La balada de Bella Cherry

Sofia Kappel en una escena de ‘Pleasure’ de Ninja Thyberg
Sofia Kappel en una escena de Pleasure de Ninja Thyberg

Linnéa (Sofia Kappel, en su debut) es una joven sueca de diecinueve años que llega a Los Ángeles con un sueño: convertirse en la nueva sensación del porno amateur (que, como veremos en los 109 minutos de metraje, de amateur solo tiene el nombre). Sus cartas de presentación son un modesto número de seguidores en una red social muy parecida a Instagram, un nombre de guerra bastante ordinario: Bella Cherry, 25 tatuajes y una determinación que ella cree que basta para lograr su objetivo.

La cuestión es que no es lo mismo tener una idea sobre cómo es el trabajo de tus sueños, y otra es el comprender que un trabajo, sin importar en dónde se desarrolle o en qué consista, es simplemente eso: un trabajo.

Esa es, en resumen, el hilo conductor del primer largometraje de Ninja Thyberg (1984, Gotemburgo), Pleasure (2021, Suiza, Países Bajos y Francia). Tema que, por cierto, había explorado con un cortometraje del mismo nombre que estrenó allá en el 2013.

Ambos escritos por Thyberg junto con Peter Modestij.

Jugando entre la estética documental y siguiendo golpe a golpe las historias relacionadas con la fórmula del pez fuera del agua, Pleasure nos toma de la mano y nos va mostrando lo que significa: crear una marca en una industria que se distingue por su conservadurismo.

Todo esto ocurre justo en la transición en la que la industria porno abandonó el mercado tradicional, ese de la renta y venta en formato físico, al de las plataformas de streaming de suscripción y el boom de las redes sociales y los influencers.

Cherry/Linnéa quiere trastocar esa industria solo con su belleza, su inocencia y, de nuevo, con su determinación. A la hora de crear su perfil para el catálogo para los productores pone ciertas limitantes, que luego verá que en lugar de distinguirla la han encasillado. Llegar a la cumbre en cualquier área es duro, lleva tiempo, pero Cherry/Linnéa quiere las cosas ya. Por ello se pone como objetivo el seguir los pasos que cree que tomó su modelo, Ava (Evelyn Claire).

Ella es la nueva chica Spiegler (que en la película es interpretado por el propio Mark Spiegler, uno de los mandamases de la industria porno angelina), término que significa que Ava es parte de las realezas: viajan en los mejores autos con chofer-guardaespaldas que la cuidan en las filmaciones, tienen miles de seguidores en sus redes sociales, entra en las fiestas sin hacer fila y directamente a los reservados. El precio que debió pagar fue no negarse a nada dentro del set.

Cherry/Linnéa toma una decisión: ella también quiere ser una chica Spiegler, así que inicia su recorrido por una sinuosa desviación que la lleva directamente a esos lugares que ella dijo en un inicio que no iba a visitar. Y es donde pienso que otro nombre que pudo tener esta película es: Todo por un Sueño.

Resulta interesante que los momentos más duros de una película cuyo diorama es el mundo de la pornografía de inicios de la segunda década del siglo XXI, tenga que ver con sus aspectos burocráticos. Lo que resulta tormentoso son esas rutinarias entrevistas, en las que los entrevistadores repiten como autómatas las preguntas y las frases de celebración por cada respuesta; esas burdas sesiones fotográficas, en las que el fotógrafo no tiene tiempo para tratar con primerizas o modelos inseguras; los preparativos entre cada escena, en los que el equipo intenta romper el hielo con pláticas sosas. Y ese momento en el que el negocio asoma su verdadera cara: Esto no es para cualquiera.

Si algo podemos reclamarle a Pleasure es que plantea una idea interesante desde una perspectiva también interesante: este negocio, que lucra con el placer ajeno a cambio de beneficios económicos solo redituables para los que contestan los teléfonos o empuñan las agarraderas de las cámaras, es una trampa quizá no mortal pero que vaya que lacera. Solo que a la hora de fijar su postura, a la hora de plantear si todo aquello vale o no la pena, la película decide irse por el camino menos transgresor: un final abierto.

Caray. El viaje vale la pena, por supuesto. Pero el destino…

Atentamente, el Duende Callejero

PD. Una versión de este texto se publicó en el periódico El Debate, en la columna Pista de Despegue.


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