Apuntes sobre la marisma de Delia Owens

Delia Owens, fotografiada por Brittainy Newman para The New York Times en el 2022
Delia Owens, fotografiada por Brittainy Newman para The New York Times en el 2022

Publicada en el corazón del verano del 2018, a Where the Crawdads Sing, debut novelístico de la zoóloga Delia Owens (1949, Georgia), solo le tomó cinco meses (esto fue de agosto de 2018 a enero del 2019) el ponerse en fila para reclamar su título como una de las novelas más vendidas en la historia de la industria editorial norteamericana.

Como dato adicional y final en este apartado relacionado con el número de ventas y esas cosas, diré que para inicios de este 2022, la novela de Owens seguía apareciendo como uno de los diez títulos más vendidos del mes desde el 2018.

Me ha tocado leer algunas think pieces que han pretendido desentrañar qué diablos hay en las entrañas de esa novela que ha llamado tanto la atención de los lectores. La verdad, espero que este escrito no vaya por esos derroteros. Porque, anuncio: no es mi intención desentrañar nada, menos explicarlo.

Esto pasó: acabo de terminar una segunda lectura de la novela. Originalmente la leí a finales del 2018, en inglés, en versión digital. Y para el 2020 ya había olvidado gran parte de ella. Solo tenía presente sus primeros capítulos y, claro, la parte final. Esa en donde se resuelve todo.

A la parte media, narrada a dos tiempos asincrónicos, simplemente le cayó una bruma lechosa de esas que según Owens aparecen cada tanto en las marismas y dificultan los viajes por ellas a menos que se tenga pericia, memoria fotográfica y una brújula.

Pero resulta que me encontré la versión en español de la novela, la de Ático de Libros, y a buen precio. La compré y, hace semanas, comencé a hojearla. Resultó que esos primeros capítulos volvieron a atraparme.

Así que, heme aquí, con una segunda lectura de una novela conocida por acá como La Chica Salvaje.

Y de esta nueva lectura tengo unas notas.

Y quiero compartir esas notas.

Eso es todo.

La Chica Salvaje o Donde Cantan los Langostinos, cuenta la historia de Catherine Danielle Clark, alías Kya.

Ella se convertirá en la única residente del predio de los Clark, ubicado en una de las marisma de Carolina del Norte. Un espacio:

…luminoso donde la hierba crece en el agua y el agua fluye hasta el cielo. Donde deambulan lentos arroyos que llevan al astro sol hasta el mar y donde aves de largas patas se elevan con gracia inesperada…

Su historia comienza a finales de los años 50 y termina a inicios de la década de los 70, con Kya, ya mujer, defendiendo su derecho a ser alguien libre, sin necesidad de someterse a reglas o leyes creadas por el hombre para domesticar la naturaleza.

Demostrando que lo más importante en la vida nunca se aprenderá en una escuela. Comprendiendo que todo lo moral no es más que un invento que lleva a cualquiera a convertirse en otro tipo de salvaje que lejos de cuestionarse sobre sus necesidades reales, se ha inventado unos artificiales de las que depende su vida.

Abandonada por su madre cuando tenía seis años. Luego por sus cuatro hermanos y finalmente por su abusivo padre, Kya dejará de ser niña por su cuenta. Y tras unos fallidos intentos por ser parte de la comunidad de Barkey Cove, que incluyen un día en la escuela y su posterior huida, Kya decide que mejor se dedicará a sobrevivir gracias a todas las enseñanzas que le da la salvaje pero pura naturaleza de la marisma que la rodea.

La biología consideraba el bien y el mal como el mismo color visto por diferente luz.

Así que se empeña en comprender cómo es que afectan los cambios de clima en todos los organismos vivos. Entiende el comportamiento de los animales y pone en práctica, además que expande, todas aquellas enseñanzas que de forma directa e indirecta le legaron su padre y el último de los hermanos que huyó, Jodie.

Con el tiempo, y obligada por la necesidad, Kya logra hacerse de dinero para cargar el tanque del motor del lanchón paterno y comprar algunos alimentos mediante la venta de mejillones y pescado ahumado al encargado de una tienda de conveniencia del muelle, un negro al que todos apodan Jumpin’.

Serán él, Jumpin’, y su esposa Mabel los que adoptarán el papel de padres de Kya. Le conseguirán ropa de segunda, la aconsejarán y cuidarán tanto como les sea posible, porque al ser miembros de la comunidad negra del lugar, ellos también sufrirán de persecuciones y señalamientos por parte de varios miembros de la comunidad de Barker Cove. Aunque dichas historias serán apenas relevantes para la trama que aquí se cuenta.

En el apartado sentimental, Kya deberá enfrentar el cortejo de dos machos del lugar, uno alfa y otro, uno de los machos débiles. El alfa es Chase Andrews mientras que el débil es Tate Walker. Tate se convierte en el primer amor de Kya. Le regala plumas, la enseña a leer, le consigue libros y con ellos, Kya se convierte en una erudita de la marisma y de su fauna y vegetación. Eso, a futuro, le ayudará pues se convertirá en autora de un par de libros sobre el ecosistema de las marismas, logrando cierta fama y amasando una pequeña fortuna que poco a poca ve creciendo. Pero Tate se va a estudiar biología y a pesar de su promesa por volver, abandona a kya. Entra entonces Chase, la estrella deportiva del pueblo y que se pone como objetivo el desvirgar a la chica salvaje. Le endulza el oído, la corteja por meses, hasta que ella cede. Y entonces, también la abandona.

Todo lo que ella sabía del amor se resumía en las señales deshonestas de las libélulas.

Será Chase la razón por la que se cuenta la novela, pues esta inicia cuando unos niños descubren su cadáver en una sección de la marisma. Y por la historia que vivió junto a Kya, una historia que todos conocieron porque él mismo se la comunicó a todo mundo antes de casarse con una de las chicas acomodadas del pueblo, la posibilidad de que su muerte se deba a un asesinato a en que la chica salvaje se convierta en la sospechosa de facto.

Sin embargo, a pesar de que así inicia la novela, La Chica Salvaje no es una novela sobre un crimen o un relato basado en la fórmula de el falso culpable. La novela no es más que un largo relato sobre la educación sentimental de una jovencita que vive fuera del imperio de la sociedad ultraconservadora norteamericana de la post guerra. Hay muchas referencias a los estragos de las guerras en las que participó Estados Unidos. La culpa por el carácter irascible del papá de Kya viene de sus participación en la guerra. Regresó trastornado, sin poder integrarse a la sociedad y con una dependencia al alcohol que se imponía ante todas las cosas. El propio hermano de Kya, Jodie, que regresa luego de enterarse que su hermana estaba publicando libros sobre la naturaleza de la marisma, afirma que la guerra lo cambia y destruye todo. Pero también que está en cada quién el resistir ese embate o dejarse llevar por él.

Y sobre el asunto del asesinato de Chase, un último apunte.

Desde 1996 se ha informado que tanto Delia Owens, como su ex esposo Mark y su hijastro Christopher, se les busca en Zambia pues son sospechosos del asesinato de unos cazadores furtivos de elefantes. Asesinatos que incluso quedó registrado en video. Ese evento fue el que hizo que los Owens, que llevan años viviendo en Zambia, regresaran a Estados Unidos y dejaran a un lado sus carreras de ambientalistas. La historia está documentada en varios medios, pero acá pueden leer más al respecto.

Eso sí, ahora que la novela ha sido adaptada al cine por parte de la productora de Reese Witherspoon, la sospecha sobre Owens y sus familiares ha escalado en los medios de nueva cuenta. Y esta vez acompaña a más de una reseña sobre la película.

Lo que me resulta inquietante, es gran parte discurso de La Chica Salvaje consiste en justificar el impulso asesino en los humanos. Cierto, dichas justificaciones aparecen en momentos en los que Kya contempla a la naturaleza y piensa lo puro y justo que resultan las acciones de supervivencia de los animales. Por ejemplo:

Algunos insectos hembra se comen a los machos, las madres mamíferas demasiado estresadas abandonan a sus crías, muchos machos conciben maneras arriesgadas o traicioneras de superar a la competencia. Nada parece demasiado indecoroso para que la vida pueda continuar.

Y también:

Algunas conductas que ahora nos parecen crueles garantizaron la supervivencia de los primeros hombres en el aprieto en el que pudieran verse entonces. Sin ellas, ahora no estaríamos aquí.. Y esos instintos siguen presentes en nuestros genes, y se manifiestan cuando se dan determinadas circunstancias. Hay partes de nosotros que siempre serán lo que fuimos, lo que tuvimos que hacer para sobrevivir en aquellos tiempos.

Krya no comprende la razón tras el escándalo de la muerte de un ser tan despreciable como Chase. Ese follador tramposo. Entiende la tristeza y el miedo que ha emanado en la comunidad que le dio la espalda el descubrir su cadáver, pero no empatiza con ellos. Tampoco quiere la misericordia de esos pocos que de forma natural la cobijaron. Lo que tenga que pasar, que pase. Esa es parte de la resolución de La Chica Salvaje, esta obra que, según la contraportada de mi edición en español, The New York Times en su sección de libros describió como: … una educación sentimental y una oda a la naturaleza.

El mismo The New York Times que, años después, publica un artículo cuestionando si la novela no incluye la confesión y justificación de un asesinato.

¿Confesión y justificación? No lo sé. Pero que deja claro la postura de Delia Owens sobre el papel de la naturaleza en la vida de cada ser vivo.

Postura que puede resumirse con una línea de la misma novela:

Sabía que no había nada que juzgar. No había nada malvado en ello, la vida seguía adelante, incluso a costa de algunos participantes.

Atentamente, el Duende Callejero

Recordando a Fundación

Isaac Asimov dibujado por Rowena Morrill
Isaac Asimov dibujado por Rowena Morrill

Originalmente, solo fueron varios relatos publicados entre 1942 y 1950 en revistas pulp. Relatos que luego se convirtieron en tres tomos corregidos y aumentados publicados entre 1951 y 1953.

Y sí, tuvieron sus subsecuentes ramificaciones en otros tantos relatos, en otras tantas novelas, incluso en algunos ensayos. Todo eso fue la saga Fundación de Isaac Asimov, saga que suele considerarse el pináculo de la literatura de ciencia ficción de la llamada Era Dorada.

Dicha Era marca el momento en el que las historias de ciencia ficción se hicieron populares tanto con la crítica como con el público. Inicia, según, a finales de los años 30 y acaba por 1950, década en el que esas historias-ideas comenzaron a utilizarse como base de películas de mediano presupuesto que poco a poco fueron conquistando nuevas audiencias en todo el mundo.

La saga Fundación plantea, primero, la idea de que el final de todo es inminente y que al ser humano, con todo y sus saberes y tecnologías, le resultará imposible evitarlo. Pero ¿Qué pasaría si se realizaran una serie de micro eventos aquí y allá, todos basados en meras teorías y que serán perpetrados a lo largo de miles de años?

¿Bastaría eso para alterar un poco dicho fin? ¿Servirá para albergar alguna esperanza, aunque eso entre en territorios ignotos?

Hari Seldon es un científico que desarrolla la teoría de la psicohistoria. Parte matemática, parte psicología, parte antropología, parte filosofía y, bueno, también parte alquimia, mediante complejos teoremas se anticipa que el fin del Imperio Galáctico gobernante, uno enclavado en tradiciones feudales, será dentro de treinta mil años. Por ello, elabora un complejo plan que abarcará a generaciones enteras, además de provocar algunas crisis intergalácticas. Todo para asegurarse que cualquier cosa que resulte tras el inminente desplome del Imperio sea algo que ha aprendido de sus errores y que deje atrás la idea de: Siempre han confiado en la autoridad o en el pasado, nunca en sí mismos.

Solo que su verdadero plan consiste en agrupar a dos grupos de científicos, artistas e ingenieros en dos colonias para que sean las bases de lo que resulte de la caída del Imperio. Caída que ocurriría en mil años y no en los 30 mil anunciados.

Esas dos colonias se desarrollarán en los extremos de la galaxia y cada una serán ignorante de la existencia de la otra. La razón oficial de la existencia de la primera, será elaborar una enciclopedia que concentre todos los saberes en un lugar para la posteridad.

A cada una las llamarán Fundación. La creación de ese par de Fundaciones se le delega al Imperio mediante una ingeniosa estratagema que incluye que dichas autoridades olviden la existencia de ambas colonias. Solo aporten los recursos necesarios para su creación y no se inmiscuyan en su desarrollo.

Seldon pensó al dedillo el plan y sabiendo que no sobreviviría para comprobar si se cumplirían o no sus vaticinios, guardó parte de sus conocimientos e ideas en una réplica virtual suya que vive dentro de una máquina que se abrirá cada tantos años: la Bóveda del Tiempo.

Ese es apenas el arranque de la saga. Otra idea tras Fundación está en cuestionar qué sucedería en caso una sociedad aprendiera a predecir, mediante la ciencia, eventos futuros.

¿Qué sería del predeterminismo entonces?

Asimov responde ese cuestionamiento planteando que de todas formas lo impredecible acabaría filtrándose, porque eso es lo que nos hace humanos: ser subjetivos, azarosos, caóticos.

De ahí la existencia de El Mulo. Su papel reside en representar el caos que acabará certificando, digamos, al orden.

Y esas son las dos fuerzas en las que se basa toda existencia.

Y a propósito de esos elementos caóticos, Asimov deja bien claro que para él: La violencia es el último recurso del incompetente. Así que en gran parte de Fundación se plantea en cómo los personajes intentan por todas las formas posibles el no recurrir a la violencia.

Se entiende. Isaac Asimov comenzó a escribir los relatos originales durante la 2da Guerra Mundial. Por esos años, trabajó para el ejército de Estados Unidos como químico civil en una base militar y como muchos, se preguntaba si aquel conflicto iría a cambiar a la humanidad entera cuando terminara. Si aquella guerra, aquella experiencia iba a servir de algo. También se preguntaba, sin saber aún cuál sería el resultado del conflicto, qué vendría después. Y, claro ¿Es que nadie había previsto que algo así sucedería?

Fundación y sus ramificaciones son respuestas a todas esas interrogantes, y también para las que vinieron después. Además recordarnos, desde esa propia Bóveda del Tiempo de letras, que:

Cualquier dogma, basado primariamente en la fe y el sentimentalismo, es un arma peligrosa usada sobre los demás, puesto que es imposible garantizar que el arma nunca se vuelva contra el que la emplea.

Atentamente, el Duende Callejero

Ideas como dardos

Taffy Brodesser-Arkner
Taffy Brodesser-Arkner

En su primera novela, Fleishman está en apuros (2020, Umbriel editores), la periodista y editora Taffy Brodesser-Arkner (1975, Nueva York) se dedica a lanzar ideas a diestra y siniestra. Y lo hace como si cada una de ellas fueran dardos y ella hubiera accedido a lanzarlos con una venda cubriéndole los ojos desde la mitad de un bar, en pleno sábado por la noche y tras beberse unas cervezas.

Esto quiere decir que no todas esas ideas-dardos dan en el blanco. Asunto que, entiendo, es lo que debería importar si aquí se tratara de escribir sobre un deporte, o cualquier cosa que se considere ese asunto de lanzar dardos. Solo diré que todas esas ideas-dardos dan en algo.

Y todas logran provocar algo que solo podría llamar: dolor fantasma.

Dichas ideas-dardos no están relacionadas con un matrimonio y su consecuente disolución. Escribo esto porque uno no se debe quedar con lo que dice la sinopsis que trae el libro. De hacerlo, se pensaría que esta novela solo va de un cuarentón que se casó justo cuando iniciaba su despertar sexual con una mujer que jamás pensó que le haría caso, y que luego de varios años juntos, en los que hubo días y semanas y meses buenos y también días y semanas y meses malos, las diferencias hasta entre la estatura de ambos acabaron pesando más que todos esos sentires que experimentaron cuando la vida unió sus caminos.

Dos exitosos profesionales viviendo el tiempo de sus vidas. Él con su puesto en un hospital. Es considerado un buen médico y mentor. Un cambio en su carrera es algo que siempre está a la vuelta de la esquina: ser jefe de ser área, tener un mejor sueldo. Cuestión de tiempo y paciencia.

Ella, una huérfana que se hizo a sí misma. Con unos ingresos mayores que los de él, y por ello con la última palabra sobre en qué se gasta, dónde se vive, a dónde se hace el viaje, además de a dónde van a estudiar sus dos hijos. Sin embargo, cada día vive más para su trabajo que para su marido o incluso para sus hijos.

Y eso es lo que comienza a lastrarlo todo.

El personaje del que se habla y al que se sigue es Toby Fleishman. Un hepatólogo cargado de rencores e inseguridades desde adolescente, y cuando inicia la novela está en su primer verano de soltería. Obsesionado con su figura luego de ser obseso y solitario en sus años de formación, se obliga a una dieta saludable que cada día le cuesta más mantener. Y no porque le falte fuerza de voluntad, sino porque para eso se necesita dinero y mano para poder pedir la comida que desea en un restaurante sin que los meseros piensen que les está insultando.

Toby estuvo casado catorce años con Rachel, que trabajaba en una agencia creativa que abandonó luego de entender que jamás llegaría a tomar las decisiones importantes por ser mujer. Así que inició una exitosa carrera representando a un puñado de celebridades que ella se encargó de formar a pulso. Los Fleishman acuden a toda cita social que pueden y deben en pos de aspirar a una vida que, de plano, no es ni será suya. Y aquí está uno de esas ideas-dardos que lanza Brodesser-Arkner:

… cuando se nace rico nunca se sabe realmente lo que es tener obligaciones o sobrevivir, por mucho que se crea lo contrario. Ahora bien, cuando uno deseaba hacerse rico, el recuerdo de estar abajo y lo fácil que era volver allí perduraba para siempre.

Es en ese mundo en el que vales por dónde estás viviendo y por cuánto tiempo, por dónde comes y cuánta propina dejas, y a dónde te invitan y quién lo ha hecho; la relación de los Fleishman comienza a derretirse como si les hubiera caído ácido. Y lo hace precisamente porque los dos se encuentran en una competencia por ver quién es el que gobierna la relación.

Rachel piensa que las cosas no se ganan, se arrebatan. Mientras que Toby piensa que:

La ambición puede existir sin que consuma toda tu vida… Las personas buenas no necesitan ambición. El éxito llega y los encuentra… Aquellos que son competentes y excelentes acaban siendo recompensados por sus capacidades y excelencia.

Brodesser-Arkner hace que Toby sea un personaje interesado por ser considerado bueno.

Desde ser un buen esposo, un buen padre, un buen amigo, un buen médico. Un buen compañero de trabajo. Incluso un buen amante.

Había pasado toda la vida preocupado cuando solo debió tener confianza en que existía un plan especial para todo el mundo. Aunque no tener confianza formaba parte del plan.

Y a su vez, cuestiona esa creencia desde una perspectiva bastante interesante: le quita la red de protección que era su vida conyugal. Así que, en el momento que una joven interna le instala una aplicación de citas, Toby debe tragarse sus palabras. Porque vivirá una serie de encuentros sexuales en los que las palabras bueno o plan no tienen cabida.

Así, Toby Fleishman se convierte en un paria que aglutina a toda una generación que pasó del tener que salir a coquetear con cualquiera que captara su interés, a navegar entre cientos y miles de ignotos cuyas intenciones, pasiones, deseos y vidas siempre nos serán desconocidos. Y con ello, salta otra idea que, caray, vaya que resume este tiempo que vivimos:

… la vida es un proceso en el que coleccionas personas y luego las descartas cuando dejan de servirte.

Una madrugada, Rachel deja a sus dos hijos con Toby y desaparece de sus vidas. Pasan días y luego semanas, y también pasa que esa rutina que Toby ya se había creado: trabajar, comer con ese solterón llamado Seth, ir a yoga y luego citarse con una desconocida a la que jamás volverá a ver-probar-tocar, luego, y solo si está en la agenda, acudir a algún evento de sus hijos; explota ¿Dónde está Rachel? ¿Por qué no contesta sus mensajes ni ha ido por sus hijos? ¿Qué quiere demostrarles? ¿Habrá muerto?

La desventura de esa crisis es vista y narrada por Libby. Compañera de Toby y Seth desde sus años de estudiante y con una crisis propia ¿Por qué, a pesar de tener una vida perfecta, que incluye un marido que la quiere, que la desea y que la consciente; una hija sana y curiosa; y una carrera profesional que de momento abandonó por la crianza, pero que sabe que la podrá retomar cuándo quiera, no se siente ni feliz ni completa?

Y piensa. Piensa mucho en qué puede estarle pasando. Y sus pensamientos van desde el haber intelectualizado su vida al grado de justificar sus sinsabores citando a Maslow en medio de una borrachera:

Pero en cuanto te casas, cuando satisfaces esa necesidad, te preguntas si querías casarte o no. El único problema es que, para cuando adviertes que puedes acceder al amor, ya estás casado, y resulta terriblemente cruel y engorroso deshacerlo por el solo hecho de que no sabías que no lo desearías tras obtenerlo.

Fleishman está en apuros es una novela rabiosa pero serena. Plagada de contradicciones insufribles, pero tan cercanas que quizá sirva para que más de un lector o lectora se sonroje.

Una novela con un puñado de ideas-dardos que suelen dar en las partes blandas. Saca sangre mientras nos cuenta que:

… le habían dicho siempre que amar era no tener que pedir perdón nunca. Pero no. En realidad, solo cuando te divorciabas dejabas de pedir perdón.

Cierto, ninguno de sus personajes es agradable. Ni ese colérico Toby, que tanto desea que se reconozca sin siquiera alzar la voz. Ni la fantasmal Rachel, cuya coraza de acero que ha portado por años lleva rato oxidada y rota. Menos Libby, que desde su atalaya desea tener al menos uno de los varios dramas de sus amigos y solo para que se le quite la modorra de esa vida cómoda en la que se metió por algo que creyó que era amor.

Aunque también es una reflexión sobre la vida misma, que tanto manipulamos y complicamos solo por cumplir un cliché: el sentirnos vivos. Reflexión desde la jodida punta de otra idea-dardo:

No estamos hechos para comprender los finales. No estamos hechos para entender la muerte. La característica principal de la muerte es continuar siendo un enigma.

Eso mismo podría decirse de la vida.

O quizá deba escribir: debería decirse de la vida.

... Todo está de cabeza
Todo está de cabeza

Atentamente, el Duende Callejero

Realismo Sucio y “Cohetes Rojos”

Simon Rex y Suzanna Son en una escena de Red Rocket de Sean Baker
Simon Rex y Suzanna Son en una escena de Red Rocket de Sean Baker

En febrero, el cineasta y escritor norteamericano Mick Garris entrevistó a Sean Baker (1971, Nueva Jersey) para su podcast Post Mortem.

Lo curioso es que el podcast de Garris se especializa en charlas con autores y cineastas relacionados con el horror, el terror y el fantástico, por lo que la obra de Baker, que la componen siete largometrajes, tres cortometrajes y algunos capítulos de series televisivas, difícilmente entra en cualquiera de los cajones de Garris.

De querer etiquetar la obra de Barker, diré que es algo cercano al realismo sucio.

El tal realismo sucio es una corriente que surgió en la literatura norteamericana durante la década de los setenta que tiene como contexto ciudades grandes y/o pequeñas, que entre sus temas está el presentarnos historias mundanas en ambientes sórdidos en los que no hay lugar para la redención de sus personajes. Las tramas que se plantean bajo esa bandera se decantan en el precio que algunos deben pagar por querer alcanzar el manido Sueño Americano.

Porque tras cada historia de éxito ¿Cuántos fracasos podemos contar?

¿Y quién se ocupa de esas historias?

Al presentar a su invitado, Garris habló de ese detalle sobre la obra de Baker. Y como justificación contó que la razón por la que decidió invitarlo a su podcast fue que vio su última película, Red Rocket (2021, Estados Unidos), y quedó encantado.

Le agradezco la decisión a Garris, porque la charla con el también director y co-guionista y director de The Florida Project es un deleite de principio a fin.

Gracias a ella, sabemos un par de cosas sobre Red Rocket que sobrepasan la mera anécdota. Una de ellas es que la película parte de una vieja idea: contar la historia sobre el mundo del porno.

En el 2012, Barker y el guionista Chris Bergoch se inmiscuyeron en ese mundillo con la idea de hacer una película que tuviera que ver con la gente que trabaja tanto frente como detrás de las cámaras. Pero no querían hacer un juicio. Su intención era presentarla como una labor más que algunos hacen para tener un sustento.

Lo que salió de esa incursión fue su cuarta cinta, Starlet. Pero las bases de lo que luego sería Red Rocket quedaron ahí.

Starlet se centró en una joven mujer que entra en el mundo del porno mientras que Red Rocket va de un hombre que ya tuvo su momento de gloria en dicha industria, pero que, ya retirado y plagado de deudas y moretones, regresa a su ciudad natal preguntándose ¿Y ahora?

Baker no es partidario de contar una historia en actos, eso también lo sabemos por su plática con Garris, así que su Red Rocket sería como asomarse en la vida de un puñado de personajes durante un momento de su vida y luego abandonarlos a su suerte sin saber qué pasará con ellos luego de que corran los créditos. Eso sí, su criatura, ese monstruo encantador llamado Mikey Davies (Simon Rex), que regresa a Texas para pedirle posada a su ex-mujer Lil (Bree Elrod) luego de prometerle que por fin cambiará su vida, resultará inolvidable.

Mikey es un depredador todo sonrisas y labia. Sus promesas, lo sabremos pronto, suelen acabar en el bote de basura que se encuentre más cercano. Y es partidario de ir improvisando sobre la marcha. Así pasa de pedir un empleo, que le niegan por su pasado, a servirle a un puchador y luego, tras conocer a la joven pelirroja y pecosa Strawberry (Suzanna Son), imaginar un regreso glorioso al mundo del porno que, claro, será su perdición.

Otro dato que conocemos gracias a la entrevista con Garris es que tenemos Red Rocket debido al COVID.

Barker estaba preparando una producción justo cuando inició la pandemia, por lo que la producción quedó detenida. Tras pasar unas semanas esperando que todo volviera a la normalidad, como nos sucedió a todos, poco a poco fue entendiendo que aquello iba a tomar tiempo. Esa fue la razón por la que sacó del cajón el tratamiento de Red Rocket, habló con productores y con su equipo, y decidió que ese proyecto no iba a necesitar muchos recursos, así que se podía hacer en un ambiente controlado y en poco tiempo.

Ah, y sobre tan curioso título, solo diré que aunque la traducción literal no sería: Cohete rojo. Verán, aquí vale el dicho de piensa mal y acertarás.

Atentamente, el Duende Callejero

Quijotes Urbanos

Álex de la Iglesia
Álex de la Iglesia

Álex de la Iglesia (1965, Bilbao) es un realizador cuyo pecado jamás será la sutileza.

Sus películas (y series, como 30 monedas), además de mezclar géneros, acumular referencias, no medirse en cuanto a guiños y lanzar una que otra diatriba contra el estado del mundo (o de España, según sea el caso), lo hacen a ritmo frenético, ajeno a todo consabido concierto y sin que le importe mucho si vamos a acompañarlo hasta el final del viaje o de plano nos bajaremos en algún punto indeterminado del trayecto.

Y no debe extrañarnos que nos sintamos cansados luego de ver alguna de sus obras. La forma en la que narra de la Iglesia es la de alguien al que le apura llegar a algún lugar porque necesita desactivar el artefacto explosivo que sabe que un jefe terrorista ha accionado. Artefacto al que le quedan pocos segundos para llegar al cero, por cierto. O, bueno, también puede que narre como si fuera ese jefe terrorista que necesita dejar el artefacto en el lugar que sabe que hará más daño. Solo que decidió llevarlo con el cronómetro ya corriendo y poco le importa si estalla con el chunche.

Que hay obras mayores y menores en su filmografía, es algo que ni se discute ni debe causar sorpresa. Lo interesante es que difícilmente encontraremos dos cintas con tramas o con tonos similares. Como ya apunté, ni hablar de géneros. Porque aquella película que inicia como una heist movie de manual, va por los diez minutos cuando se transforma en una cinta de horror que, de paso, nos hará lanzar una risita incómoda cada tantas secuencias.

No negaré que las películas de Alex de la Iglesia me causan tal curiosidad que durante años las consideré piezas de caza. La culpa la tuvo El Día de la Bestia (1995, España), la primera película que le conocí gracias a un VHS que renté ya no sé qué tantas veces (y que, cuando el encargado del videoclub anunció que cerraría, acabé comprando).

A veces olvido que El Día de la Bestia merece un puesto en esa infame lista de películas que cada Navidad deben de revisarse. Porque, fuera del insulso debate sobre si es una cinta navideña o solo una película cuya trama ocurre en vísperas de, la historia que narra la deja fuera de dicha discusión.

Verán, el padre Ángel (Álex Angulo), estudioso de teología, acaba de hacer un descubrimiento en el libro del Apocalipsis: la fecha y el lugar en el que nacerá el anticristo. Y esa fecha y ese lugar será en la noche de Navidad de 1995 en Madrid. Así que, para detener al maligno y salvar a la humanidad, el padre inicia una cruzada en la que cometerá todos los pecados posibles con tal de acercarse a la maldad y así impedir que ocurra tal evento. Y para ello, se hace acompañar de un amante del heavy metal, José María (Santiago Segura) y, a la fuerza, del charlatán televisivo de moda, Cavas (Armando de Razza), que se vende como síquico y experto en lo oculto.

En mi opinión, El Día de la Bestia es una de las mejores adaptaciones de El Quijote que se han llevado al cine. Porque, en el fondo, lo que de la Iglesia hizo fue eso: presentarnos cómo sería un Quijote en la España de mediados de los noventa.

Porque en un mundo que borda con el caos, la violencia y la desolación, lo único que será capaz de mantener el orden será alguien que se tome en serio la misión de traer orden, paz y esperanza cueste lo que cueste.

Atentamente, el Duende Callejero