Mujer al Borde de un Ataque de Nervios

Tilda Swinton, en una escena de The Human Voice de Pedro Almodóvar

A ver, comencemos con lo obvio.

Pedro Almodóvar (1949, Calzada de Calatrava) ya se había batido en duelo con el monólogo de Jean CocteauLa Voix Humaine. Primero, lo usó como referencia de un personaje en la película La Ley del Deseo de 1987 y, segundo, es la base de la película que lo convirtió en un referente internacionalMujeres al Borde de un Ataque de Nervios de 1988. Solo que en esa segunda ocasión le bastó tomar prestada la premisa de la pieza teatral, que va de una actriz que tiene una crisis emocional luego de que se entera, mediante una serie de llamadas telefónicas, que el que fuera su amante de varios años ha decidido seguir su vida sin ella y sin que medie alguna explicación; así que acompañamos a la mujer mientras habla por teléfono con el hombre en el departamento que compartieron.

En Mujeres al Borde de un Ataque de NerviosAlmodóvar intercala la historia de la actriz con otros personajes, cada uno con sus respectivas crisisprovocadas por relaciones también fallidas o de plano peligrosas (por ahí hay una que tiene de amante a un hombre que en ese momento es buscado por terrorismo). Y claro, todas ellas acaban colisionando en un espectáculo colorido y bastante agridulce.

Carmen Maura en una escena de Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios (1988, España) de Pedro Almodóvar

La marca de la casa Almodóvar.

Lo cierto es La Voix Humaine es un texto que el manchego simplemente no puede dejar atrás. Como muestra, la versión del 2020 que presentó en el Festival de Venecia y que desde el viernes pasado está disponible en la plataforma MUBIThe Human Voice (2020, España), su primera película en inglés, protagonizada por Tilda Swinton.

En esta versión, de compactos 30 minutos, Almodóvar los copa con referencias a obras que admira (ahí están los DVDs y Blu-rays que la anónima protagonista organiza, junto con el título de los libros que aparecen aquí y allá en el departamento), junto con esas autorreferencias a su obra, que van desde el título de una de sus películas lanzado en una línea (obviamente La Ley del Deseo) hasta el mismo departamento, tan similar al de la película de 1988.

La historia sigue siendo la de una actriz ya entrada en años que espera a su amante en el departamento que compartieron junto a su perro y sus maletas. Esa actriz es Tilda Swinton. Sin embargo, el juego al que nos invita Almodóvar a jugar es lo que genera interés. Porque desde sus primeras momentos nos deja claro que estamos ante una puesta en escena: el departamento es un set, la actriz es una actriz que interpreta a una actriz, todo en el lugar es falso.

Y no debe extrañarnos ese acartonamiento, puesto que Almodóvar produjo esta película justo en medio de la pandemia y por ello, parte de esta nueva versión incorpora esa sensación de aislamiento, desconciertoy desespero que seguramente más de uno sintió durante aquellos primeros meses de encierro. Esos momentos en los que el único contacto humano era o una voz salida de algunos audífonos o del teléfono. Así que, mientras Swinton se pasea tanto dentro como fuera de ese set hablando con alguien que solo ella conoce mediante un set de audífonos inalámbricos, listando todo lo que está a punto de perderse, sobre lo mucho que duele y enoja esa distancia y ese destino; uno simplemente no puede dejar de preguntarse si está hablando verdaderamente de una relación amorosa o de todo aquello que comenzamos a perder desde finales del 2019.

Y que desde entonces, como ella, simplemente estamos aprendiendo a dejar atrás.

Atentamente, el Duende Callejero

A río revuelto

Bradley Cooper en un momento de Nightmare Alley de Guillermo del Toro
Bradley Cooper en un momento de Nightmare Alley de Guillermo del Toro

En 1946, año en el que oficialmente termina el conflicto bélico iniciado por ese hombre con bigote de Chaplin que invadió Polonia, al alguna vez cantante folk, además de periodista y actor William Lindsay Gresham (1909-1962) le publican su primera novela, Nightmare Alley.

Basada en las experiencias que tuvo cuando trabajó como afanador en una feria itinerante en sus años de juventud, Nightmare Alley centra sus dardos en esa fascinación y a la vez repulsión que despertaron en Gresham las rutinas de los mentalistas que él presenció y cuyas faenas ayudó a realizar.

Los mentalistas, esos personajes que, mediante diferentes técnicas y artimañas hacen creer a su público que pueden leerles la mente o que están en contacto con espíritus de seres queridos. Gresham, con su relato sobre el auge y la caída de uno que deja atrás una feria de mala muerte y se convierte rápidamente en una celebridad, deja claro que admira las argucias que esos personajes crean para tener éxito en esa área del ¿entretenimiento? Pero que a su vez desprecia cómo muchos se valen de las creencias y los desesperos de su público para obtener beneficios económicos extra. Así que su novela resulta un morality play que en más de un momento mira fijamente al proverbial abismo, consciente de que ese abismo le está regresando la mirada.

En 1997 el director y guionista jalisciense Guillermo del Toro (1964, Guadalajara) comenzaba la producción de su primera película hollywoodense, Mimic, cuando sus familiares le informaron que su padre había sido secuestrado.

Obviamente del Toro hizo una pausa en la producción y regresó a Guadalajara. En varias ocasiones ha contado que durante esos días, muchos amigos y conocidos se le acercaron para ofrecerle ayuda y consejos. Uno de esos consejos fue: cuídate de los mentalistas, no tardarán en aparecer.

Del Toro cuenta que en efecto, cuándo llegó con su madre ahí estaban ya varios mentalistas que, a cambio de dinero, claro, le ofrecían ponerse en contacto con el secuestrado o dar pistas sobre su paradero. Esa vileza hizo que, como le ocurrió a Gresham tantos años antes, se interesara en ese fragmento del mundo del entretenimiento que acaba lucrando con las creencias y las desesperaciones de las personas. Así llegó no solo a la novela de Gresham, también a la adaptación cinematográfica estrenada en 1947, que escribió Jules Furthman, dirigió Edmund Goulding y que, según otras historias, su protagonista Tyrone Power se empeñó en que la difunta 20th Century Fox la produjera.

Power vio en la figura de Stan Carlisle, protagonista de la historia, una forma de escapar a su imagen de galán de moda.

Por eso debemos entender que esta nueva versión de Nightmare Alley (2021; Estados Unidos, México y Canadá) no es un mero remake de la cinta de 1947. Escrita por del Toro y Kim Morgan, protagonizada por Bradley Cooper y Kate Blanchett, junto con Tony Collette, Rooney Mara y Willem Dafoe, estamos ante una nueva adaptación y actualización de la novela de Gresham que, además, viene a sumarse a esas cintas que tienen como centro narrativo a un personaje cuya forma de vida es el engaño.

Personajes carismáticos, incluso prodigiosos, cuyo mayor pecado resulta ser que acaban creyéndose y enredándose en sus propias mentiras.

Películas tan pertinentes y necesarias en estos tiempos de hipocresía e ignorancia por parte de figuras públicas, y en especial políticos que o presumen ser machos alfa todoterreno como Donald Trump o castos y puros como YSQ. Esperpentos cuyo mayor interés parece ser el obtener ganancia, popularidad o simplemente poder de todos esos ríos revueltos que van dejando en su tránsito sin comprender que para erigir un legado basado en mentiras además de ser necesaria una buena memoria, también lo es el no acabar creyéndose todas las tonterías que dices o repites.

Atentamente, el Duende Callejero

La Domesticación

Philip Roth
Philip Roth

Philip Roth murió el 22 de mayo del 2018 por una afección cardiaca. Tenía 85 años y había anunciado su retiro de la literatura el 2010.

Escribió una treintena de novelas, además de varios cuentos y ensayos. Fue uno de los escritores más importantes del siglo XX, que además de presentarnos personajes fascinantes, como ese alterego suyo, Nathan Zuckerman, también nos obligó a replantear la relación que hay entre realidad y ficción.

Sus obras son intrincadas piezas de relojería que lejos de dejarse llevar por relatar una trama o describir los arcos dramáticos de sus personajes, suelen rozar la diatriba, la confesión o ambas, cuestionándonos ya sea trágicamente o cómicamente, sobre qué es eso que nos hace humanos.

En el 2016, Akiva Gottlieb de Los Angeles Times escribió: las películas no pueden hacerle frente a su poderosa narrativa, menos a su candor, y hasta connotados cineastas han claudicado en su intento por adaptarlo.

La verdad es que solo hay un puñado de películas basadas en sus obras. Supongo que en los años por venir habrá más. Igual que series de televisión. Aquí va, como homenaje, un rápido recordatorio de qué novelas o relatos se le han adaptado.

En 1960, Joel Rapp adaptó el cuento que Roth publicó en la revista Esquire: Expect the Vandals. La película se llamó Battle of Blood Island y relata la historia de dos soldados norteamericanos, únicos sobrevivientes de un fallido ataque, que deben resolver sus diferencias para sobrevivir al asedio del ejercito japonés que los acompaña en una isla.

Luego, en 1969, vendría Goodbye, Columbus de Larry Peerce con guion de Arnold Schulman, que adaptaba amablemente la primera novela de Roth. Mi pregunta sobre esta película es ¿No se urgió su adaptación buscando algo que secundara el éxito de El Graduado? Porque parece más un remake de aquella que una adaptación del debut literario de Roth.

En 1972, Ernest Lehman escribe y dirige la que será su única película como director: Portnoy’s Complaint, que, intentando matizar la crudeza del texto, además de su sucia sátira, acaba siendo un desastre. Y para colmo, ese mismo año Woody Allen entrega Everything You Always Wanted to Know About Sex – But Were Afraid to Ask.

Y digo eso de para colmo, pues el espíritu de Roth está más presente en la cinta de Allen que en la de Lehman. Digo, ese mismo año Roth publicaría una novela corta llamada The Breast. Un homenaje a Kafka, según dijo. Pero, caray ¿Recuerdan uno de los capítulos de la película de Allen?

Es hasta el 2003 que Roth regresa al cine vía The Human Stain de Robert Benton con guion de Nicholas Meyer. Buena cinta para ver en este clima de corrección política que vivimos.

En el 2008 Isabel Coixet toma el guion de Nicholas Meyer y presenta su versión de The Dying Animal con la película Elegy, única hasta hoy que presenta ese otro alterego de Roth: David Kepesh. Aquí interpretado por Ben Kingsley.

En el 2014 Barry Levinson dirige The Humbling, con un guion de Buck Henry y Michal Zebede. Según eso fue idea de su protagonista, Al Pacino, el hacer la adaptación que, caray, sufre precisamente por su presencia.

Y, bueno, para el 2016 se estrenaron, primero, Indignation dirigida y adaptada por el experimentado productor James Schamus, de todo el paquete, la más recomendable, y, segundo, American Pastoral con un guion de John Romano y dirigida por Ewan McGregor.

Una película que quizá nunca debió producirse y de la que quizá escriba luego.

Finalmente, Irena Pavlásková escribe y dirige una versión de The Prague Orgy que se estrenó en el 2019 y, en el 2021, tenemos la adaptación de Deception, que dirigió y co-escribió Arnaud Desplechin.

En esta película que, por cierto, no he visto, el actor Denis Podalydès interpreta a un novelista norteamericano llamado Philip y es la razón por la que escribo este texto.

Ah, y un año antes, en el 2020, David Simon y Ed Burns presentaron la serie de seis episodios The Plot Against America. Basada, claro, en su novela sobre qué hubiera pasado si, en 1940, el ganador de la elección presidencial de Estados Unidos hubiera sido Charles Lindbergh. Un hombre que simpatizaba con Adolf Hitler.

Las películas domestican a Roth, lo doman.

Eso lo dijo Ross Posnock, un profesor experto en el autor. Y eso es cierto, ese ha sido el gran error que se comete cada que adaptan alguna de sus obras: la domesticación.

Atentamente, el Duende Callejero

Lo que está hecho, hecho está

Kathryn Hunter como Hécate en The Tragedy of Macbeth de Joel Coen

En su segundo largometraje que tiene su estreno mundial en una plataforma digital luego de The Ballad of Buster Scruggs del 2018, estrenada en Netflix, y primero que realiza sin su hermano Ethan, Joel Coen decide sumarse a la lista de cineastas que producen una adaptación de la obra escocesa de William Shakespeare. Así que, desde hace unos días en Apple TV podemos ver The Tragedy of Macbeth (2021, Estados Unidos), una abreviada y pesadillesca versión en la que Coen nos ofrece una de las adaptaciones más cinematográficas de la obra.

La trama, que va sobre la ambición desmedida y sus fatídicas consecuencias, se mantiene intacta. Cierto, algunos diálogos han cambiado, escenas o han sido omitidas o han sido reinterpretadas. Incluso algunos personajes han ganado peso mientras que otros han sido disminuídos. Pero, a pesar de esos detalles que para nada son menores, me atrevería a decir que estamos ante una de las versiones más fieles de la obra.

Una versión que incluso aprovecha su artificiosa puesta en escena para sumergirnos justo en el dilema moral en el que viven sus personajes: el reino de Irlanda es una ruina ¿Y por ella vale la pena matar o morir? Dilema que, como bien se señala en un momento clave de la obra: Las cosas que comienzan con el mal, solo se afianzan con el mal.

Macbeth, que en esta ocasión no es un ambicioso hombre de mediana edad, sino un cáustico noble ya entrado en años que ha dado su vida para preservar la paz, y que es interpretado por Denzel Washington, regresa a su castillo luego de lograr otra victoria para el Rey Duncan (Brendan Gleeson). Va acompañado del fiel Banquo (Bertie Carvel) cuando se encuentra a una o mejor dicho unas mujeres. Ella o ellas son Hécate, aquí interpretada soberbiamente por Kathryn Hunter. Ella o ellas le comunican a los viajeros algunas profecías. La primera es que se refieren a Macbeth con un título que aún no posee y luego le vaticinan que será rey. Mientras que a Baquo lo llaman el padre de un rey.

Basta ese encuentro y esas palabras para plantar en la cabeza de Macbeth la ambición.

Tantas batallas ganadas, tantas cicatrices en su cuerpo y tantos años dedicados a la causa deberían ser compensados, piensa él. Y qué mejor forma de hacerlo que con la corona del reino de Irlanda. Y cuando ese primer título augurado por Hécate le llega a causa de que el que lo portaba es acusado de traición, Macbeth se toma en serio la profecía de que él será el futuro rey.

Solo que cuando Duncan hace público que el heredero al trono será su blando hijo Malcolm (Harry Melling) y no él, entiende que para lograrlo deberá actuar así sea acabe derrumbando todos esos valores y códigos que tanto ha defendido todos estos años.

Y quién lo apoya, aconseja e incluso lo alienta para lograr tal causa es su esposa, interpretada por Frances McDormand.

Así, mientras las traiciones, las escenas clave y los conocidos diálogos van haciendo su acto de presencia, poco a poco esas oníricas y pastosas imágenes capturadas por la cámara de Bruno Delbonnel nos van recordando que cuando nos dejamos llevar por la ambición del poder, solo estamos ante: … un cuento contado por un idiota… Lleno de ruido y de furia, que no significa nada.

Denzel Washington como Macbeth en The Tragedy of Macbeth de Joel Coen

Atentamente, el Duende Callejero

De castillos, horrores y bendiciones papales

Fotograma de Castle Freak, de Stuart Gordon

Recordemos…

En 1994, Stuart Gordon (1947-2020) es seducido por Charles Band y su productora Full Moon. Le propone regresar a terrenos conocidos con una tercera adaptación de un texto de Lovecraft. Su título, Castle Freak.

Sí, recordemos…

Diez años antes, Gordon, entonces un actor y director teatral, decide incursionar en el cine con una adaptación, en tono paródico, de uno de los pocos textos del serio HP Lovecraft que pueden considerarse una novela (corta).

El resultado fue la celebrada Re-Animator.

Un año después, Gordon vuelve a adaptar a Lovecraft. Pero ahora se pone serio. El resultado es la maravillosa From Beyond. Diré que de sus adaptaciones lovecraftianas, esa es mi favorita. Pero para su carrera, ese fue el primer y quizá más grave traspié.

¿Por qué digo eso? Bueno, porque partir de esa película se dedicó a perpetrar títulos con corridas comerciales ridículas, o direct-to-video-movies.

Así pasaron años. Gordon regresó al teatro y solo volvió a ponerse detrás de las cámaras cuando algún productor lo llamaba con un proyecto ya armado. Él cumplía sacando adelante la película, recibía su paga y a lo que sigue.

Sí, caray, recordemos…

Su mayor éxito durante esa etapa fue un vehículo de lucimiento de Christopher Lambert, Fortress, de 1992. Película que inició siendo un proyecto para Arnold Schwarzenegger.

Me gustaría decir que el éxito Fortress sirvió para levantar la carrera de Gordon. Pero solo ayudó a que Lambert obtuviera mejores papeles y a que se le diera luz verde a un puñado de películas con temáticas similares. Entre ellas, No Escape de 1994.

Fue en ese momento que Charles Band le ofrece esa suerte de come-back gracias a Castle Freak. Y lo hizo con un cheque en blanco.

El guion, firmado por Dennis Paoli y revisado por Gordon, estaba inspirado en un relato de Lovecraft llamado The Outsider.

Versión de The Outsider de HP Lovecraf, leída por Victor Rodriguez para el podcast Wrong Reel

Lo que Paoli y Gordon hicieron fue transformar ese relato en primera persona que narra las consecuencias de un abuso extendido por años, en una más que notable película de horror gótico que, además, le rinde un sincero homenaje a varias películas de horror italianas de finales de los sesenta y principios de los setenta. Me refiero a títulos como Castle of Blood de 1963, Terror Creatures from the Grave de 1972, The Terror of Dr. Hitchcock de 1962, Nightmare Castle de 1963, The Bloody Pit of Horror de 1969 y hasta House at the Cemetary de 1981.

Recordemos…

Castle Freak inicia con un cliché.

Una viejita tiene un hijo deforme. Lo mantiene recluido en una de las mazmorras del castillo en el que viven.

El castillo es enorme, viejo, oscuro y está en Italia.

La viejita lo alimenta con carne cruda. Lo insulta, le teme pero a la vez lo veja lo suficiente como para que ese ente acabe teniéndole miedo a ella.

Así han pasado 40 años.

La viejita muere, dejando al ente a su suerte.

Bueno, no tanto. La viejita tenía muchos gatos y, lo sabemos, esos animales son muy curiosos.

El caso es que, para seguir con el cliché, resulta que la viejita le hereda el castillo a un pariente lejano, John Reilly, interpretado, but of course, por Jeffrey Combs.

Él es un norteamericano clasemediero que acaba de pasar por una crisis familiar y que, al enterarse de la herencia, se obsesiona con llevarse a su ya descarrilada familia a Italia en un desesperado intento por salvar su matrimonio.

El problema de John, una fuerte adicción al alcohol que derivó en violencia domestica, adicción al sexo y en un accidente automovilístico con consecuencias mortales.

Su esposa Susan, interpretada, en efecto, por Barbara Crampton, no está convencida con la mudanza. Aunque John ya se rehabilitó y ella siente que debe darle una segunda oportunidad, le está resultando muy difícil perdonarle su responsabilidad en el accidente automovilístico que dejó ciega a su hija Rebecca (Jessica Dollarhide) y en el que murió el menor de los Reilly.

La idea de John es llegar, ver la propiedad, firmar los papeles que se necesiten firmar, ponerla en venta, contratar a alguien para que se encargue de los asuntos legales, pagarle su comisión, y pasar unos días en algún lugar turístico de Italia como familia.

El problema es que las cosas no le salen de acuerdo al plan.

Todo porque los Reilly acabarán teniendo que quedarse en el castillo. John lo explora, descubre la cripta familiar y ahí encuentra unas fotos que lo aterran. Uno de esos parientes lejanos guarda un enorme parecido con su hijo muerto. Por eso, al caer la noche, John y Susan discuten acaloradamente sobre su situación. Dicha discusión despierta en John su gusto por la violencia, así que intenta golpear a Susan pero logra controlarse y mejor huye al pueblo. Se mete en un pub y rompe su veda personal de alcohol.

Mientras, en otro lado del castillo, Rebecca comienza a explorar inexplicablemente por los lugubres pasillos. Pronto sentirá que hay alguien más cerca. Bueno, no solo lo siente, también lo escucha.

En las mazmorras, histérico, el ente… Bueno, para entonces sabemos que su nombre es Giorgio (Jonathan Fuller), comprende que hay extraños en su castillo, así que se escapa para descubrir quiénes son.

Y John regresa al castillo, ebrio y con una prostituta. Intenta tener sexo con ella. Pero fracasa. Así que, destruido, la deja y es Giorgio el que la encuentra y, en una escena escabrosa, da cuenta de ella.

Entonces, comienzan a aparecer cuerpos.

Cuerpos mutilados.

Todo aquel no-familiar que visite el castillo acabará mordisqueado o desmembrado.

Pronto, la policía llamará a la puerta del castillo y acusarán a John no de los cadáveres, sí de las desapariciones. Mientras, Giorgio seguirá su asedio. Poco a poco va comprendiendo qué es lo que está pasando. Y se obsesiona con su prima, Rebecca.

Al entender que si hace que la policía se lleve a John, las dos mujeres quedarán a su disposición, Giorgio sigue con su masacre hasta que el mismo John, ahora sí fugitivo de la justicia, decide confrontarlo con tal de salvar a su familia.

Y por supuesto, para lograrlo deberá sacrificar lo único de valor que le queda. Su precaria vida.

El final de Castle Freak, fuera del acartonado escenario y del desparpajo de Combs, adquiere tonos trágicos inesperados. El duelo final es el de dos monstruos en lo alto de un decadente castillo que tantos horrores ha resguardado. Cada uno tomando un extremo de una cadena.

Gracias a la eficiencia de un Gordon en plena forma, aunque no con los mejores recursos técnicos, comprenderemos que todo este cuento giró en torno a una pregunta ¿A fin de cuentas, qué es un monstruo?

Y aunque cualquiera pueda adivinar el final o responder la pregunta que se formula, no importa. El chiste es verlo, verlo de nueva cuenta y sin que medie nada. En Castle Freak, las consecuencias del abuso dentro del entorno familiar son el mayor horror al que puede enfrentarse cualquiera. Eso es lo que hace al monstruo. Y salir indemne de ese abuso demandará su consabida libra de carne.

Gordon vaya que sabe cómo contarnos una historia ya conocida cientos de veces, logrando, sin empantanarse mucho con las truculencias o con los tiempos muertos quesque reglamentarios en pro-de-conocer-a-un-personaje, un producto que sale de la medianía que tanto huele y sabe a mediocridad.

Por cierto, a la mitad del rodaje, Charles Band le informó a Gordon que por asuntos financieros (Full Moon se fue a pique a la mitad de los noventa), Castle Freak acababa de quedarse sin la mitad de su presupuesto. Así que le cheque en blanco que le han ofrecido acababa de botar.

Esa es la razón por la que Castle Freak no se vio en salas de cine.

A Gordon no le importó. Él trabajó con el mismo empeño, sorteando cualquier problema técnico que le fuera apareciendo, como esas locaciones mal iluminadas, esa carencia de escenarios y de utilería, esa única cámara que, se nota, lo complicó todo a la hora de hacer varias tomas a la vez.

Gracias, digamos, a esa serie de infortunios que alargaron el proceso de edición por un año, Gordon tuvo que quedar fuera de esa otra adaptación a Lovecraft de Full Moon. Adaptación que, por cierto, apareció primero que su Castle Freak. The Lurking Fear, dirigida por C Courtney Joyner.

Luego de entregar Castle Freak, el buenazo de Gordon se nos vuelve a perder. O, bueno, regresa a dirigir varias películas tristemente célebres. Hasta que de señales de seguir vivo diez años después con Edmond, pero esa es otra historia.

Para finalizar, una anécdota. Y a ver si ustedes la creen.

Resulta que en uno de sus días de producción (parece que fue en el siguiente tras revelarse la noticia del corte del presupuesto), el equipo de Castle Freak se encontró con una extraña comitiva a las puertas del castillo en el que filmaban. Un castillo que era propiedad de Charles Band, por cierto. Y como buenas personas, salieron a ver qué querían.

Resultó que el Papa Juan Pablo II andaba en los alrededores, en peregrinación, y estaba pasando a bendecir a las casas y a las personas del lugar.

La comitiva venía solo a avisar.

Inmediatamente todos los de la producción fueron a contárselo a Gordon, a los actores y al resto del crew. Y para cuando pasó el Papa, todos estaban en fila esperando su bendición, incluyendo Fuller completamente caracterizado como Giorgio.

Según eso nadie de la comitiva, ni el mismísimo Papa, reparó en ello.

Supuestamente eso los alentó a librarse del bache y ponerse a trabajar. A fin de cuentas, esa era la primera (y seguramente única) película de horror que puede presumir una bendición papal

La gente tenía que verla.

Atentamente, el Duende Callejero

Una Segunda Oportunidad

Fotograma de His Dark Materials

En 1995 se publicó Northern Lights, primer libro de la trilogía His Dark Materials de Philip Pullman (1946, Norwich).

Considerado por el mercado editorial como una serie de novelas juveniles cuya trama se desarrolla en un mundo similar al nuestro, pero anclado en la era Eduarda (la Inglaterra de 1900-1910), con rasgos de steampunk.

En dicho mundo, el gobierno lo tiene El Magisterio, una turbulenta institución creada luego de la desaparición de la iglesia católica y la explosión de diversas instituciones religiosas, todas rivales.

Tras el Magisterio está el intento por agrupar a todas esas instituciones bajo un solo estandarte. La idea es mantener una paz a la fuerza. Pero las diferencias siempre han pesado más que cualquier similitud. Tenemos a la historia de la humanidad para comprobarlo.

Cuando nos adentramos en ese mundo, una teoría está atrayendo y escandalizando a muchos. Dicha teoría plantea la existencia de un elemento que está manifestándose en algunos seres. Dicho elemento les está despertando una consciencia autónoma que se manifiesta con actos rebeldes. Dichas manifestaciones, además, causan un desarrollo inusual de inteligencia que hace peligrar el influjo del Magisterio y su gobierno totalitario.

Y, volviendo a la historia de la humanidad, sabemos que no hay nada que una a todo aquello que está dividido, como los diferentes grupos religiosos que se pelean el poder en este mundo, que descubrir que existe un enemigo en común.

Dicho enemigo es ese elemento recientemente descubierto, El Polvo. Así es como lo llaman.

Pullman citó como inspiración la obra de William Blake. También, El Paraíso Perdido de John Milton, que, recordemos, relataba la caída de Lucifer y cómo éste acepta esa derrota como parte de un plan mayor. Gobernar la Tierra, porque esa es ese Infierno tan temido. Porque, y va la cita, mejor reinar en el infierno que servir en el cielo.

¿Así va, verdad?

Pero volvamos. También se cita el ensayo En el Teatro de las Marionetas del poeta romántico Heinrich von Kleist.

La tesis de Pullman es que, como la historia la cuentan siempre los ganadores, y viendo cómo nos ha ido con el relato oficial ¿Qué tal si el bando que debió ganar fue el de la oscuridad y no el de la luz?

Polémica como pocas obras de ficción catalogadoras como juveniles, His Dark Materials fue adaptada sin éxito en el cine en el 2007.

La película, dirigida y co escrita por Chris Weitz, con Tom Stoppard como co guionista, es la triste pionera de una moda que seguirá en los años consecuentes. El de fallidas adaptaciones de exitosas sagas literarias que nunca logran la adaptación completa de la saga.

Porque el plan de New Line Cinema al dedicarle casi doscientos millones al proyecto era valerse del éxito del El Señor de los Anillos o, para el caso, Las Crónicas de Narnia, y llenarse los bolsillos con las ganancias que tendría.

Pero el público lector de la saga desechó la idea de limpiar la trama de toda crítica teológica en favor de una encausada en temas como una boba guerra entre magia blanca y la magia negra, o de una revisión del colonialismo sin la incidencia de la religión.

Qué decir de plantear lo fantástico sin anclas ideológicas y como mero despliegue de efectos especiales que, por cierto, cosecharon premios.

Por ese fracaso en taquillas, cuando BBC One y HBO anunciaron su plan de volver la saga una serie de televisión a estrenarse aquel 2019, con ocho capítulos que no buscaban adaptar el primer libro sino sintetizar gran parte de la trama de las tres novelas originales, más de uno levantó la ceja y dijo ¿Para qué?

Sin embargo, resultó que esos ocho capítulos estuvieron bien. No cumplieron la promesa, porque sí se centraron en adaptar el primer libro, Northern Lights. Mientras que la segunda temporada se centró en el segundo, The Subtle Knife. Y en diciembre pasado, desde las oficinas de HBO se anunció que sí habría una tercera temporada, que será la última y seguramente adaptará The Amber Spyglass. Así que ya puedo decir que hay cosas que sí merecen una segunda oportunidad.

Y esta adaptación de His Dark Materials es una de ellas.

Atentamente, el Duende Callejero