La Furia y el Ruido

Ruido (2022, Argentina y México) es el título del tercer largometraje de ficción dirigido por Natalia Beristain.

Con un guion escrito por la propia Beristain junto con Diego Enrique Osorno y Alo Valenzuela, estamos ante una película que bien podría llamarse Furia.

Porque eso es precisamente lo que nos deja.

Julia (Julieta Egurolla) lleva nueve meses esperando alguna noticia por parte de las autoridades sobre el paradero de su hija Ger. La joven desapareció mientras estaba de vacaciones con unos amigos.

El grupo fue a un bar y eso fue lo último que se supo de ella.

Cuando conocemos a Julia, ella está de nuevo en una oficina de la procuraduría. La acompaña Arturo (Arturo Beristain), padre de Ger. Frente a ellos está un joven burócrata que entre contestar los mensajes que recibe en su teléfono y llenar de nueva cuenta el expediente, saca de sus cabales a Julia.

Ellos fueron convocados por el nuevo fiscal asignado al caso.

Porque en esos nueve meses ya han conocido a varios fiscales. Todos han aceptado que hubo errores en el pasado. Y que por esos errores no tienen ninguna novedad.

Que ese será un nuevo borrón y cuenta nueva.

La ineficiencia por parte de las autoridades es la razón por la que comienza el viaje de Julia a unas tierras baldías de amplio cielo azul, pocas nubes y mucho, muchísimo verde.

Acompañada solo por la periodista independiente Abril Escobedo (Teresa Ruiz), a la que conoce en un grupo de ayuda, el dueto se adentra en un territorio en el que grupos del que alguna vez fue llamado crimen organizado, pero que en este gobierno han usado el término de civiles armados, porque ya saben: ellos también son pueblo; son los que mandan.

Territorio en el que las autoridades solo se preocupan por ir llenando actas, etiquetando las magras evidencias que encuentran o les dejan, y de paso sacar algún provecho económico de esas personas desesperadas por saber qué pasó con alguno de sus familiares.

Y en medio de todo eso, aparece la figura de una abogada que vive a salto de mata.

Ella evita prometer algo que sabe que no puede dar, pero les aconseja a dónde deben encaminar sus pasos y les advierte que no llamen mucho la atención.

Así, Julia y Abril acompañan a unos oficiales al lugar donde se encontró un trailer lleno de cadáveres. Luego, a un prostíbulo regenteado por civiles armados o pueblo. Así pasan por un albergue y luego se unen a un grupo de rastreadoras.

Y, claro, con ese deambular azuzan al avispero.

Es cierto que a Ruido no le falta contundencia. Sabe qué quiere decir, qué debe mostrar y lo hace. Pero vaya que le sobra todo ese lirismo que rompe con el relato.

Me refiero a esos varios momentos en los que Julia se ve/siente en medio de la nada. Y que grita pero no puede escucharse porque hay un ruido que se lo impide.

Todos esas escenas no son para esta película.

Estamos ante una cinta que igual sirve como un manifiesto que como una denuncia.

Una que nos hace comprender la razón por la que Julia se quiere deshacer de su camisa luego de explorar una fosa clandestina, por ejemplo. Pero que también inserta un poema visual que incluso acaba restándole fuerza a esa escena final, porque la anticipa.

Pero bueno, que eso no estorbe a la hora de decidirse a ver Ruido.

Atentamente, el Duende Callejero

Agustín Galván

Estás en el blog: filias y fobias de @duendecallejero. Inicié escribiendo sobre mis gustos y disgustos en materia de cine y literatura en algún momento del 2003. Solo que entonces fue en otro lugar, en otro espacio (ahora fallecido). La versión que ahora vistas es nueva (aunque ya tiene sus años). Gracias por la visita y si te apetece, deja tu comentario.