Sobre @duendecallejero

2019-01-23 19.30.11

Durante años padecí aracnofobia, pero como ahora soy padre de familia me resulta difícil mantener dicho vicio.

Uno de mis primeros recuerdos tiene que ver con una tarántula que atrapé en un campo de entrenamiento militar en el que solía jugar cuando era pequeño.

Recuerdo que vi a aquel animal caminando lerdamente por el pasto. Me pareció un bicho bastante curioso. Si he de creerme, entonces afirmaré que tomé al bicho con mis manos desnudas y que luego salí corriendo para mostrárselo a mi madre.

La casa en la que entonces vivía estaba a unas cuatro, quizá cinco cuadras de ese campo militar en el que encontré a la tarántula. Quería preguntarle a mi madre qué clase de bicho era ese que se retorcía entre mis dedos. Creo que el grito proferido por ella, mi madre, al verme entrar en casa con tan negra (y peluda y revoltosa) flor negra es lo que mantiene vivo a dicho recuerdo.

También confieso que ya no me dan tanto miedo los payasos, ni los ositos de la Coca-Cola, ni los fanáticos del llamado canto nuevo. Sí, hay razones por la que mi miedo por esas tres nefastas cosas ha ido menguando. Las irán conociendo si se quedan algo de tiempo en este espacio.

Lo prometo.

Debo decir que me importa un bledo que exista la música norteña. Y los agujeros negros. Y el fútbol, el béisbol, las películas de Pixar, la (mal) llamada izquierda mexicana y también la derecha. Sigo creyendo que la paciencia es la única virtud a salvar en este mundo que siempre está a dos pasos para irse a la mierda.

Pero no creo nada en eso que la sociedad se empeña en llamar: sentido común.

No sé si soy abstemio o simplemente me divierte que los demás se pongan ebrios. Sé que me gusta ser testigo de cosas. Tengo una amiga que es bruja (y coleccionista, dice ella) a la que quiero mucho y que espero que siga sabiendo lo que ella sabe.

Odio la ley antitabaco y el horario de verano.

¿La razón? Que Tavares lo diga:

“Como se sabe, es en las pequeñas cosas en las que muchas veces se hacen visibles las futuras ruinas.”

Gonçalo M. Tavares, Historias Falsas

Bastaría decir que soy Agustín Galván.

Que durante una (larga) temporada tuve un segundo nombre: Timoteo.

Que hace años (muchos, muchos, muchos años) alguien que ya no se llama como se llamaba entonces decidió llamarme Duende Callejero luego de una serie de encuentros y desencuentros en varias calles en este cada vez más caótico mundo.

Que luego de todos esos años (muchos, muchos, muchos años), una amiga (ahora perdida) me sugirió hacer un blog (ahora difunto). Y que tras pasar tres o cuatro minutos pensando en un nombre para ese blog difunto blog, recordé que hace años (muchos, muchos, muchos años) alguien que ya no se llama como se llamaba entonces decidió llamarme Duende Callejero, y listo, acabé poniéndole a aquel difunto blog: La Filia y la Fobia del Duende Callejero.

Saludos a todos. Sean bienvenidos a este nuevo-viejo espacio. Ah, quizá algún día vean un poco de pornografía en este espacio.

Tengan un poco de fe y paciencia.

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