Tres de un (im)perfecto par

En el 2014, Ira Sach (1965, Memphis) nos presentó Love is Strange, una melosa y a la vez contundente historia de amor protagonizada por dos titanes: Alfred Molina y John Lithgow.

El par interpretó a una longeva pareja homosexual que un día deciden formalizar su relación casándose. Y eso, el mero hecho de firmar unos papeles, desencadena una serie de desgracias para ambos: iniciando con el despido de George (Molina) a su trabajo de años, hasta la necesidad de replantearse si en verdad les conviene seguir juntos viendo la serie de obstáculos que comienzan a apilarse tras esa salida del closet legal.

Todo un éxito de crítica y público, a Love is Strange le siguieron Little Men del 2016, y, en el 2019, Frankie.

Ambos títulos, que Sach volvió a escribir con Mauricio Zacharias, aunque consiguieron buenas críticas no tuvieron ese momento que sí tuvo Love is Strange. Sin embargo, decir que ese traspié restó interés por ver cuál sería su siguiente proyecto, francamente sería exagerar.

Así llegamos al estreno de Passages (2023, Francia y Alemania) en el festival de cine de Sundance y su temprana adquisición para su distribución internacional por parte de MUBI (hecho que limitó su participación en festivales europeos debido a las políticas relacionadas con el estreno en salas y su posterior pase en servicios de streaming). Y tal parece que estamos ante un nuevo momento en la carrera del también director de Keep the Lights On.

La película, escrita de nueva cuenta por Zacharias y Sachs, ahora junto con Arlette Langmann, sitúa su acción en París. Ahí conocemos al irritante director de cine alemán Tomas Freiburg (Franz Rogowski), esposo del estoico artista gráfico inglés Martin (Ben Whishaw).

Luego de finalizar la producción de su nueva película, Tomas se va a festejar y en el bar conoce a una joven maestra francesa que presume ser un espíritu libre llamada Agathe (Adèle Exarchopoulos).

Tomas baila con ella, ambos se besan y, claro, acaba en la cama.

Por la mañana, Tomas se encuentra con Martin y le confiesa que acaba de acostarse, otra vez, con una mujer y que quiere hablar sobre ello con él. También le dice que sintió algo que no había sentido en mucho tiempo.

La respuesta de Martin no es estridente ni demuestra sorpresa. Él simplemente le dice: Eso es lo que siempre pasa cuando terminas una película. Y puede que sea cierto, eso es lo que siempre pasa, pero la indiferencia de Martin hace que Tomas decida probar los límites de su relación. Por ello, Tomas busca a Agathe y le dice que se está enamorando de ella. Y ella también le responde con una indiferencia parecida a la de su esposo, pero lo cierto es que ese territorio nuevo y espinoso que ambos están explorando comienza a absorberlos sin que ellos se resistan.

Y obviamente, eso irá succionando y lastrando a todos los que los rodean.

Es en ese punto en el que Sach deja que sean los cuerpos de sus actores los que definan el devenir de este improbable trío. Bueno, los cuerpos, y sus movimientos y fluidos, y también la cámara de Josée Deshaies.

Con Passages, Sach y sus colaboradores nos presentan una muestra de que el cine de y para adultos sigue siendo relevante.

Más en estos sumisos y mansos tiempos cinematográficos que llevamos tanto tiempo padeciendo.

Atentamente, el Duende Callejero

Agustín Galván

Estás en el blog: filias y fobias de @duendecallejero. Inicié escribiendo sobre mis gustos y disgustos en materia de cine y literatura en algún momento del 2003. Solo que entonces fue en otro lugar, en otro espacio (ahora fallecido). La versión que ahora vistas es nueva (aunque ya tiene sus años). Gracias por la visita y si te apetece, deja tu comentario.