¿Ícaro americano?

El año es 1952 y estamos en el Lower East Side, en Manhattan.

El personaje es un tal Marty Mauser (Timothée Chalamet). Él es un joven corto de vista y también de estatura, con la cara marcada por un violento acné. Marty se dedica a jugar un deporte que a muy pocos les importa: el tenis de mesa o ping-pong.

Pero eso último, lo que a pocos les importa, la verdad no significa nada para el joven Marty que está decidido a ganar todos los juegos que pueda y a competir en todos los torneos que existan, pero no para darle algo de gloria a ese juego que, repito, a tan pocas personas les importa.

Porque esa trama sería de otra película y también porque no debemos olvidar que estamos en una cinta, de título Marty Supreme (2025, Finlandia y Estados Unidos), cuyo director, co-guionista y co-editor lleva por apellido: Safdie.

Eso ya es toda una declaración de principios.

El tal Marty lo hace porque está seguro de que su destino es la grandeza y como no tiene voz para convertirse en cantante de ópera (y qué curioso que su interprete, Chalamet, en estos momentos está siendo vapuleado por exponer su ignorancia sobre la ópera). Tampoco sabe tocar un instrumento y tal parece que lo de la política no es lo suyo (aunque tenga todo lo que se ocupa: labia, moral dudosa, adicción a las malas ideas, etcétera), y como al parecer solo es bueno para pegarle a una pelotilla con una tabla sobre una mesa, entonces campeón de ping-pong será.

Pero nadie dijo que eso sería fácil ni que solo con las ganas y el tesón baste. Eso también sería trama para otra película.

Así que, por dos horas y media acompañaremos al tal Marty en su carrera contra un destino autoimpuesto en una historia que, sí, recuerda a la de Narciso, pero también a la de Ícaro.

He aquí un Ícaro americano.

Porque esta segunda cinta como director en solitario de Josh Safdie (1984, Nueva York), que hasta hace unos años compartió créditos como director y guionista con su hermano Benny (que, por cierto, este año debutó en solitario con otra cinta de corte biográfico-deportivo: The Smashing Machine), tiene mucho que ver con el mito de Ícaro

Porque Marty vive prisionero en esa otra isla que es Manhattan y en concreto en un barrio judío.

El ping-pong son esas alas que Marty utiliza para escapar de su marginal condición de joven judío que por su edad no participó en la Segunda Guerra Mundial, así que las cicatrices de su rostro y cuerpo no significan más que una adolescencia de descuidos. Nada épico, pues.

El asunto es que Marty, a diferencia de Ícaro, no cuenta con su Dédalo para que lo instruya. Y por ello, aunque vemos que su carrera como campeón de ping-pong lo lleva cada vez más cerca del sol, o bueno, de campeonatos en Europa y Asia.

También vemos y entendemos que lo que lo mantiene en ese trayecto es más frágil que la cera que mantenían pegadas las alas al cuerpo de Ícaro: sus palabras.

Porque esas palabras son las que lo van enredando en una caótica cadena de situaciones que vaya que nos dejarán sin aliento.

Situaciones que van desde abandonar embarazada a Rachel (Odessa A’Zion), la única persona que lo conoce y quiere desde que eran niños; a enredarse con Kay Stone (Gwyneth Paltrow), una actriz cuyos años de estrellato ya pasaron pero que a Marty le apetece seducir solo por su estatus; pasando por cabrear a Ezra Mishkin (Abel Ferrara), un gangster de pocas pulgas y muchos perros y hasta dejarse humillar por Milton Rockwell (Kevin O’Leary), un empresario que se convertirá en el patrocinador de sus a(des)venturas.

Josh Safdie como director, co-guionista y co-editor junto con su co-guionista y también co-editor Ronald Bronstein, y también con su director de fotografía Darius Khondji, han hecho una película que sería el equivalente de un Redbull con tres shots de espresso tomado en ayunas.

El asunto con Marty Supreme es que, sí, cuando la película termina y la sala se ilumina y vemos las marcas que nuestras uñas han dejado en el reposabrazos de la butaca, me viene una duda: ¿Qué será lo que responderemos ante la obligada pregunta de: Y todo este espectáculo a dónde me ha llevado?

Porque a este Ícaro lo que le faltó es tragedia.

Atentamente, el Duende Callejero

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Agustín Galván

Estás en el blog: filias y fobias de @duendecallejero. Inicié escribiendo sobre mis gustos y disgustos en materia de cine y literatura en algún momento del 2003. Solo que entonces fue en otro lugar, en otro espacio (ahora fallecido). La versión que ahora vistas es nueva (aunque ya tiene sus años). Gracias por la visita y si te apetece, deja tu comentario.