Canciones que no cantarán los muertos

Portada de El Canto del Cisne o Swan Song
Portada de El Canto del Cisne o Swan Song

El Canto del Cisne o Swan Song, publicada originalmente en 1987 pero que leí en 1992-1993 gracias a la edición de Martínez Roca, es la Gran Novela de Robert R McCamon (1952, Birmingham Alabama).

Y él lo sabe, vaya que lo sabe.

Aunque en 1989, apenas dos años después de la aparición de su épica, publicó, en el número 22 de la revista Mystery Scene, una diatriba en la que orondamente dijo:

Swan Song… is ancient story to me… I want more from myself, and I don’t plan on letting anybody belive for a second that Swan Song is going to be a laurel wreath on my head.

Y en 1992, cinco años después, seguramente tras evaluar lo logrado con sus otras publicaciones, Stinger de 1988, The Wolf’s Hour de 1989, la colección de relatos Blue World de 1990, MINE o Mary Terror también de 1990, Boy’s Life o Muerte al Alba de 1991 y Gone South o Huida al Sur de 1992, McCamon simplemente decidió retirarse de la escritura. Aunque su retiro acabó en el 2002, cuando, además de quitarse la R de Rick, publicó Speaks the Nightbird, novela histórica en clave de horror que inaugura la saga de Matthew Corbett, que continuó con Queen of Bedlam del 2007, luego vendrían Mister Slaughter del 2010, The Providence Rider del 2012, The River of Soul del 2014, Freedom of the Mask del 2016 y Cardinal Black del 2019.

Lo siento, en verdad lo siento McCamon, pero El Canto del Cisne o Swan Song sí es y me temo que será la corona de olivo perfecta para tu cabeza.

Y acá ente nos, no importa que luego renegara del horror. Se sabe que en la década de los noventa, el señor prohibió las reediciones de sus primeras cuatro novelas, Baal o El Príncipe de los Infiernos de 1978, Bethany’s Sin de 1980, Night Boat también de 1980 y They Thirst o Sed de Sangre de 1981. Además, en 1991, en un artículo para la revista Lights Out! dijo que…

The field of horror writing has changed dramatically since the mid- to late-’70s. At that time, horror writing was still influenced by the classics of the literature. I don’t find that to be true anymore. It seems to me that horror writing, all writing, no matter what genre, needs to be about people, first and foremost. It needs to speak to the pain and isolation we all feel, about the disappointments we have all faced and about the bravery people summon in order to get through what is sometimes a crushing day-to-day existence. Again, I don’t find that to be generally true of the horror field as we enter the ’90s. Something of rubber stamping and cookie cutters has gotten into this field, and it’s an unfortunate fact that even the best writing is judged not by its own merit, but by what the general public understands to be real horror-namely, the brutal and brainless garbage that Hollywood throws out as entertainment for the lowest common denominator.

Tampoco importa que dijera que le apenaba que tanto Los Angeles Times y Publishers Weekly dijeran que con El Canto del Cisne o Swan Song estaba al nivel de Stephen King, principalmente por las similitudes que hay con The Stand, original de 1978 y cualquiera de la saga The Dark Tower, o de Peter Straub, seguramente por Talisman, publicada en 1984 y co escrita con King, además de Ghost Story, original de 1979.

El Canto del Cisne o Swan Song es una novela fantástica y larga, 900 y tantas hojas. Una road-novel que inicia apocalíptica, continua post-apocalíptica, y culmina volviéndose una correcta revisión al inmortal cuento sobre la última lucha entre el bien y el mal.

Revisión no exenta de belleza, compasión, locura, violencia, horror, aventura y, vaya, esperanza.

Cinco personajes que caminan y caminan primero en un mundo convulso, confortado por los miedos y manías de la Guerra Fría, pero que extrañamente no se sienten tan lejanos a nuestros pandémicos tiempos. Luego caminan y caminan por un erial poblado por amenazas mutantes y desolación. Cada uno con sus historias a cuestas, vivirán y sobrevivirán un desastre nuclear solo para comprender que en sus actos yace el verdadero futuro de la humanidad.

El Canto del Cisne o Swan Song logra lo que muchos escritores han ansiado, el estampar correctamente la posibilidad de un nuevo inicio luego de nuestra larga y enfermiza relación amorosa con el fuego o ese legado-condena de Prometeo, hijo de Jápeto y Asia, o, según Esquilo, de Temis y de Gea. Algo que según McCamon no solo nos permitió evolucionar como sociedad hasta alcanzar el dominio tecnológico, sino que acabó siendo nuestra innegable perdición.

El fin del mundo tal y como lo conocemos. El Canto del Cisne o Swan Song alterna la polifonía capitular que toda épica que intenta retratar el caos debe presentar, por un relato seriado que, por 95 capítulos, completarán la historia en la que Sue Wanda Prescott, o Swan, se convertirá en leyenda gracias a sus manos, que inexplicablemente pueden devolverle la vida a las plantas aún en medio de tal devastación.

Best seller atípico, aunque vendió los suficientes ejemplares como para aparecer en las listas del New York Times, ganó el premio Bram Stoker a mejor novela de horror en 1988, y sigue en la lista de Jones & Newman de los mejores 100 libros de horror en los últimos 500 años, El Canto del Cisne o Swan Song es una novela prácticamente desconocida. Heredera más de Richard Jefferies o de Richard Matheson que de los citados King o Straub, pilar sobre el que se funda una obra mayor como The Road de Cormac McCarthy.

El Canto del Cisne o Swan Song, además de ser una rabiosa oda al átomo y al monstruo que todos llevamos dentro, también es un apreciable homenaje a la que quizá sea nuestra mejor cualidad…

El fabular.

Atentamente… El Duende Callejero

Una Segunda Oportunidad

Fotograma de His Dark Materials

En 1995 se publicó Northern Lights, primer libro de la trilogía His Dark Materials de Philip Pullman (1946, Norwich).

Considerado por el mercado editorial como una serie de novelas juveniles cuya trama se desarrolla en un mundo similar al nuestro, pero anclado en la era Eduarda (la Inglaterra de 1900-1910), con rasgos de steampunk.

En dicho mundo, el gobierno lo tiene El Magisterio, una turbulenta institución creada luego de la desaparición de la iglesia católica y la explosión de diversas instituciones religiosas, todas rivales.

Tras el Magisterio está el intento por agrupar a todas esas instituciones bajo un solo estandarte. La idea es mantener una paz a la fuerza. Pero las diferencias siempre han pesado más que cualquier similitud. Tenemos a la historia de la humanidad para comprobarlo.

Cuando nos adentramos en ese mundo, una teoría está atrayendo y escandalizando a muchos. Dicha teoría plantea la existencia de un elemento que está manifestándose en algunos seres. Dicho elemento les está despertando una consciencia autónoma que se manifiesta con actos rebeldes. Dichas manifestaciones, además, causan un desarrollo inusual de inteligencia que hace peligrar el influjo del Magisterio y su gobierno totalitario.

Y, volviendo a la historia de la humanidad, sabemos que no hay nada que una a todo aquello que está dividido, como los diferentes grupos religiosos que se pelean el poder en este mundo, que descubrir que existe un enemigo en común.

Dicho enemigo es ese elemento recientemente descubierto, El Polvo. Así es como lo llaman.

Pullman citó como inspiración la obra de William Blake. También, El Paraíso Perdido de John Milton, que, recordemos, relataba la caída de Lucifer y cómo éste acepta esa derrota como parte de un plan mayor. Gobernar la Tierra, porque esa es ese Infierno tan temido. Porque, y va la cita, mejor reinar en el infierno que servir en el cielo.

¿Así va, verdad?

Pero volvamos. También se cita el ensayo En el Teatro de las Marionetas del poeta romántico Heinrich von Kleist.

La tesis de Pullman es que, como la historia la cuentan siempre los ganadores, y viendo cómo nos ha ido con el relato oficial ¿Qué tal si el bando que debió ganar fue el de la oscuridad y no el de la luz?

Polémica como pocas obras de ficción catalogadoras como juveniles, His Dark Materials fue adaptada sin éxito en el cine en el 2007.

La película, dirigida y co escrita por Chris Weitz, con Tom Stoppard como co guionista, es la triste pionera de una moda que seguirá en los años consecuentes. El de fallidas adaptaciones de exitosas sagas literarias que nunca logran la adaptación completa de la saga.

Porque el plan de New Line Cinema al dedicarle casi doscientos millones al proyecto era valerse del éxito del El Señor de los Anillos o, para el caso, Las Crónicas de Narnia, y llenarse los bolsillos con las ganancias que tendría.

Pero el público lector de la saga desechó la idea de limpiar la trama de toda crítica teológica en favor de una encausada en temas como una boba guerra entre magia blanca y la magia negra, o de una revisión del colonialismo sin la incidencia de la religión.

Qué decir de plantear lo fantástico sin anclas ideológicas y como mero despliegue de efectos especiales que, por cierto, cosecharon premios.

Por ese fracaso en taquillas, cuando BBC One y HBO anunciaron su plan de volver la saga una serie de televisión a estrenarse aquel 2019, con ocho capítulos que no buscaban adaptar el primer libro sino sintetizar gran parte de la trama de las tres novelas originales, más de uno levantó la ceja y dijo ¿Para qué?

Sin embargo, resultó que esos ocho capítulos estuvieron bien. No cumplieron la promesa, porque sí se centraron en adaptar el primer libro, Northern Lights. Mientras que la segunda temporada se centró en el segundo, The Subtle Knife. Y en diciembre pasado, desde las oficinas de HBO se anunció que sí habría una tercera temporada, que será la última y seguramente adaptará The Amber Spyglass. Así que ya puedo decir que hay cosas que sí merecen una segunda oportunidad.

Y esta adaptación de His Dark Materials es una de ellas.

Atentamente, el Duende Callejero

Notas sobre un viejo viaje a lo sobrenatural

Un señor y un libro misterioso
Un señor y un libro misterioso ¿De qué se trata? Sigan leyendo…

A ver, va una pregunta para la trivia, como dicen.

Se trata una película. Es sobre un grupo de jóvenes que va a una cabaña en medio del bosque.

Una cabaña que es propiedad de un científico que quién sabe qué trabajo está haciendo, pero necesita soledad, silencio, árboles y hartos bichos.

¿Captan el asunto? Bien, prosigamos

Los jóvenes van a dos cosas que, acá entre nos, no tienen mucha lógica (advertencia temprana para aquellos que hacen del quejarse de las reacciones lógicas de los personajes un modus vivendi, o sea esos que hacen think pieces usualmente asustándose de cómo se pensaba y vivía en el pasado o los de videos explicando cosas, aléjense de esta película, por favor). Quieren pasar un fin de semana de fiesta y ayudar al viejo con su trabajo. Uno que ninguno sabe de qué se trata, pero que dicen que harán sin chistar.

¿Y dónde está el problema con eso?

Sencillo ¿Y cómo harían los jóvenes esas dos cosas si a leguas se les nota sus ganas de party-time?

No preguntemos, mejor sigamos.

Y hasta allá van, sorteando un camino que a cada milla les anuncia que se están metiendo en un lío del que quizá no salgan bien librados. Llegan a la cabaña y, claro, el viejo no aparece por ningún lado.

En ella solo quedan los vestigios de que algo pasó ahí.

Algo malo.

Algo que está relacionado con su trabajo, la lectura de un antiquísimo libro de conjuros recién descubierto.

Esos jóvenes se darán cuenta que ese algo está rondando afuera de la cabaña, literalmente.

En el bosque encuentran huellas.

Y ese algo ahora viene por ellos.

Hasta ahí, a ver ¿qué película es la que estoy describiendo?

Para todos aquellos que contestaron The Evil Dead, o los que fueron mas allá y lanzaron el otro título con el que se le conoce al debut de Sam Raimi, The Book of the Dead (1981, Estados Unidos), francamente lo siento.

Esa no es la película.

¿Que cuál es? Ah, sigan leyendo…

En 1967, un joven llamado Dennis Muren comenzó a rondar por las calles y negocios de su natal Glendale California con una idea para una pequeña película de corte fantástico.

Platicando con conocidos, familiares, amigos de la familia y dueños de negocios, el joven planteó juntar la modesta cifra de $6,500.00 dólares.

El gancho para lograr la cifra era una escena que realizó con stop-motion. Un ser alado y de brillante color rojo aterrizaba frente a un hombre en el claro de un bosque.

La bestia alada
La bestia alada que es de color rojo, lo juro

Aunque estudió administración de empresas, Muren era un apasionado del cine.

Solo que su pasión no era el sentarse tras la silla del director o actuar, menos el escribir historias. Su interés estaba en crear efectos especiales.

Una labor a la que se dedicó profesionalmente, por cierto. En su currículo está Star Wars (1977, George Lucas), Indiana Jones and The Temple of Doom (1984, Steven Spielberg), Terminator 2: Judgment Day (1991, James Cameron) y muchas más.

Bastará decir que él, junto a Steve Williams y Mark Dippe son los pioneros del CGI gracias a su trabajo en Young Sherlock Holmes (1985, Barry Levinson), y que perfeccionaron esa técnica tanto en Terminator 2 como en Jurassic Park (1993, Steven Spielberg). Ha ganado ocho Oscares y le otorgaron uno por aportación técnica.

Volvamos a mediados de los sesenta.

El dinero que Muren pidió le fue entregado sin chistar por los convocados. Todo en pequeñas cantidades, que sumándolas dieron más que el monto que había planteado.

La verdadera idea del joven era realizar un largometraje que le permitiera perfeccionar su técnica de animación cuadro por cuadro, así que lo que contó en sus presentaciones solo se trató de la premisa inicial.

Una que se inspiraba en sus lecturas de las obras de William Hope Hodgson y de H.P Lovecraft.

Sin mediar en posibles demandas (para clavados, en la película encontraran referencias a The Lurking Fear, The Horror At Red Hook, The Shadow Out Of Time y The Haunter of the Dark, junto a elementos de la gran novela The House on the Borderland), Muren logra realizar una película de unos 40 y tantos minutos en 16mm.

Su título, Equinox… A Journey Into The Sobrenatural, que estrena localmente y es la delicia de sus amistades y amigos y vecinos y, bueno, de todo aquel que le tocara verla y aportara dinero para su realización.

Animado por los entusiastas comentarios de los espectadores, Muren muestra su película a Tonylyn Productions, productora local propiedad de Jack H. Harris, responsable del éxito The Blob de 1958. Compran el metraje y de paso contratan a Jack Woods para expandirlo.

Para eso ya casi es 1970, así que el físico de los jóvenes actores, Edward Connell, Barbara Hewitt, Frank Bonner y Robin Christopher, ha cambiado.

Para alargar la trama y lidiar con el cambio, Woods ideó una subtrama en la que él interpretó el papel de ese algo que anda rondando de aquí para allá.

Ese alargamiento sí cambió radicalmente lo ideado por Muren, dotándolo de más acción y diálogos. El resultado es una versión diferente, que doblaba al metraje original y al que le dieron un título más directo, Equinox.

Esa es la versión que se conoció en los cines. La que poco público alcanzó a ver y que quedó enlatada por años. Cosa curiosa, la vendría a rescatar la polémica sobre sí Raimi pirateó su premisa para crear sus Evil Deads.

Él siempre ha dicho que ni la conocía, pero bueno, así dicen siempre ¿no?

Acabemos con este asunto de una vez ¡Ni Muren ni Woods, menos Raimi son originales! En todo caso, sería mejor leer a Lovecraft y a Hodgson. Sin embargo, aquí estamos para recordar que hace años The Criterion Collection sacó un doble disco cargado de extras con ambas versiones para que las comparemos si queremos.

Personalmente me quedo con la de Woods, aunque sé que debatir las razones llegará a ser demasiado aburrido para muchos.

Solo diré que las actuaciones no son profesionales y como sucede cuando se discute sobre películas afines, saldrá por ahí un listillo que se pondrá a señalar los varios errores técnicos.

Digo, como si eso importara los llamados errores técnicos.

Mejor acabo el escrito.

Disfruto mucho las dos versiones de Equinox. Siempre preferiré películas como estas, realizadas con un amor que sale por los poros del celuloide hasta nuestros ojos.

¿Eres de los que solo te importa eso cuando ves una película?

Adelante, busca Equinox, dudo mucho que te puedas arrepentir de revisarla.

No es eso lo que más te importa y eres de los que se hacen los listos buscándole el tal quinto pie al gato.

Entonces evítala. Ya están por estrenar Black Widow.

Atentamente, el Duende Callejero

El podcast nuestro de cada domingo, I

Marlon & Jake read dead people
Marlon & Jake read dead people

Llevo varios años prendado de los podcasts.

Eso lo sabe cualquiera que intentara charlar conmigo cuando me encuentra o en la calle o en algún pasillo o en alguna sala de espera o en la mesa de un café o incluso en la fila del supermercado, del banco o de la tortillería.

Luego de dejarlos hablar y gesticular un rato, suelo subir lentamente el dedo índice derecho a mi oído para dar unos golpecitos en los audífonos. Luego les sonrío de lado.

Algunos preguntan qué grupo es el que estoy escuchando. Les digo que a ninguno. Que lo que escucho es un podcast.

Va una idea que espero no olvidar, cada domingo recomendaré uno de los varios podcast que suelo escuchar durante la semana.

Esta es la primer recomendación.

Marlon & Jake Read Dead People.

Estrenado a finales de enero del 2020, el podcast reúne al laureado escritor jamaiquino Marlon James y al editor Jake Morrissey de Riverhead Books. El par habla de lecturas, de películas, de personajes. Todo con una sola regla: que sus autores estén muertos.

En entrevista para The New York Times publicada el año pasado, James dijo que el podcast es la consecuencia de tantos años de discusiones públicas y privadas sobre qué libros recomiendan leer.

The thing they noticed was that we were always arguing about no-longer-living authors as if they just wrote a book last week.

Ajeno a cualquier tufillo académico o desliz chabacano, alternando la pedantería de James con el estoicismo de Morrissey, Marlon & Jake Read Dead People acaba de estrenar lo que llaman segunda temporada luego de los ocho episodios y la coda del año pasado.

Aquí les dejo el primer episodio de la llamada segunda temporada.

Un rechazo y un par de nudillos sangrantes

Chuck Palahniuk
Chuck Palahniuk

A inicios de los años noventa, el entonces mecánico Chuck Palahniuk (Pasco, 1962) fue a acampar con unos amigos aprovechando un feriado.

Desgraciadamente en el lugar del campamento protagonizó una pelea con unos vecinos ruidosos que le dejó magulladuras y moretones en varias partes del cuerpo, incluyendo el rostro y los nudillos a piel viva.

Cuando fue a trabajar, Palahniuk esperó todo tipo de inquisiciones sobre los golpes por parte de sus compañeros. Pero para su sorpresa nadie le preguntó qué le había pasado. Al contrario todos le sonrieron, palmearon y hasta le preguntaron si se había divertido.

Fue entonces que Palahniuk, que llevaba algún tiempo atendiendo los talleres literarios de Tom Spanbauer, trabajando la llamada Dangerous Writing propuesta por Gordon Lish, y que ya tenía armada una primer novela llamada Insomnia: If You Lived Here, You’d Be Home Already, notó cómo era en realidad la vida social de un adulto promedio: llena de tabúes, buscando no intimar más que con simulacros siempre cordiales y con una serie de dejos autodestructivos jamás reconocidos pero enteramente expresados en cada uno de los vicios sociales que se soportan colectivamente.

Ese descubrimiento lo inspiró a escribir una segunda novela donde enfrentaría a cada uno de ellos: Invisible Monsters, que termina en tiempo récord y la manda a varias editoriales esperando un resultado favorable.

Pero todas la rechazan argumentando casi lo mismo: está bien escrita, es una idea buena, pero es muy oscura y arriesgada como para poder comercializarla.

Palahniuk no se lo piensa dos veces. Lanza Invisible Monsters a un cajón y mejor se dedica a pulir esa primera novela que obvió. Le incluye parte de su experiencia tanto en el campamento como en el trabajo y, claro, todo los sentimientos que despertó su primer rechazo editorial.

Ah, también se convierte en miembro de The Cacophony Society de Portland.

Descrita por sus integrantes como un grupo de personas de libre de espíritu que piensan que a la vida, por lo corta que resulta, no hay que tomársela en serio, The Cacophony Society tiene su origen en el San Francisco de los setenta, cuando un hombre llamado Gary Warne inició un curso en una universidad pública. Dicho curso estaba dedicado a hacer bromas pesadas bajo la idea de que la única diferencia entre un niño y un adulto es que al adulto nadie lo está vigilando a todas horas.

Entonces el grupo se hacían llamar The Suicide Club como homenaje a un famoso trío de historias escritas por Robert Louis Stevenson.

Una novedosa reforma educativa que dio libertad a las universidades públicas para crear las asignaturas que ellas consideraran pertinentes, siempre y cuando se justificaran como una forma de explotar la creatividad del alumno, permitieron su gestación.

Las actividades de Warne y compañía incluyeron guerra de almohadas en parques, desfiles disfrazados de Santa Claus completamente ebrios en Navidad, escalar sin equipo ni permiso edificios públicos, batallas de escupitajos desde segundos y terceros pisos con resultados bastante asquerosos para las calles, un día completo desnudos realizando actividades cotidianas como ir a restaurantes, al banco, usar transportes públicos.

The Suicide Club siempre se consideraron un grupo secreto, pero sus puertas estuvieron abiertas para cualquiera que quisiera unirse. De hecho, una de sus reglas era que no se debía preguntar por el grupo a ninguno de los miembros del grupo. Y los miembros tenían prohibido hablar del grupo con cualquiera. Además, decían que cualquiera podría ya ser miembro del grupo y sin saberlo.

A pesar de las multas, demandas y encarcelamientos preventivos, lo único que pudo frenarlos fue la muerte de Warne a inicios de los ochenta.

Al tiempo fueron naciendo otros grupos similares, que igual desaparecían tras uno o dos actos públicos pero que jamás igualaron al original.

De esos grupos, solo The Cacophony Society del alguna vez miembro de The Suicide Club, John Law, ha mostrado permanencia.

En 1995, Palahniuk, ya connotado miembro de The Cacophony Society, mandó copias a varias editoriales de la reescritura de aquella primera novela que, en resumen, trataba sobre aceptar el insomnio, no combatirlo. Y de paso desenmascara a la sociedad norteamericana como una panda de idiotas funcionales que viven intentando nublar sus dolores y problemas con lo que tengan a la mano, no solucionarlos.

La cuestión fue que ahora esa novela se llamaba The Fight Club.

Consciente de que había profundizado aún más en la oscuridad con respecto a la interacción que se tiene en lo que llamamos la vida social del adulto, y que no había menguado en los riesgos que sería para una editorial comercializar una historia en la que se nos enseñaba a crear bombas caseras, se incluía una subtrama en donde se hace jabón con la grasa humana robada de las clínicas de liposucción a la que asisten las clases altas en obsesión por verse perfectos y combatir el paso del tiempo, y se formaba un ejercito clandestino que solo buscaba el caos y la destrucción, Palahniuk no esperó recibir tan rápido la carta de aceptación de la editorial William Warder Norton.

La novela, que salió publicada en 1996, relata la historia de un anónimo narrador que buscando curarse el insomnio que siente que lo consume, se vuelve adicto primero a las compras por teléfono, luego a los grupos de ayuda a desahuciados, y más tarde a un grupo de peleas clandestinas que él mismo inicia luego de conocer al enigmático y rapaz Tyler Durden en una playa nudista.

The Fight Club es una novela que sigue al pie de la letra las bases de la Dangerous Writing: escribir sobre lo que temes, escribir sobre lo que detestas, escribir sobre lo que mejor conoces, escribir con frases cortas, escribir siempre en primera persona.

Su adaptación cinematográfica, estrenada tres años después de su publicación, dirigida por David Fincher y escrita por Jim Uhls, la ha convertido en uno de los productos culturales más debatidos en los últimos 20 años.

¿Estamos ante una genial primer novela o un mero ejercicio de masturbación pública a cargo de un amateur que solo tuvo suerte?

La verdad qué importa la posible respuesta a esa pregunta. Guste o no, Chuck Palahniuk será por siempre y para siempre el autor del The Fight Club, una novela cuya película ya es de culto.

Una novela que pocos han leído, la verdad sea dicha.

Una novela que muchos dicen que desean conocer pero dicen que no la encuentran por ningún lado.

Una novela que, bueno, surgió de un rechazo y de un par de nudillos sangrantes.

Atentamente, el Duende Callejero

Los otros registros

The Ninth Configuration, 1980
The Ninth Configuration, 1980

Quizá William Peter Blatty (1928, Nueva York-2017, Bethesda) sea recordado como un autor de relatos de horror debido al éxito que tuvo su novela (y también el guion de la película) The Exorcist (novela publicada en 1971, película estrenada en 1973). Sin embargo, no debemos olvidar que la mayoría de sus trabajos estuvieron en otros registros.

Aunque, cierto, el tema de casi todos esos otros escritos, y también de las pocas películas que dirigió y de la mayoría de los guiones que escribió, tengan un planteamiento en común: decir que la mayor lucha que enfrenta cualquier individuo es consigo mismo.

Hijo de inmigrantes libaneses que llegaron a Estados Unidos huyendo de la desolación causada por la Primera Guerra Mundial en sus tierras, criado solo por su devota madre, nieta de un obispo, luego de que su padre decidiera seguir por su cuenta solo, en algunas entrevistas Blatty aseguró que vivió en más de 30 hogares durante su infancia. Su madre solía huir cada que el casero les dejaba una orden de pago o desalojo. Así fue que comprendió, y de primera mano, eso de que Home is where the heart is.

Terminó la preparatoria con buenas calificaciones, por lo que consiguió una beca para seguir sus estudios. Entró en la universidad de Georgetown y se graduó en literatura en 1950. Entonces le interesó convertirse en académico, encontrar un departamento cerca del campus y que le pagaran por seguir aprendiendo y discutiendo sus ideas con pares. Así que inició una maestría en literatura inglesa.

Pero, como ahora no obtuvo una beca, no le quedó de otra que buscar trabajo.

Fue vendedor de aspiradoras, repartidor de cerveza y hasta trabajó en diferentes áreas de un aeropuerto local. Finalmente terminó la maestría en 1954 en la universidad George Washington, solo que para esas fechas ya no le interesaba la academia.

Ahora sentía la necesidad de conocer el mundo y de tener nuevas experiencias, así que se enlistó en la Fuerza Aérea.

Su interés era ser piloto. Sabía que a ellos les pagan bien y tenían buen seguro médico. Por esos años su madre comenzó a mostrar señales de deterioro mental y le urgía encontrarle un lugar en el que pudieran atenderla. Pero, mientras llenaba solicitudes y contestaba exámenes, por sus conocimientos y aptitudes llamó la atención de la División de Guerra Psicológica del ejercito norteamericano.

La División, un departamento nada secreto del gobierno, inició labores durante la Segunda Guerra Mundial. Fue creada para combatir con contra propaganda a los nazis en territorio ocupado, difundiendo noticias falsas y creando descontento entre la población que vivía bajo su yugo.

Tanto John Huston como Luchino Visconti trabajaron en áreas de la División, ya fuera de forma directa o indirecta.

La guerra acabó, pero la División siguió operando. Tanto políticos como militares avizoraban la llegada de lo que años más tarde acabó llamándose Guerra Fría, un conflicto político, económico e ideológico entre la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (o URSS) y Estados Unidos. Por ello la División seguiría activa, intentando contener la influencia socialista en eso que llamaban mundo libre. Y para lograr esos fines, comenzaron a reclutar a jóvenes con talento en el espionaje, la política, la ideología, la sicología y que además contaran historias.

Y necesitaban que fueran buenos no solo para contar historias, también que lo fueran para crearlas.

Blatty hizo a un lado su interés como piloto y acabó siendo funcionario de primer nivel de la División dentro de la Fuerza Aérea. Fue durante su estancia en una base de Beirut que Blatty comenzó su carrera como escritor.

Sin mucho por hacer al tener un puesto administrativo en un lugar lejano a la acción, Blatty escribió algunos textos, entre ensayos, artículos e historias, que luego envió a varias revistas norteamericanas.

La mayoría fueron editados, publicados y pagados. De regreso en Estados Unidos decidió probar suerte y mandó a un editor el borrador de la que sería su primera novela, Which Way to Mecca, Jack?, que también escribió durante esa estancia en Beirut.

La novela era una sátira sobre las desventuras de un despistado oficial de inteligencia norteamericano en Líbano, y fue publicada en 1960. Obtuvo buenas reseñas, aunque pocas ventas. Pero eso no desanimó a Blatty, que se convenció de que valía la pena intentar vivir de la escritura.

Renunció a la División y a la Fuerza Aérea, y con sus credenciales comenzó a buscar un nuevo trabajo que pagara bien y que además le diera tiempo libre para seguir escribiendo.

Mientras trabajaba en el departamento de relaciones públicas de una universidad angelina, Blatty participó en el programa de televisión de Groucho Marx: You Bet Your Life. Ganó el concurso y con el dinero del premio, decidió también renunciar a su trabajo en la universidad y ahora sí dedicarse a escribir novelas de tiempo completo.

Lo que hizo fue dosificar sus gastos y escribir lo más rápido que pudo. Le publicaron tres novelas satíricas al hilo: John Goldfarb, Please Come Home! en 1963, I, Billy Shakespeare en 1965 y Twinkle, Twinkle, “Killer” Kane en 1966. Cada una con mayor éxito tanto de crítica como de público que la anterior, aunque sus ventas estaban aún lejos de considerarse de best-sellers.

Gracias a esas novelas consiguió que Blake Edwards le encargara los guiones de varias comedias que quería producir, entre ellas: A Shot in the Dark de 1964 y Darling Lili de 1970.

En esa etapa de guionista utilizó un seudónimo: Bill Blatty.

Inspirado tanto por un artículo publicado en 1949 sobre el sacerdote jesuita William S. Bowdern, como por una serie de reportajes sobre exorcismos realizados en Maryland en el año de 1949 que leyó durante sus años universitarios, además de la crisis que vivió tras la muerte de su madre en 1967, en 1971 Blatty publicó su obra más famosa: The Exorcist.

Alejado del humor, del espionaje y de los enredos amorosos de sus anteriores obras, su nueva novela se centró en la crisis de fe que vive un joven sacerdote cuya madre acaba de morir sola en un hospital psiquiátrico mientras él estaba sumido en su propia lucha al sentir que su creencia en Dios flaqueaba.

Para colmo, ese hombre en crisis se topa con el caso de una adolescente aparentemente poseída por un demonio. Y que para hacerle frente y salvar a la joven, deberá primero enfrentarse a sí mismo. Y vencerse.

Fue con esa novela que Blatty entró por fin en el primer lugar de ventas. Ayudó, claro, que The Exorcist apareció dos años después del exitoso estreno de la adaptación cinematográfica de la novela de Ira Levin : Rosemary’s Baby, dirigida por un jovencito llamado Roman Polanski. El demonio se convirtió en un buen promotor de ventas.

Gracias al éxito tanto de la película, en la que también tuvo el crédito de productor, como de la novela, que fue best-seller en todos los mercados en los que se editó, Blatty se dio un pequeño lujo: reescribir una de sus primeras novelas, la que más le gustaba, Twinkle, Twinkle, “Killer” Kane!

Interesado por profundizar más en los temas sobre manipulación ideológica que apenas humedecieron con su tinta algunas hojas del texto original, y decidido a domar el espíritu anárquico que la sumergía en las aguas de la sátira, Blatty comenzó a adaptar la que fue su cuarta novela publicada en un guion cinematográfico con la intención de volver a hacer mancuerna con William Friedkin.

El público y los productores clamaban por una secuela tanto de la novela como de la película de The Exorcist, pero él estaba decidido a seguir ocupado con un guion que nadie le estaba pidiendo y con la biografía de su madre, I’ll Tell Them I Remember You. Luego se supo que en secreto comenzó a hacer apuntes para la demandada secuela, que acabó publicando hasta 1983 con el nombre Legion y solo porque no le gustó nada la secuela que los productores sacaron, con algunos de sus personajes: The Exorcist II: The Heretic, estrenada en 1977, dirigida por John Boorman y escrita por William Goodhart.

Con el guion de Twinkle, Twinkle, “Killer” Kane! terminado, Blatty comenzó a buscar financiamiento. Muchos productores acudieron a sus citas pensando que lo que él les iba a presentar era un nuevo exorcista, pero en cuanto comenzaban a escuchar sus ideas sobre el control mental, la fe, trastornos sicológicos, terapias de choque y juegos mentales, lo comenzaron a dejar solo.

Al final hasta Friedkin decidió buscar financiamiento para un proyecto personal, el remake de Le salaire de la peur de Henri-Georges Clouzot.

Blatty mejor tomó aquel guion y lo reescribió como una nueva novela, The Ninth Configuration, que publicó en 1978. Y como fue la novela que publicó tras The Exorcist, se convirtió en un modesto best-seller.

Así que inesperadamente, Blatty tenía dinero por las ventas de la nueva versión de su cuarta novela que, por cierto, también fue comprado en varios mercados y vendió bastante bien. Con el dinero ganado, decidió no solo pagar parte de la adaptación cinematográfica de su bolsillo, también la iba a dirigir.

Novela y película cuentan que, luego de la guerra de Vietnam, el gobierno de Estados Unidos decidió convertir una vieja mansión abandonada ubicada en algún lugar de las costas de Washington en un manicomio en el que ingresan a varios militares con diferentes trastornos mentales provocados por su servicio.

Esa mansión es conocida con el nombre clave Centro 18.

En ese lugar está recluido el astronauta Billy Cutshaw, que en años pasados tuvo un colapso nervioso frente a los millones que seguían el despegue de su misión a la luna. Cutshaw planteó que su ataque de pánico se debió al miedo que comenzó a crecer en él a la par que los números de la cuenta regresiva se acercaban a cero. Todo porque estaba a punto de explorar el espacio exterior y de comprobar algo en lo que no había pensado hasta ese momento, la posible no existencia de Dios.

¿Y de dónde sacó ese astronauta tal idea?

Para los que les gusta las trivias, Billy Cutshaw tiene un cameo en The Exorcist. Cuando la joven Regan se presenta semidesnuda en la fiesta que su madre está dando en el comedor de su casa, para insulta a los invitados y luego orina en la alfombra, ahí es donde tiene un breve encuentro con Cutshaw.

El astronauta es el hombre que pensaba convertirse en su padrastro.

Regan se planta frente a él, le enseña los dientes y le dice con su voz endemoniada: Morirás allá arriba.

Cutshaw recuerda ese momento, esas palabras, justo cuando está por iniciar su misión a la luna. Histérico, es sacado a rastras de la cápsula y acaba en Centro 18, acompañado de una galería de trastornados que incluye un teniente obsesionado con representar obras de Shakespeare con perros y otro que se cree un filósofo.

Al Centro 18 llega el Coronel Hudson Kane, ex miembro de las fuerzas especiales que dice tener una especialidad en siquiatría y que carga con su propio trauma, uno que involucra a su difunto hermano y que le provoca pesadillas y estallidos de pánico cada tanto.

Viene, según, para apoyar al coronel Fell con las terapias de los pacientes, debido a que están necesitados de personal. Kane fija su atención en Cutshaw, en su aparente cordura, en su patente serenidad. Y discute con él sobre qué hace ahí y si en verdad el haber perdido la fe en Dios basta para que a alguien lo consideren un loco.

Sin embargo, conforme avanza la trama, comprendemos que Kane bien podría ser un paciente más del centro. Un soldado, ingresado recientemente con un severo caso de trastorno por estrés postraumático debido a una dura experiencia en Vietnam, dice que lo conoce, lo señala y lo llama Killer Kane. Lo acusa de ser la causa de su trauma. El soldado dice ser testigo de la pericia asesina de Kane en el campo de combate, todo un carnicero.

La pregunta ahora es ¿Será verdad eso que cuenta el soldado? Y de serlo ¿Qué hay detrás de esa farsa del gobierno y del propio Kane?

¿Por qué un asesino como Kane anda libre en un manicomio, cuidando a otros pacientes y no en una cárcel?

The Ninth Configuration, la película basada en la novela tuvo a Scott Wilson como Cutshaw, a Stacey Keach como Kane y a Ed Flanders como Fell. Costó 4 millones, de los cuales Blatty aportó dos y consiguió que Pepsi diera el resto. Fue distribuida por Warner, a pesar de la demanda interpuesta por Blatty debido a las ganancias generadas por The Exorcist. Pero como ningún otro estudio quiso arriesgarse.

En su estreno, The Ninth Configuration fue un fracaso que hizo que Warner decidiera regresarla a Blatty para que hiciera con ella lo que le diera la gana. Él decidió estrenarla en otros mercados, con otro nombre: Twinkle, Twinkle, “Killer” Kane. Tuvo buena crítica, consiguió algunos premios, pero siguió sin ser el éxito comercial que él esperaba. Así que, en 1985, la reeditó y reestrenó. Y volvió a usar el nombre original.

El resultado fue que se convirtió en una película de culto.

Se dice qué hay más de seis versiones, todo porque Blatty siguió trabajándola cada que llegaba una nueva oportunidad para darla a conocer: cuando se fue a cable, una versión; en VHS, otra. La versión más reciente, la de Shout! Factory del 2016, parece que puede considerarse como la definitiva porque presenta la última edición que hizo Blatty antes de su muerte en el 2017.

Me atrevería a decir que si Blatty solo hubiera hecho esta película, igual lo estaríamos recordando. The Ninth Configuration es un mal viaje que difícilmente se olvida luego que se ve. No en vano, y aunque no se le reconozca, es la base de otras historias en las que narradores no fiables son los protagonistas de las películas. Esas que terminan con un twist, que mutan conforme vamos entrando en sus entrañas.

Esas que nos presentan a autores que tienen bien claro quiénes son y qué quieren decirnos. Y que, como muchos de sus personajes, saben que quién se debe de vencer es a uno mismo.

Atentamente, el Duende Callejero