Por la gracia del algoritmo

Este es el fin de semana en el que finaliza la temporada de entrega de reconocimientos que le dan (y se dan) los integrantes de la industria cinematográfica norteamericana.

Dicho fin viene con la entrega de los Oscars.

Pero fiel a mi costumbre de alejarme de todo pronóstico (y solo diré al respecto que la única sorpresa sería que One Battle After Another pierda las principales estatuillas ante Sinners), decidí escribir mejor sobre una película que, según, está acaparando un considerable número de miradas alrededor del mundo: War Machine (2026; Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos).

Y bueno, si hemos de creerle a los boletines de prensa que da Netflix, que distribuye de forma exclusiva la cinta (porque la produjo Lions Gate), resulta que War Machine, estrenada el pasado 6 de marzo en la plataforma, fue vista por aproximadamente 40 millones de cuentas en sus primeros tres días.

Y aquí no diré espectadores porque creo que ni los de Netflix saben bien cuántos ven realmente una película o una serie.

El caso es que si esos datos son verdaderos, entonces, de haberse estrenado en cines, War Machine sería ya uno de los éxitos de taquilla de principios de un año bastante flojo en materia de recaudación.

¿Y de qué va War Machine?

Sé bien que desde hace algunos años se usa de forma despectiva eso de: he aquí un producto del algoritmo. Pero a esta película (también sé bien que algunos la considerarán más un producto) le calza ese mote y sin que eso pueda entenderse como que se le está vapuleando.

En todo caso sería una medalla de honor para ella.

Dirigida y co escrita por Patrick Hughes (siendo el otro guionista James Beaufort), uno de esos directores-guionistas que cumplen la encomienda cuando se trata de dirigir cintas genéricas (estuvo detrás de la tercera de The Expendables, que fue la entrega en la que Stallone y compañía quisieron bajarle el tono a la violencia y el lenguaje con tal de tener una clasificación para adolescentes y adultos y así tener una mejor taquilla, que no se logró; y también fue responsable de la exitosa comedia de acción: The Hitman’s Bodyguard de 2017), War Machine inicia con un grupo de anónimos (porque solo los conoceremos por sus números, de eso nos enteramos por los gritos de los entrenadores) aspirantes a Rangers del Ejército de Estados Unidos que desean pertenecer al grupo de élite. Uno de esos aspirantes es 81 (Alan Ritchson), un hombre ya maduro que solo está ahí para cumplir el deseo de su hermano menor (Jai Courtney) que murió durante un patrullaje en Afganistán y soñaba con convertirse en Ranger.

Lo anterior sirve para que la primera parte de la cinta, luego del prólogo afgano, se decante en las consabidas y ya curadas secuencias de gritos, regaños, insultos y extenuantes pruebas físicas que los superiores someten a los reclutas con tal de que deserten. Y como 81 no es el más joven del grupo (ni el más dicharachero pues come solo, no habla con nadie y deja claro que solo está ahí para obtener el parche que lo identifica como Ranger), diré que las apuestas de los superiores están en que él es el candidato idóneo para dejarlo fuera. Será el mejor en todas las pruebas y tiene experiencia probada en combate, pero no trabaja en equipo y su interés solo es para cumplir el deseo de su hermano. Hasta ese momento no ha dejado claro que en verdad quiera ser un Ranger.

Pero basta que inicie el último ejercicio, que es uno de supervivencia y rescate en un bosque, para que la película, además de brincar a su segundo acto, demuestre eso de que: por la gracia del algoritmo, gire hacia los terrenos de la ciencia ficción.

Y es por esa transformación o mutación que, por cierto, se anuncia mediante una serie de noticias que los aspirantes ven y comentan durante sus entrenamientos, que entiendo la razón tras su éxito.

Y descuiden, aquí no revelaré con qué se encuentran durante el entrenamiento. Basta que vean el trailer o incluso uno de los promos de la cinta. Pero diré que hacia su parte final, War Machine va palomeando sus respectivas referencias a otras cintas del tipo. Desde Predator a Aliens, pasando por Rambo, Comando y hasta la de Jurassic Park: The Lost World y, por el duelo final, hasta la versión de Jack Reacher que protagonizó Tom Cruise (siendo que como ya se sabrá, Ritchson es ahora Reacher en la serie de Amazon y uno de los antagonistas de esa cinta fue interpretado por Courtney).

Ah, y sí, como toda cinta bélica norteamericana, War Machine tiene su carga panfletaria. Digo, por ahí aparece Dennis Quaid que últimamente pasó de ser aquel actor taquillero de finales de los ochentas y noventas a vocero del movimiento MAGA; pero cuando la prueba de supervivencia inicie y los reclutas vayan cayendo uno por uno (menos, obvio, Ritchson, que al final aprenderá a ser un Ranger), difícilmente diré que la cinta, a pesar de no aportar nada al género, llega a aburrir.

De hecho, por abrazar sin problema al ridículo es que logra secuencias interesantes con todo y su bajo presupuesto (el cruce por un río o la persecución en reversa por una cañada).

Y pensar que cintas como ésta fueron las reinas de la taquilla y hasta arañaban nominaciones al Oscar (en apartados técnicos, claro) hace ¿cuánto? ¿Treinta años ya?

Ah, el tiempo que no se detiene.

Atentamente, el Duende Callejero

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Agustín Galván

Estás en el blog: filias y fobias de @duendecallejero. Inicié escribiendo sobre mis gustos y disgustos en materia de cine y literatura en algún momento del 2003. Solo que entonces fue en otro lugar, en otro espacio (ahora fallecido). La versión que ahora vistas es nueva (aunque ya tiene sus años). Gracias por la visita y si te apetece, deja tu comentario.