Dirigida por Gabriel Mascaro (1983, Recife), escrita por el propio Mascaro junto con Tibério Azul, con aportes de Murilo Hauser y Heitor Lorega; la cinta O Último Azul (2025; México, Brasil, Países Bajos y Chile) parte de una premisa distópica que no tarda mucho en revelar que lo que verdaderamente le interesa es responder a una pregunta que, hay que decirlo, en el pasado ya ha tenido varias respuestas ¿Se puede contar una historia de aprendizaje donde el protagonista sea un viejo?
Para Mascaro, Azul y compañía, la respuesta es contundente: sí. Lo que falta es ver qué decimos nosotros, los espectadores.
O Último Azul cuenta la historia de Tereza (Denise Weinberg), de 77 años cumplidos que trabaja en un rastro de cocodrilos en algún lugar de un Brasil de un futuro no muy lejano.
Los ominosos recursos narrativos que toda película futurista debe tener, nos informan que en ese Brasil distópico el gobierno ha impuesto una regla que podría considerarse como un puño de hierro en un guante de terciopelo: para maximizar la economía, se han construido unas colonias a las que envían a todos aquellos ciudadanos que lleguen a los ochenta años. Así los jóvenes no tendrán que velar por esos familiares de la llamada tercera edad y seguirán siendo productivos, para bien de la nación.
Sin embargo, por un ajuste, la edad de ese programa baja a setenta y cinco. Así que Tereza descubre que ya ha sido incluida en ese retiro nada voluntario.
Solo que ella aún tiene algo por hacer en vida, un lujo si se quiere: hacer su primer viaje en avión.
Es por eso que, luego de unos encuentros y discusiones con los burócratas que solo quieren que se cumpla lo que les mandaron a hacer, Tereza acaba huyendo.
Iniciando un viaje pero no por las tripas de un Brasil futurista e industrializado que es gobernado por una dictadura neoliberal, menos en pos de una historia en la que estos personajes busquen revelarse para derrocar al régimen (por cierto: esa historia ya nos la contó Terry Gilliam hace años con The Crimson Permanent Assurance, cortometraje que abre The Meaning of Life de los Monty Python).
Aquí lo que tenemos es el relato de eso que hace años, gracias a una novela de Enrique Vila-Matas llamaron: el viaje vertical.

Porque, sabemos que cuando se cuentan historias existe eso que llaman: el viaje circular. Su mayor exponente pronto lo veremos en pantalla de nueva cuenta: La Odisea. Ese es el relato de aquel que se fue atendiendo un llamado y sin que importe qué fue lo que lo hizo moverse, aprende en el camino de qué está hecho. También qué es la lealtad, el amor, la esperanza y de paso la desesperanza. Y ese personaje acaba regresando, pero ya es otro.
Y como existe ese viaje, también está el otro: el viaje vertical.
En él, el protagonista lo inicia sabiendo que no habrá regreso a casa. Habrá aprendizaje y comprensión y experimentación, se pondrán a prueba lealtades, se ganarán cicatrices y amistades, se vivirá lo que no se ha vivido y hasta se cumplirán esos sueños o caprichos. Pero es un viaje solo de ida. Y como dicen por ahí ¿A qué puede temer alguien que sabe que ya lo ha perdido todo?
O Último Azul es, pues, otro viaje vertical que ha llegado a las pantallas que se ha arropado con elementos de la ciencia ficción para redondear su relato. El otro es, claro, Project Hail Mary ¿Estamos ante una tendencia o esto será mera coincidencia?
Atentamente, el Duende Callejero…








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