El año es 1982 y se publica el octavo libro de cuentos de Julio Cortázar, Deshoras. Creo que antes de continuar debo hacer una pausa para recordar que ese fue el último que le publicaron en vida. El 12 de febrero de 1984 Cortázar murió en París.
Ahora bien, creo no ser el único al que le pasa lo siguiente: que cada que decido releer a Cortázar lo que hago es que buscar sus primeros libros publicados (sí, ya sé que esos no son sus primeros textos). En concreto, y solo como referencia, los que se encuentran alojados en el primer volumen de sus cuentos completos (y poco importa si es la edición con o sin el texto inrroductorio de Mario Vargas Llosa).

Pero resulta que en el interior de Deshoras hay un cuento que me atrapó desde la primera vez que lo leí: La Escuela de Noche. Y aquí aprovecho para meter, y con calzador, otra confesión: en esa primera lectura no entendí qué había leído. Pero como me hizo sentir tantas cosas acabé prendado del cuento.
Y eso fue lo que, en resumen, me pasó con Cortázar en mi cada vez más lejana adolescencia: leía sus frases, adoptaba su ritmo y sentía cada uno de sus golpes; pero entendía tan poco. Tuvieron que pasar años y también vivencias para que lograra desenmarañar la mayoría de las referencias, los significados y parte de los contrabandos y discursos. No diré que ya he resuelto todas mis dudas, pero sí que ya no me quedo solo con sus juegos lingüísticos o con su capacidad imaginativa. Y sí, citándolo:
… cada tanto es así, cada tanto todo vuelve como ahora.
En La Escuela de Noche tenemos a este narrador, Toto, que años después de lo ocurrido, dice que…
… a veces sueña sueño con los años treinta en Buenos Aires, los tiempos de la escuela normal y claro, de golpe Nito y yo la noche en que nos metimos en la escuela…
Va otra anotación que, de nuevo, creo pertinente. En vida, Cortázar solía decir que la política no motivaba tanto sus textos literarios como muchos pensaban, defendían y hasta ensayaban. En todo caso, como se le dijo a Omar Prego en un entrevista cuando le preguntó sobre esa idea tan cacareada:
Sí, pero fue una actitud política que se limitaba —como las actitudes políticas de la mayoría de mis amigos y de la gente de mi generación— a la expresión de opiniones en un plano privado y a lo sumo en un café, entre nosotros, pero que no se traducía en la menor militancia.
Dicho lo anterior, resulta ahora interesante intentar separar a la política del discurso de La Escuela de Noche.
Lo digo por lo siguiente…
Primero, resulta que el cuento tiene como escenario a la Escuela Normal Superior Número 2: Mariano Acosta.
Escuela en la que un joven Julio Florencio Cortázar Descotte cursó la carrera de profesor de letras durante la década de los treinta del siglo pasado. Década que también fue conocida como la Década Infame (y que comenzó en septiembre de 1930, luego del golpe de Estado que derrocó al presidente de ideología liberal Hipólito Yrigoyen, y finalizó en junio de 1943 con otro golpe de Estado ahora para derrocar al presidente conservador Ramón Castillo, y que tuvo ese nombre, Década Infame —aunque sean trece años— por obra y gracia del periodista José Luis Torres).
En la misma charla con Prego, Cortázar dice que se dio cuenta de que la formación que estaba recibiendo en esa escuela tenía un corte nacionalista y que en su opinión lo que pasaba era que estaban tratando de crear avanzadas de fascismo inoculándole ideas antisemitistas y xenófobas. Lo que entonces no aventuró a decir fue para qué hacían eso.
La Escuela de Noche no fue escrito en esa década (en ese caso, los textos que fueron escritos como consecuencia de esos años fueron: Divertimiento de 1949 y El Examen de 1950, ambos publicados póstumamente), sino durante la última dictadura militar argentina (la de 1976-1983).
Y aunque lo sencillo sería pensar que el relato de La Escuela de Noche sería una forma de decir que no se aprendió la lección y años después se volvió a cometer el mismo error, lo cierto es que tras esta nueva lectura la idea con la que me quedo es otra.
Una que creo más interesante y que está ahí, en el mismo cuerpo del cuento.
La historia va de dos amigos, Toto y Nito. Ambos más por pereza que por anarquía deciden entra en la escuela por la noche. Y Toto, que como ya apunté arriba es el narrador, dice que:
La idea de meterse de noche en la escuela anormal (lo decíamos por jorobar y por otras razones más sólidas) la tuvo Nito y me acuerdo muy bien que fue en La Perla del Once y tomándonos un cinzano con bitter. Mi primer comentario consistió en decirle que estaba más loco que una gallina, pesealokual —así escribíamos entonces, desortografiando el idioma por algún deseo de venganza que también tendría que ver con la escuela.
En el cuento, Toto relata lo que vieron y les sucedió dentro de la escuela en ese paseo nocturno. No relataré aquí los pormenores, solo diré que en un momento les toca escuchar la enunciación de un decálogo por parte de uno de los profesores y que es repetida a coro por los travestidos presentes:
Obedece para mandar, y manda para obedecer.
Entonces, dejo aquí la idea que produjo esta segunda lectura: será que Julio Cortázar plantea con La Escuela de Noche que todos lo ocurrido en esa década que duró trece años tuvo éxito. Y lo digo porque los que entonces fueron formados por esa educación fascista, cargada de violencia verbal y física, además de abusos corporales, luego fueron los que estuvieron al mando en esa última dictadura.
Esa idea se lee así en el relato:
Todo eso que iría naciendo alguna vez de la obediencia al decálogo, del cumplimiento futuro del decálogo, todo eso que había aprendido y prometido y jurado esa noche y que alguna vez se cumpliría para el bien de la patria cuando llegara la hora y el rengo y la señorita Maggi dieran la orden de que empezara a cumplirse.
Y por ello, me pregunto ahora…
¿Entonces, Cortázar querido, de qué hablabas cuando en tus textos decías que no hablabas de política?
Acá comparto el texto de La Escuela de Noche para el que le interese conocerlo. Y de paso recuerdo esa frase con la que Editorial Alfaguara solía cerrar las contraportadas de sus libros: Hay que leer a Cortázar.
Atentamente, el Duende Callejero…








Deja un comentario