Apuntes sobre la marisma de Delia Owens

Delia Owens, fotografiada por Brittainy Newman para The New York Times en el 2022
Delia Owens, fotografiada por Brittainy Newman para The New York Times en el 2022

Publicada en el corazón del verano del 2018, a Where the Crawdads Sing, debut novelístico de la zoóloga Delia Owens (1949, Georgia), solo le tomó cinco meses (esto fue de agosto de 2018 a enero del 2019) el ponerse en fila para reclamar su título como una de las novelas más vendidas en la historia de la industria editorial norteamericana.

Como dato adicional y final en este apartado relacionado con el número de ventas y esas cosas, diré que para inicios de este 2022, la novela de Owens seguía apareciendo como uno de los diez títulos más vendidos del mes desde el 2018.

Me ha tocado leer algunas think pieces que han pretendido desentrañar qué diablos hay en las entrañas de esa novela que ha llamado tanto la atención de los lectores. La verdad, espero que este escrito no vaya por esos derroteros. Porque, anuncio: no es mi intención desentrañar nada, menos explicarlo.

Esto pasó: acabo de terminar una segunda lectura de la novela. Originalmente la leí a finales del 2018, en inglés, en versión digital. Y para el 2020 ya había olvidado gran parte de ella. Solo tenía presente sus primeros capítulos y, claro, la parte final. Esa en donde se resuelve todo.

A la parte media, narrada a dos tiempos asincrónicos, simplemente le cayó una bruma lechosa de esas que según Owens aparecen cada tanto en las marismas y dificultan los viajes por ellas a menos que se tenga pericia, memoria fotográfica y una brújula.

Pero resulta que me encontré la versión en español de la novela, la de Ático de Libros, y a buen precio. La compré y, hace semanas, comencé a hojearla. Resultó que esos primeros capítulos volvieron a atraparme.

Así que, heme aquí, con una segunda lectura de una novela conocida por acá como La Chica Salvaje.

Y de esta nueva lectura tengo unas notas.

Y quiero compartir esas notas.

Eso es todo.

La Chica Salvaje o Donde Cantan los Langostinos, cuenta la historia de Catherine Danielle Clark, alías Kya.

Ella se convertirá en la única residente del predio de los Clark, ubicado en una de las marisma de Carolina del Norte. Un espacio:

…luminoso donde la hierba crece en el agua y el agua fluye hasta el cielo. Donde deambulan lentos arroyos que llevan al astro sol hasta el mar y donde aves de largas patas se elevan con gracia inesperada…

Su historia comienza a finales de los años 50 y termina a inicios de la década de los 70, con Kya, ya mujer, defendiendo su derecho a ser alguien libre, sin necesidad de someterse a reglas o leyes creadas por el hombre para domesticar la naturaleza.

Demostrando que lo más importante en la vida nunca se aprenderá en una escuela. Comprendiendo que todo lo moral no es más que un invento que lleva a cualquiera a convertirse en otro tipo de salvaje que lejos de cuestionarse sobre sus necesidades reales, se ha inventado unos artificiales de las que depende su vida.

Abandonada por su madre cuando tenía seis años. Luego por sus cuatro hermanos y finalmente por su abusivo padre, Kya dejará de ser niña por su cuenta. Y tras unos fallidos intentos por ser parte de la comunidad de Barkey Cove, que incluyen un día en la escuela y su posterior huida, Kya decide que mejor se dedicará a sobrevivir gracias a todas las enseñanzas que le da la salvaje pero pura naturaleza de la marisma que la rodea.

La biología consideraba el bien y el mal como el mismo color visto por diferente luz.

Así que se empeña en comprender cómo es que afectan los cambios de clima en todos los organismos vivos. Entiende el comportamiento de los animales y pone en práctica, además que expande, todas aquellas enseñanzas que de forma directa e indirecta le legaron su padre y el último de los hermanos que huyó, Jodie.

Con el tiempo, y obligada por la necesidad, Kya logra hacerse de dinero para cargar el tanque del motor del lanchón paterno y comprar algunos alimentos mediante la venta de mejillones y pescado ahumado al encargado de una tienda de conveniencia del muelle, un negro al que todos apodan Jumpin’.

Serán él, Jumpin’, y su esposa Mabel los que adoptarán el papel de padres de Kya. Le conseguirán ropa de segunda, la aconsejarán y cuidarán tanto como les sea posible, porque al ser miembros de la comunidad negra del lugar, ellos también sufrirán de persecuciones y señalamientos por parte de varios miembros de la comunidad de Barker Cove. Aunque dichas historias serán apenas relevantes para la trama que aquí se cuenta.

En el apartado sentimental, Kya deberá enfrentar el cortejo de dos machos del lugar, uno alfa y otro, uno de los machos débiles. El alfa es Chase Andrews mientras que el débil es Tate Walker. Tate se convierte en el primer amor de Kya. Le regala plumas, la enseña a leer, le consigue libros y con ellos, Kya se convierte en una erudita de la marisma y de su fauna y vegetación. Eso, a futuro, le ayudará pues se convertirá en autora de un par de libros sobre el ecosistema de las marismas, logrando cierta fama y amasando una pequeña fortuna que poco a poca ve creciendo. Pero Tate se va a estudiar biología y a pesar de su promesa por volver, abandona a kya. Entra entonces Chase, la estrella deportiva del pueblo y que se pone como objetivo el desvirgar a la chica salvaje. Le endulza el oído, la corteja por meses, hasta que ella cede. Y entonces, también la abandona.

Todo lo que ella sabía del amor se resumía en las señales deshonestas de las libélulas.

Será Chase la razón por la que se cuenta la novela, pues esta inicia cuando unos niños descubren su cadáver en una sección de la marisma. Y por la historia que vivió junto a Kya, una historia que todos conocieron porque él mismo se la comunicó a todo mundo antes de casarse con una de las chicas acomodadas del pueblo, la posibilidad de que su muerte se deba a un asesinato a en que la chica salvaje se convierta en la sospechosa de facto.

Sin embargo, a pesar de que así inicia la novela, La Chica Salvaje no es una novela sobre un crimen o un relato basado en la fórmula de el falso culpable. La novela no es más que un largo relato sobre la educación sentimental de una jovencita que vive fuera del imperio de la sociedad ultraconservadora norteamericana de la post guerra. Hay muchas referencias a los estragos de las guerras en las que participó Estados Unidos. La culpa por el carácter irascible del papá de Kya viene de sus participación en la guerra. Regresó trastornado, sin poder integrarse a la sociedad y con una dependencia al alcohol que se imponía ante todas las cosas. El propio hermano de Kya, Jodie, que regresa luego de enterarse que su hermana estaba publicando libros sobre la naturaleza de la marisma, afirma que la guerra lo cambia y destruye todo. Pero también que está en cada quién el resistir ese embate o dejarse llevar por él.

Y sobre el asunto del asesinato de Chase, un último apunte.

Desde 1996 se ha informado que tanto Delia Owens, como su ex esposo Mark y su hijastro Christopher, se les busca en Zambia pues son sospechosos del asesinato de unos cazadores furtivos de elefantes. Asesinatos que incluso quedó registrado en video. Ese evento fue el que hizo que los Owens, que llevan años viviendo en Zambia, regresaran a Estados Unidos y dejaran a un lado sus carreras de ambientalistas. La historia está documentada en varios medios, pero acá pueden leer más al respecto.

Eso sí, ahora que la novela ha sido adaptada al cine por parte de la productora de Reese Witherspoon, la sospecha sobre Owens y sus familiares ha escalado en los medios de nueva cuenta. Y esta vez acompaña a más de una reseña sobre la película.

Lo que me resulta inquietante, es gran parte discurso de La Chica Salvaje consiste en justificar el impulso asesino en los humanos. Cierto, dichas justificaciones aparecen en momentos en los que Kya contempla a la naturaleza y piensa lo puro y justo que resultan las acciones de supervivencia de los animales. Por ejemplo:

Algunos insectos hembra se comen a los machos, las madres mamíferas demasiado estresadas abandonan a sus crías, muchos machos conciben maneras arriesgadas o traicioneras de superar a la competencia. Nada parece demasiado indecoroso para que la vida pueda continuar.

Y también:

Algunas conductas que ahora nos parecen crueles garantizaron la supervivencia de los primeros hombres en el aprieto en el que pudieran verse entonces. Sin ellas, ahora no estaríamos aquí.. Y esos instintos siguen presentes en nuestros genes, y se manifiestan cuando se dan determinadas circunstancias. Hay partes de nosotros que siempre serán lo que fuimos, lo que tuvimos que hacer para sobrevivir en aquellos tiempos.

Krya no comprende la razón tras el escándalo de la muerte de un ser tan despreciable como Chase. Ese follador tramposo. Entiende la tristeza y el miedo que ha emanado en la comunidad que le dio la espalda el descubrir su cadáver, pero no empatiza con ellos. Tampoco quiere la misericordia de esos pocos que de forma natural la cobijaron. Lo que tenga que pasar, que pase. Esa es parte de la resolución de La Chica Salvaje, esta obra que, según la contraportada de mi edición en español, The New York Times en su sección de libros describió como: … una educación sentimental y una oda a la naturaleza.

El mismo The New York Times que, años después, publica un artículo cuestionando si la novela no incluye la confesión y justificación de un asesinato.

¿Confesión y justificación? No lo sé. Pero que deja claro la postura de Delia Owens sobre el papel de la naturaleza en la vida de cada ser vivo.

Postura que puede resumirse con una línea de la misma novela:

Sabía que no había nada que juzgar. No había nada malvado en ello, la vida seguía adelante, incluso a costa de algunos participantes.

Atentamente, el Duende Callejero


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