En alta mar nadie oirá tu grito

Pienso que Dangerous Animals (Australia, Canadá y Estados Unidos – 2025), escrita por Nick Lepard y dirigida por Sean Byrne, pudo ser un modesto éxito en taquilla de haberse estrenado a finales de los noventas.

Y lo digo porque tras The Silence of the Lambs (1991), cada tanto llegaban a la taquilla mundial varios thrillers que jugaban con querer llevar al género hasta terrenos insospechados. Y generaban buenos números en taquilla, alentando a productores a seguir apostando a este tipo de proyectos.

Desde la atmosférica Se7en (1995) hasta la curiosa Fallen (1998), pasando por Kiss the Girls (1997) y Jennifer 8 (1992). Todas tuvieron un común denominador: la presentación de un asesino serial elusivo que traía en jaque a los protagonistas.

Y eso es lo que hace hasta cierto punto la cinta dirigida por Byrne.

Todo porque el punto de vista de la narración se centra en el carismático asesino serial Bruce Tucker (Jai Courtney), que al menos en los primeros minutos de la cinta puede presumir de poder cometer el tan cacareado asesinato perfecto una y otra vez. Todo porque se dedica a llevar turistas a vivir la aventura de su vida: ver a tiburones en su hábitat y tenerlos a centímetros de distancia gracias a una jaula que Tucker baja desde su barco.

Su éxito en los asesinatos se debe a que escoge bien a sus víctimas. Todos son jóvenes, viajan en pareja, no tienen muchos recursos, nadie los espera en tierra, y resulta difícil que lo relacionen con él. Les ofrece un precio justo y ya en alta mar, atrae a los tiburones con carnada y les habla sobre de qué tipo y qué tan peligrosos son. Obviamente la joya es tener a un tiburón blanco rodeando el barco. Tucker siempre termina ofreciendo como carnada-tributo a uno de los turistas, que despacha sin mucha ceremonia quedándose con la otra persona, usualmente una mujer, a la que droga y mantiene en su barco por días.

De joven, Tucker sufrió un ataque de tiburón y eso lo dejó con la idea de que los animales son figuras míticas a las que hay que honrar. No son esos asesinos despiadados que ha pintado la cultura popular (por cierto, la versión cinematográfica de Jaws, culpable de ese miedo, acaba de cumplir 50 años). Hay animales más peligrosos que los escualos. Por ejemplo, los mosquitos.

Tucker acaba realizando una suerte de ritual con el turista que dejó vivo. Lo hiere y baja para que sea devorado vivo. Videograba todo para disfrutarlo luego, en privado.

Ya solo con esa premisa que, acá entre nos, no es nueva (en el 2011, en plena fiebre de cintas que se estrenaban en 3D, tuvimos Shark Night, y en ella hay un grupillo que hace negocio videograbando a jóvenes vacacionistas que son atacados por varios tipos de tiburones que ellos mismos metieron en un lago de agua salada), Dangerous Animals se roba nuestra atención. Sumemos que Byrne sabe lo que hace tras la cámara, que el guion Lepard no se decanta por ese mal que aqueja a muchas películas hoy en día: la sobre explicación. Y como cereza en el pastel, además de su duración, tenemos la interpretación de Courtney que solo mediante sus gestos, poses, voz y cuerpo, deja claro todo lo que debemos saber sobre su criatura.

¿Y dónde está el problema entonces?

Pasa que la cinta cambia totalmente con la llegada de la intrépida surfista norteamericana Zephyr (Hassie Harrison), un alma libre que cruzará su camino con Tucker. Y como los dos tienen tanto en común, la colisión hará olas y teñirá el agua de rojo sangre. Pero no debido la mordida de algún tiburón, sino por los encontronazos que tendrán Tucker y Zephyr en el barco.

Y aunque Byrne logra mantener el interés mientras que ambos personajes juegan el manido juego del gato y el ratón en un espacio tan reducido como lo es un barco en alta mar (con sus ceñidos guiños al Hitchcock de Lifeboat y Frenzi, al Polanski tanto de Nóz w wodzie como de Repulsion, y hasta al Phillip Noyce de Dead Calm). Así que para cuando regresan los tiburones y los tributos, junto con ese giro relacionado con el supuesto salvador de la damisela en peligro que interpreta Moses (Josh Heuston), nosotros ya estamos enredados en otros asuntos, así que acabamos con algo que se siente anticlimático.

Pero aún así, con la magra oferta de estrenos en este fin de verano, estos Dangerous Animals, que por cierto tuvo se estreno en el pasado Festival de Cannes durante la quincena de realizadores, resulta la mejor opción para zambullirse en una sala de cine. Sea con jaula o no.

Atentamente, el Duende Callejero

Agustín Galván

Estás en el blog: filias y fobias de @duendecallejero. Inicié escribiendo sobre mis gustos y disgustos en materia de cine y literatura en algún momento del 2003. Solo que entonces fue en otro lugar, en otro espacio (ahora fallecido). La versión que ahora vistas es nueva (aunque ya tiene sus años). Gracias por la visita y si te apetece, deja tu comentario.