Canciones que no cantarán los muertos

Portada de El Canto del Cisne o Swan Song
Portada de El Canto del Cisne o Swan Song

El Canto del Cisne o Swan Song, publicada originalmente en 1987 pero que leí en 1992-1993 gracias a la edición de Martínez Roca, es la Gran Novela de Robert R McCamon (1952, Birmingham Alabama).

Y él lo sabe, vaya que lo sabe.

Aunque en 1989, apenas dos años después de la aparición de su épica, publicó, en el número 22 de la revista Mystery Scene, una diatriba en la que orondamente dijo:

Swan Song… is ancient story to me… I want more from myself, and I don’t plan on letting anybody belive for a second that Swan Song is going to be a laurel wreath on my head.

Y en 1992, cinco años después, seguramente tras evaluar lo logrado con sus otras publicaciones, Stinger de 1988, The Wolf’s Hour de 1989, la colección de relatos Blue World de 1990, MINE o Mary Terror también de 1990, Boy’s Life o Muerte al Alba de 1991 y Gone South o Huida al Sur de 1992, McCamon simplemente decidió retirarse de la escritura. Aunque su retiro acabó en el 2002, cuando, además de quitarse la R de Rick, publicó Speaks the Nightbird, novela histórica en clave de horror que inaugura la saga de Matthew Corbett, que continuó con Queen of Bedlam del 2007, luego vendrían Mister Slaughter del 2010, The Providence Rider del 2012, The River of Soul del 2014, Freedom of the Mask del 2016 y Cardinal Black del 2019.

Lo siento, en verdad lo siento McCamon, pero El Canto del Cisne o Swan Song sí es y me temo que será la corona de olivo perfecta para tu cabeza.

Y acá ente nos, no importa que luego renegara del horror. Se sabe que en la década de los noventa, el señor prohibió las reediciones de sus primeras cuatro novelas, Baal o El Príncipe de los Infiernos de 1978, Bethany’s Sin de 1980, Night Boat también de 1980 y They Thirst o Sed de Sangre de 1981. Además, en 1991, en un artículo para la revista Lights Out! dijo que…

The field of horror writing has changed dramatically since the mid- to late-’70s. At that time, horror writing was still influenced by the classics of the literature. I don’t find that to be true anymore. It seems to me that horror writing, all writing, no matter what genre, needs to be about people, first and foremost. It needs to speak to the pain and isolation we all feel, about the disappointments we have all faced and about the bravery people summon in order to get through what is sometimes a crushing day-to-day existence. Again, I don’t find that to be generally true of the horror field as we enter the ’90s. Something of rubber stamping and cookie cutters has gotten into this field, and it’s an unfortunate fact that even the best writing is judged not by its own merit, but by what the general public understands to be real horror-namely, the brutal and brainless garbage that Hollywood throws out as entertainment for the lowest common denominator.

Tampoco importa que dijera que le apenaba que tanto Los Angeles Times y Publishers Weekly dijeran que con El Canto del Cisne o Swan Song estaba al nivel de Stephen King, principalmente por las similitudes que hay con The Stand, original de 1978 y cualquiera de la saga The Dark Tower, o de Peter Straub, seguramente por Talisman, publicada en 1984 y co escrita con King, además de Ghost Story, original de 1979.

El Canto del Cisne o Swan Song es una novela fantástica y larga, 900 y tantas hojas. Una road-novel que inicia apocalíptica, continua post-apocalíptica, y culmina volviéndose una correcta revisión al inmortal cuento sobre la última lucha entre el bien y el mal.

Revisión no exenta de belleza, compasión, locura, violencia, horror, aventura y, vaya, esperanza.

Cinco personajes que caminan y caminan primero en un mundo convulso, confortado por los miedos y manías de la Guerra Fría, pero que extrañamente no se sienten tan lejanos a nuestros pandémicos tiempos. Luego caminan y caminan por un erial poblado por amenazas mutantes y desolación. Cada uno con sus historias a cuestas, vivirán y sobrevivirán un desastre nuclear solo para comprender que en sus actos yace el verdadero futuro de la humanidad.

El Canto del Cisne o Swan Song logra lo que muchos escritores han ansiado, el estampar correctamente la posibilidad de un nuevo inicio luego de nuestra larga y enfermiza relación amorosa con el fuego o ese legado-condena de Prometeo, hijo de Jápeto y Asia, o, según Esquilo, de Temis y de Gea. Algo que según McCamon no solo nos permitió evolucionar como sociedad hasta alcanzar el dominio tecnológico, sino que acabó siendo nuestra innegable perdición.

El fin del mundo tal y como lo conocemos. El Canto del Cisne o Swan Song alterna la polifonía capitular que toda épica que intenta retratar el caos debe presentar, por un relato seriado que, por 95 capítulos, completarán la historia en la que Sue Wanda Prescott, o Swan, se convertirá en leyenda gracias a sus manos, que inexplicablemente pueden devolverle la vida a las plantas aún en medio de tal devastación.

Best seller atípico, aunque vendió los suficientes ejemplares como para aparecer en las listas del New York Times, ganó el premio Bram Stoker a mejor novela de horror en 1988, y sigue en la lista de Jones & Newman de los mejores 100 libros de horror en los últimos 500 años, El Canto del Cisne o Swan Song es una novela prácticamente desconocida. Heredera más de Richard Jefferies o de Richard Matheson que de los citados King o Straub, pilar sobre el que se funda una obra mayor como The Road de Cormac McCarthy.

El Canto del Cisne o Swan Song, además de ser una rabiosa oda al átomo y al monstruo que todos llevamos dentro, también es un apreciable homenaje a la que quizá sea nuestra mejor cualidad…

El fabular.

Atentamente… El Duende Callejero

Una Segunda Oportunidad

Fotograma de His Dark Materials

En 1995 se publicó Northern Lights, primer libro de la trilogía His Dark Materials de Philip Pullman (1946, Norwich).

Considerado por el mercado editorial como una serie de novelas juveniles cuya trama se desarrolla en un mundo similar al nuestro, pero anclado en la era Eduarda (la Inglaterra de 1900-1910), con rasgos de steampunk.

En dicho mundo, el gobierno lo tiene El Magisterio, una turbulenta institución creada luego de la desaparición de la iglesia católica y la explosión de diversas instituciones religiosas, todas rivales.

Tras el Magisterio está el intento por agrupar a todas esas instituciones bajo un solo estandarte. La idea es mantener una paz a la fuerza. Pero las diferencias siempre han pesado más que cualquier similitud. Tenemos a la historia de la humanidad para comprobarlo.

Cuando nos adentramos en ese mundo, una teoría está atrayendo y escandalizando a muchos. Dicha teoría plantea la existencia de un elemento que está manifestándose en algunos seres. Dicho elemento les está despertando una consciencia autónoma que se manifiesta con actos rebeldes. Dichas manifestaciones, además, causan un desarrollo inusual de inteligencia que hace peligrar el influjo del Magisterio y su gobierno totalitario.

Y, volviendo a la historia de la humanidad, sabemos que no hay nada que una a todo aquello que está dividido, como los diferentes grupos religiosos que se pelean el poder en este mundo, que descubrir que existe un enemigo en común.

Dicho enemigo es ese elemento recientemente descubierto, El Polvo. Así es como lo llaman.

Pullman citó como inspiración la obra de William Blake. También, El Paraíso Perdido de John Milton, que, recordemos, relataba la caída de Lucifer y cómo éste acepta esa derrota como parte de un plan mayor. Gobernar la Tierra, porque esa es ese Infierno tan temido. Porque, y va la cita, mejor reinar en el infierno que servir en el cielo.

¿Así va, verdad?

Pero volvamos. También se cita el ensayo En el Teatro de las Marionetas del poeta romántico Heinrich von Kleist.

La tesis de Pullman es que, como la historia la cuentan siempre los ganadores, y viendo cómo nos ha ido con el relato oficial ¿Qué tal si el bando que debió ganar fue el de la oscuridad y no el de la luz?

Polémica como pocas obras de ficción catalogadoras como juveniles, His Dark Materials fue adaptada sin éxito en el cine en el 2007.

La película, dirigida y co escrita por Chris Weitz, con Tom Stoppard como co guionista, es la triste pionera de una moda que seguirá en los años consecuentes. El de fallidas adaptaciones de exitosas sagas literarias que nunca logran la adaptación completa de la saga.

Porque el plan de New Line Cinema al dedicarle casi doscientos millones al proyecto era valerse del éxito del El Señor de los Anillos o, para el caso, Las Crónicas de Narnia, y llenarse los bolsillos con las ganancias que tendría.

Pero el público lector de la saga desechó la idea de limpiar la trama de toda crítica teológica en favor de una encausada en temas como una boba guerra entre magia blanca y la magia negra, o de una revisión del colonialismo sin la incidencia de la religión.

Qué decir de plantear lo fantástico sin anclas ideológicas y como mero despliegue de efectos especiales que, por cierto, cosecharon premios.

Por ese fracaso en taquillas, cuando BBC One y HBO anunciaron su plan de volver la saga una serie de televisión a estrenarse aquel 2019, con ocho capítulos que no buscaban adaptar el primer libro sino sintetizar gran parte de la trama de las tres novelas originales, más de uno levantó la ceja y dijo ¿Para qué?

Sin embargo, resultó que esos ocho capítulos estuvieron bien. No cumplieron la promesa, porque sí se centraron en adaptar el primer libro, Northern Lights. Mientras que la segunda temporada se centró en el segundo, The Subtle Knife. Y en diciembre pasado, desde las oficinas de HBO se anunció que sí habría una tercera temporada, que será la última y seguramente adaptará The Amber Spyglass. Así que ya puedo decir que hay cosas que sí merecen una segunda oportunidad.

Y esta adaptación de His Dark Materials es una de ellas.

Atentamente, el Duende Callejero