Unidos) y aunque es el cuarto largometraje del guionista, productor y director Mike Flanagan (1978, Salem), fue esa película por la que muchos lo conocimos.

Muchísimos meses después descubrí, en terrenos literarios, la existencia de un subgénero llamado: Grief Horror.

Según la escritora Laurel Hightower, dicho subgénero es propio de la comunidad de narradores independientes norteamericanos que escriben novelas cortas y cuyas historias están centradas en el peso de la pérdida y su consecuente crisis en personajes que llegan al límite.

Obviamente, dichas historias contienen elementos sobrenaturales y también exploran elementos de otras manifestaciones del horror: desde el body horror, el splatterpunk, la casa embrujada, las posesiones, entre otros.

Podría decirse que Flanagan es un representante cinematográfico de dicha corriente.

Lo digo porque sus películas y series dosifican la truculencia nativa del género, optando por centrarse en el enrarecimiento de atmósferas, además de presentarnos a personajes atrapados por sus culpas y en narrar que algunas maldiciones no dejan descansar a sus víctimas ni cuando éstas mueren. Y lo hace mediante una serie de despliegues técnicos que rezuman de un romanticismo que, caray, vaya que huele a naftalina.

Eso sí: sé que Flanagan no es para todos los gustos debido precisamente a esa forma tan personal de abordar el horror, dejando que la exposición domine secciones enteras y que el llamado perspectivismo, que consiste en armar un relato utilizando el punto de vista de varios personajes, sea la marca de la casa.

Igual informo que si alguien quiere conocerlo, la mayoría de su obra, tanto cinematográfica como en series, está en Netflix.

Ahí encontrarán desde sus versiones de la novela clásica: The Turn of the Screw, de Henry James, que él tituló The Haunting of Bly Manor. También pueden ver The Haunting of Hill House, inspirada en la novela homónima de Shirley Jackson. Además de su versión de Gerald’s Game de Stephen King.

Y qué decir de esa belleza llamada: Midnight Mass, un híbrido entre Storm of the Century, aquella serie original escrita por King, y sus clásicos Salem’s Lot y Needful Things. Las películas Hush y Before I Awake, y recientemente su versión de las novelas de horror juveniles de Christopher Pike: The Midnight Club.

Atentamente, el Duende Callejero

What a time to be alive!

Rachel Sennott en un momento de Bodies Bodies Bodies de Halina Reijn
Rachel Sennott en un momento de Bodies Bodies Bodies de Halina Reijn

Hace unos años, de parte del cine que por alguna razón le llaman independiente (pero que de independiente tiene muy poco), el tema que se explotó fue el de la masculinidad tóxica.

Y se hizo tanto explorando hechos reales, como sucedió en Bombshell que dirigió Jay Roach, o mediante contenidas fábulas sin moraleja como The Assistant, dirigida por Kitty Green.

También el cine de terror hizo su aportación con títulos como The Night House, que dirigió David Bruckner, y The Invisible Man de Leigh Whannell.

Y dicho tema le ha servido a la guionista Sarah DeLappe para reelaborar la historia original de Kristen Roupenian, escritora y periodista que hace años alcanzó notoriedad por ser la autora de un relato llamado Cat Person. Publicado por The New Yorker en el 2017, el tema que trata el relato es, precisamente, la tal masculinidad tóxica.

Ese guion es la base de la película Bodies Bodies Bodies (2022, Estados Unidos), que dirige la también actriz Halina Reijn (1975, Amsterdam).

Estamos ante una actualización de la novela de Agatha Christie: Ten Little Niggers, publicada en 1939 y que en estos tiempos de corrección política le han cambiado el título, así que ahora la conocemos como: And Then There Were None. Esto significa que estamos ante un whodunnit de cepa: todo ocurre en un lugar aislado donde un compacto grupo de personajes acabarán reunidos. Cada uno de esos personajes guarda algún secreto. Es la aparición de un cadáver el que los hace cuestionarse quién podría ser el asesino y también quién seguramente será el siguiente.

La razón detrás de los asesinatos resulta lo de menos. El juego está en adivinar quién es la mano que empuña la daga o el martillo, o la botella con el veneno o etcétera.

David (Pete Davidson), ya no tan joven, pero rico y tan caprichoso como un adolescente, organiza una fiesta en la casa de campo de su familia e invita a varios amigos. Y lo hace justo cuando está por llegar un huracán. Y allá van, sin pensar más que en que solo se vive una vez, Sophie (Amandla Stenberg) y su exótica novia (solo por ser europea y pobre) Bee (Maria Bakalova). También va la estrella de un podcast, Alice (Rachel Sennott) y su daddy, pero sin lo de sugar, Greg (Lee Pace). Además de la actriz y novia de David, Emma (Chase Sui Wonders), y alguien que se hace llamar Jordan (Myha’la Herrold). Ah, y estaba Max (Conner O’Malley), pero se va luego de una temprana discusión con David que enrancia el ambiente.

Llega el huracán y el grupo se queda sin energía eléctrica, y también sin posibilidad de salir de la casa. Tras agotar las formas de entretenerse, deciden jugar a: Bodies Bodies Bodies, juego que consiste en que un miembro del grupo adoptará la personalidad de un asesino y, con la luz apagada y en un cuarto cerrado, ese asesino irá tocando en el cuerpo al resto. Y todo aquel al que toque estará muerto.

El juego termina o cuando solo queda el asesino de pie, o cuando alguno de los sobrevivientes adivina quién es el que ha estado tocándolos y grita su nombre.

No debe ser sorpresa decir que ese juego se vuelve realidad cuando aparece el primer cadáver. Y así, eso de adivinar tanto quién será el siguiente cadáver como quién es el asesino, nos hará reír mientras vemos en pantalla, de nuevo, una crítica tanto a esa masculinidad tóxica, como a la llamada gen Z y su manía por volver público absolutamente todo lo que les pasa sin mediar en las consecuencias.

Incluyendo las crisis provocadas por la ansiedad.

Y como DeLappe y Reijn saben que el cliché es el espíritu de estos tiempos, se valen de él para entregarnos una de las experiencias cinematográficas más satisfactorias justo en un año lleno de experiencias cinematográficas satisfactorias.

Sí, como dicen por ahí: What a time to be alive!

Atentamente, Duende Callejero

Para Lectores Constantes

Ilustración de la portada de la primera edición de If It Bleeds
Ilustración de la portada de la primera edición de If It Bleeds

En abril del 2020, justo en los días en los que todos comenzamos a cerrar puertas y ventanas, reorganizamos nuestros trabajos y salimos solo para comprar lo necesario en algunas tiendas y supermercados; la longeva editorial neoyorkina Scribner publicó la colección: If It Bleeds, de Stephen King (Maine, 1947).

Para los que somos lectores constantes, que es como King llama a todos aquellos que llevamos años comprando sus libros (y viendo las adaptaciones de sus obras y etcétera), la novedad que supuso esta publicación fue que las cuatro novelas cortas que la componen habían sido escritas expresamente para conformar este libro. Algo que, poniéndonos memoriosos, solo había sucedido en 1982 con la colección Different Seasons. Colección en la que se encuentran las novelas cortas: Rita Haywort and the Shawshank Redemption, que adaptó Frank Darabont; Apt Pupil, que adaptó Bryan Singer; y The Body, que adaptó Ron Reiner y que se estrenó con el título: Stand by Me.

La historia con la que abre If It Bleeds lleva por título: Mr Harrigan’s Phone.

Un joven llamado Craig, que vive con su padre viudo en un pueblito de unos seiscientos habitantes pero que disponía de internet como en las grandes ciudades, trabaja haciendo mandados para un anciano retirado, dueño de una pequeña fortuna, que vive a unos metros de su casa.

Ese anciano obviamente es el Harrigan del título y tiene la costumbre de regalarle a Craig un billete de la lotería en cada fecha importante: sea cumpleaños, día de acción de gracias, navidades, y demás.

Un día, uno de esos billetes se lleva el premio mayor, así que en señal de agradecimiento Craig le compra a Harrigan el primer modelo del iPhone. Hasta ese día, Harrigan se había resistido a tener tecnología en casa. Decía no necesitar más que los seis periódicos a los que estaba suscrito para estar enterado de cómo andaba el mundo. En específico, de su pasión: la bolsa de valores. Pero el regalo de Craig le abre a Harrigan un mundo de información: adelantos de películas, las cotizaciones de la bolsa de valores en vivo, la posibilidad de comprar cosas varias en línea y que le lleguen a la puerta de su casa, mapas con nuevos restaurantes para visitar. En fin, cada día Harrigan se entera de algo nuevo, además que aprende a enviar textos y correos electrónicos. Y Craig es feliz viendo que su viejo amigo es feliz. Hasta que un día, el señor Harrigan muere.

En el funeral, Craig le introduce el teléfono en el saco a Harrigan, como un homenaje. Y se despide de él. Craig no tarda en enterarse que su amigo le dejó de herencia una cuenta de banco. Son miles de dólares que administrará su padre hasta que él alcance la mayoría de edad.

Una noche, mientras se descubre extrañando a su amigo, Craig decide que quiere volver a escuchar su voz. Así que llama al teléfono del señor Harrigan pues sabe que él grabó un mensaje en el buzón de voz y piensa que le bastará con escuchar a su amigo recitando dicho mensaje para subsanar esa falta.

Pero la cosa no acaba ahí.

Porque tras esa llamada, le comienzan a llegar mensajes ininteligibles desde el teléfono del señor Harrigan

¿Será que lo habrán enterrado vivo?

¿O qué es lo que está pasando?

Obviamente no he contado más que el inicio de la historia. Una que ha sido adaptada por el director y guionista texano John Lee Hancock en una recomendable película que lleva el mismo título que la novela corta: Mr Harrigan’s Phone (2022, Estados Unidos). Película que fue producida tanto por Blumhouse como por la productora de Ryan Murphy. Está protagonizada por Donald Sutherland como Harrigan y Jaeden Martell como Craig; y que pueden encontrar desde hace días en Netflix.

Sobre la película, basta decir que es una adaptación bastante fiel al texto. Los cambios, que los tiene, intentan acercar a la película a los terrenos del horror. Cosa que, acá entre nos, no lo necesita. La historia es en sí, un morality play sobre el peso de las consecuencias de las acciones. Pero, me temo que ahondar aquí sobre eso sería descubrir ciertos aspectos de la trama que prefiero que descubran por su cuenta.

Mejor termino diciendo que, al parecer, If It Bleeds correrá la misma suerte que Different Seasons. Mr Harrigan’s Phone ya ha sido adaptada, y la productora de Ben Stiller compró los derechos de la última novela corta: The Rat. Mientras que la productora de Darren Aronofsky se hizo con los derechos del segundo texto: Life of Chuck.

Solo falta que HBO Max (o no Max) decida continuar su serie The Outsider con una adaptación del texto que da título a la colección: If It Bleeds.

Atentamente, el Duende Callejero

Nota: Una versión de este texto salió publicada el sábado 22 de octubre en la columna Pista de Despegue de El Debate.