Resulta que, podría decirse que hay una constante en las películas que ha dirigido Yorgos Lánthimos (1973, Atenas). Se trata de algo que podemos notar desde su primer largometraje en solitario, Kinetta (2005). Resulta que aunque todas sus historias ocurren en el planeta Tierra (y eso incluye a The Lobster y su adaptación de la novela de Alasdair Gray: Poor Things, escrita por Tony McNamara), todos sus personajes parecen ser visitantes de otros mundos.
Lo curioso es que en Bugonia (2025; Estados Unidos, Irlanda, Canadá, Reino Unido y Corea del Sur), única de sus cintas y cortometrajes que se supone que tiene que ver con eso: visitantes de otros mundos, es en la única que encontraremos a personajes que sí se comportan como terrestres.
Ansiosos, nerviosos, algo histéricos. Pero terrestres.
Y a esa novedad le podemos sumar que hasta en el apartado técnico: encuadres, movimientos de cámara, color, diseño de audio, música y edición, Bugonia es la película más formal de la filmografía de Lánthimos.
Por eso pregunta se siente obligada ¿Y por qué pasará eso?
La única respuesta que se me ocurre es: porque es lo que le faltaba hacer al amigo Yorgos.
De nuevo, si revisamos su filmografía veremos que hemos tenido ficciones históricas, coqueteos con el surrealismo y con el thriller y con el cine fantástico; y en Kinds of Kindness, su anterior cinta, realizó una antología ¿Qué es lo faltaba?
Pues la película industrial.
Con un guion de Will Tracy que adapta el que escribió Jang Joon-hwan para Jigureul jikyeora! (2003, Corea del Sur), en Bugonia conoceremos a Teddy (Jesse Plemons), un apicultor que vive con su primo Don (Aidan Delbis) en una casa estancada en varios pasados generacionales.
Teddy se la pasa contándole a Don sus teorías mientras se preparan, dice él, física y mentalmente para su misión. Teddy piensa que las abejas son los animales más importantes de la naturaleza debido a que son las encargadas de la polinización, pero se están muriendo. Y su aparente extinción no se debe a un evento natural, sino que es obra de los Andrómedas, una raza de extraterrestres que hace años llegaron a la Tierra y viven entre nosotros y están haciendo con nuestro planeta lo mismo que hicieron con el suyo: destruirlo debido a su ambición.
Y cuando terminen, levantarán anclas y se irán a otro planeta.
O algo así.
La verdad Teddy solo tiene claro que la raza extraterrestre es la causante de todos los males y que tanto él como su primo deben detenerlos. Así que lo que hacen es secuestrar a Michelle (Emma Stone), la directora general de una empresa farmacéutica que es la principal fuente de empleo de los habitantes del pueblo que está cerca de la casa en la que viven los primos. Y harán eso porque Teddy está seguro (hasta dice que tiene pruebas) de que Michelle es una Andrómeda y piensa que eliminándola salvarán a la Tierra.
El asunto es que Teddy es un conspiranoico y por ello necesita, antes de salvar la Tierra eliminando a Michelle, demostrarse y demostrarle a la empresaria que él tiene razón. De eso se vale el guion de Tracy y la dirección de Lánthimos para poner a Stone y Plemons a dar sendas lecciones de actuación. Y solo por esos duelos vale la pena ver esta cinta que, acá entre nos, no nos presenta a ningún personaje que nos agradable o que deseemos que triunfe (y sí, ya sé que Stone sin pelo y con un poco de maquillaje parece extraterrestre, pero continuemos).
Y resulta curioso que Bugonia se sume a esos otros títulos que se han estrenado en los últimos años en el que su trama gira en torno a teorías de la conspiración.
La razón por la que, entiendo, muchas personas abrazan dichas teorías es porque prefieren la supuesta lógica que le dan a todo que, como dice Michelle, afrontar que a veces las cosas pasan sin ninguna razón aparente.
Les aterra pensar que el caos es lo que verdaderamente reina en el universo, no la razón o la lógica o la fe.
Solo que Lánthimos no se ríe de eso. Y esa es otra novedad.
¿Desperdicia la oportunidad?
No.
Más bien lo que opta por hacer con Bugonia (término que, por cierto, refiere a la teoría de la generación espontánea) va más en la línea de querer meditar sobre lo que estamos dispuestos a hacer con tal de tener unos ¿minutos? ¿horas? ¿segundos? de paz aferrándonos a la idea de que podemos tener razón en algo.
Controlar nuestra paranoia un poco. Antes de estallar, quizá.
Atentamente, el Duende Callejero…







