Uno sabe que las cosas no van a ir bien cuando en los promocionales oficiales se nos dice que “Wuthering Heights” (las comillas también están en ese material promocional y vaya que están justificadas) es: la más grande historia de amor de todos los tiempos.
Porque resulta que no, no lo es y nunca lo ha sido.
La historia que hay entre Heathcliff y Catherine (o Cathy) podría resumirse así (y sí, correcto, voy a contar parte de una novela escrita en los tiempos en los que en las bodas no se usaban vestidos blancos y las escritoras debían emplear pseudónimos masculinos para poder ser publicadas): he aquí el relato de dos seres que por haber crecido en una casa que se torció tras la muerte del progenitor y quedó a cargo de Hindley, el hermano mayor, que decidió convertirse en un alcohólico bueno para nada, la joven Cathy decide que salvará a su ¿hermanastro? (pasa que ese progenitor decidió traerse a un niño moreno que encontró viviendo en las calles de Liverpool y el tal hermano mayor sintió que ese chamaco estaba usurpando su lugar en la casa y en cuanto a los afectos del padre, así que cuando muere el progenitor relega a ese usurpador a ser un sirviente y lo trata con la punta del pie y del látigo) casándose con Edgar Linton, un vecino de familia adinerada. Su plan es irse a vivir con los Linton y llevarse al hermanastro y así alejarlo de los violentos exabruptos de su cada vez más neurótico hermano, que para colmo ha quedado viudo. Pero el tal hermanastro se entera porque Cathy decide revelarle tal idea a una de las mozas, Nelly, que por cierto es la que narra parte de esta historia a un señor que vino a rentar una casa, Lockwood; pues estaba en el otro cuarto mientras Cathy revelaba su plan y además confiesa que está enamorada de él pero que no puede casarse porque entonces sería el hazmerreír del lugar. Tras escuchar todo aquello, el hermanastro huye. Pero vuelve tres años después con mucho dinero y con una implacable venganza contra Cathy, Hindley y el pobre (porque definitivamente es el único personaje que sin deberla ni temerla sufre con el enfrentamiento entre los Earnshaw) Edgar. Y esa venganza del hermanastro, Heathcliff, inicia con él enamorando a la hermana de Edgar, Isabella, y aprovechándose de la adicción al juego de Hindley. Todo para quedarse con Cumbres Borrascosas, la propiedad de los Earnshaws.
Y todo lo anterior es apenas la mitad de la historia. Pero para las adaptaciones, eso es lo único que parece existir.
Como habrán leído, la novela escrita por Emily Brontë y que fue publicada en 1847 bajo el pseudónimo: Ellis Bell, es una historia de desamor, venganza, obsesión, violencia y eso que creo que ahora llaman clasismo, pero que entonces era el día a día.
Heathcliff borda en algunos momentos la locura pues aunque tenía un plan, todo se sale de su control muy rápido y al final entendemos que él se queda viviendo en ese decadente lugar que tanto odia como una forma de purgar la culpa que lo corroe al asumirse como el arquitecto de toda esa destrucción. Y la degradación física de Cumbres Borrascosas que va conociendo el narrador de la novela, Lockwood, que la define como un: …edén pintiparado para un misántropo, podría entenderse como el reflejo del alma carcomida de Heathcliff.
Y bueno, todo lo anterior queda fuera de la última versión cinematográfica que ha firmado la sobrevalorada Emerald Fennell (sí, ya sé que ha dicho que ella no releyó la novela y para su guion solo se basó en los recuerdos que tenía). En su lugar, nos quedamos con una suerte de fanfiction de los de Wattpad no de la novela de Brontë, sino de algo que huele y sabe a la versión Bridgerton que hace Netflix.
Aunque creo que la serie mencionada es menos anacrónica que esta… ¿película?
Atentamente, el Duende Callejero…








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